Cartas de lectores

Patoterismo dialéctico

Como periodista me preocupa seriamente la actitud de algunos colegas que en emisoras de radio rosarinas han denostado al cantautor Ignacio Copani por su canción "Cacerolas de teflón". "Es un estúpido pagado por el gobierno" y otras frases por el estilo se escucharon de parte de algunos que seguramente en épocas del Proceso hubiesen censurado...

Viernes 11 de Julio de 2008

Como periodista me preocupa seriamente la actitud de algunos colegas que en emisoras de radio rosarinas han denostado al cantautor Ignacio Copani por su canción "Cacerolas de teflón". "Es un estúpido pagado por el gobierno" y otras frases por el estilo se escucharon de parte de algunos que seguramente en épocas del Proceso hubiesen censurado a Víctor Heredia o Mercedes Sosa. Estas muestras de patoterismo dialéctico son demasiado peligrosas. Sólo les faltó pedir el retorno de las nefastas listas negras. Con inusitada demagogia pretendieron hacerle creer a la gente que defienden al campo al atacar a un artista. Puede a cada uno gustarle o no Copani, pero debieran saber que el cantautor en cuestión ha mantenido una línea coherente a lo largo de su trayectoria. Cuando hace algunos años las radios difundían hasta el hartazgo a Celia Cruz cantando "Todo aquel que piensa que la vida es desigual, tiene que saber que no es así, que la vida es una hermosura", Copani contestó con otra canción: "Cómo van a andar diciendo, la vida no es desigual, sería sensacional pero nos están mintiendo". Y en tiempos de la privatización menemista escribió: "Ahora es todo privado, por eso anda tan bien, vivimos todos privados de sueños...". Y podría enumerar una larga lista de temas de Copani en ese sentido, que demuestran claramente que ha tenido artísticamente una militancia irreprochable y un permanente compromiso con los más desprotegidos. Copani no desestima los reclamos del campo, simplemente direcciona su crítica hacia un sector de la sociedad porteña que jamás demostró sensibilidad ante las más aberrantes atrocidades. Considero absolutamente legítimo que el campo luche por sus intereses, pero me asusta la intolerancia de algunos comunicadores que no son más que simples gorilas ubicados en un lugar peligrosamente cercano al fascismo y ponen en evidencia su débil estructura mental, que —parafraseando a Copani—, parece estar atada con alambre.

Carlos Barulich, DNI 8.375.619, carlosbarulich@hotmail.com

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