Cumplí 80 años y era mi sueño seguir con mis abuelos, y vestidos de payasos, para alegrar a niños con leucemia mientras les hacían quimioterapia, y seguir visitando a los abuelos de los geriátricos para brindarles el amor que les hace falta en su soledad y abandono. Pero desde hace 3 años no puedo bajar con mi silla de ruedas desde mi 3er piso de la calle 9 de Julio 79 a la planta baja porque las señoras que están en el consejo de administración se niegan a hacer una rampa, adaptar los desniveles para que pueda bajar con mi silla que fue generosamente dada en comodato por mi obra social Iapos. Inadi, abogados, discapacidad, municipalidad y... mucha gente intervino, todas prometieron hacer cumplir una ley nacional pero... no se puede. Porque no es redituable mi tarea, solo es dar amor, acompañar y amar a todos los que necesiten y, por sobre todo, ¡respetar al necesitado de compañía y amor! Los abuelos sustitutos no dejan plata, no dan ganancias, solo dan amor y respetan. Entonces esa ley nacional no importa, no se cumple. En una palabra ¡no sirve para generar dinero!, no tienen protección de nadie porque no deja ganancia. Se va otro año y los abuelos se están yendo sin poder continuar sus sueños, y junto con ellos yo, de donde con una obra tan tierna y tan necesaria y con una personería jurídica no teníamos lugar fijo pero seguíamos brindando solo amor, secando lágrimas, acompañando junto al dolor del que no tiene salud y espera amor. Y los abuelos en los geriátricos seguirán esperando que la inhumanidad se termine y comprendan que un piso con una rampa es posible y que dar amor y llorar al lado de quien sufre también es posible y que hace grande y muy grande a nuestra patria. Espero que esto sea leído por alguien que sepa que dar amor es enriquecer el alma.


























