El pasado 28 viajamos a Buenos Aires por la autopista y a la altura de General Lagos, debido a la gran cantidad de vehículos, observamos cómo personas que no saben conducir se adelantaban por la banquina y por el cantero central. Tanto jóvenes, adultos y hasta personas mayores, acompañados y varios con criaturas menores. Lo hacían a mucha velocidad, mientras los que sabemos conducir respetábamos la espera. Entendimos, entonces, cómo este tipo de personas que tiene un volante en la mano no respeta ni su vida, ni la de los seres que lleva en su vehículo, ni la de los demás. Está claro que con estas actitudes se pueden producir choques, lesionados y hasta la muerte. Dios resguarde a quienes viajan con ellos y a los que los rodean, pero estaría bueno que respeten la vida y aprendan las normas de tránsito antes de conducir un vehículo. Aunque fue bueno saber también que somos muchos más los que respetamos las normas.






























