Cartas de lectores

Lamentable simetría

Sábado 23 de Febrero de 2019

Guillermo Descalzi, periodista de Estados Unidos, criticando la clase política de su país, refleja idealmente nuestra interna realidad. Demostrando que nuestros políticos han adoptado las peores cosas de sus colegas norteños. Dice: "Si alguien pensaba que la nuestra era una democracia de entendimiento, se equivoca, pues es de enfrentamiento". "Nos enfrentamos todos, mucho más antes de las elecciones, y después no hallamos como amistarnos". "Este es nuestro circo romano, y más adelante habrá más de esto porque nuestro circo es el de siempre". Pregunta —y nos preguntamos— "¿No están cansados de todo esto? Si, ya sé, todos estamos cansados. ¿Entonces, por qué no cambian las cosas? Porque para eso tendríamos que cambiar primero nosotros, y nosotros no queremos cambiar". "Hay veneno, y nos han inyectado aún más veneno, y ese es el problema, porque el veneno envenena", continúa. "Están muy equivocados si piensan los que actúan en ella, que son los defensores de la democracia, porque la democracia en esencia y por definición es tolerante, y la intolerancia nunca resuelve nada". "Lo que sucede es un testimonio no sólo de la intolerancia, también lo es de la gravísima incapacidad de la clase política", rubrica. "Entristece ver a viejos políticos pedalear frenéticamente marcha atrás con toda rapidez la reforma o la denuncia que en un momento rechazaron para después apoyarla, antes de volver a desaprobarla". A quienes Estados Unidos los deslumbra, verán satisfechos la perfecta analogía. Concluyendo, sean de aquí como de allá: "Le siguen orinando en la cabeza al pueblo, tratando de convencernos de que está lloviendo".

Remar en la penumbra

La idea de ayudar a las personas que han caído en la dependencia de las drogas está instalada cada vez más en los medios políticos, plataformas profesionales y centros asistenciales, entre otras alternativas, con mucha información, escasa formación y mediocre trabajo de campo. O sea que el verdadero desafío es lograr un servicio equilibrado, entre la información precisa, la formación adecuada y poner el cuerpo con amor responsable. De esa trilogía de estrategias saldrá una posibilidad cierta, coherente y con alguna posibilidad de logros a largo plazo. Para pensar esta problemática se tiene que tener el conocimiento profundo de esas almas sombrías, su desencanto existencial y su entorno complotado en sus tóxicas cotidianidades. Descifrar cada historia clínica del sujeto para ayudarlo a que pueda individualizarse, elegirse, que pueda proyectar su intimidad conquistada hacia un proyecto auténtico y sostenido en el tiempo. Para ello habrá que identificar y resolver esos vínculos que atrapan y producen relaciones dependientes, tomar decisiones, poner límites. El trabajo es este, las otras invocaciones públicas son sólo para la turba humana, para establecer entre los supuestos expertos clínicos, políticos, religiosos, terapeutas ocasionales una idea que sólo estigmatiza al adicto y sus penurias miserables.

Ojalá algo hayamos aprendido

En una retórica marea de figuras, efectos e intenciones, de verdades a medias maquilladas con la más roja sonrisa para que nadie note cuán oscuros son sus ojos, un "no me creas" existe. Así como ninguna ambarina taza escapa a su suerte final, esa que intuimos, todo discurso, imagen, campaña es una madeja de deseos sociales ofrecida a cambio de comprar lo que algún pegadizo eslogan vende a sabiendas de que es mentido. Nadie podrá tildar de mentiroso a quien no pueda probar lo dicho; porque de eso se trata el juego. Leer ese "no me creas" implícito en todo mensaje electoral está en cada uno de nosotros. Ojalá algo hayamos aprendido.

Cristina trabaja para Macri

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo y hace lo imposible para que la Argentina tenga el peor de los finales de su historia. "Hizo" porque todo lo que ya conocemos sobre el descomunal saqueo al Estado por parte de la familia K. Y "hace" porque al no bajar su candidatura favorece ampliamente a que un inepto y salvaje como Macri vuelva a ganar, y así continúe experimentando con nosotros como lo hizo espantosamente estos tres años. Nos deja en el medio del mar y sin salvavidas. No merecemos tal cuota de maldad.

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