El político radical Pablo Cribioli en unas reflexiones publicadas el 30 de junio en la página 14 del diario en donde hace referencia a las virtudes que poseía el ex presidente Arturo Illia, desliza una severa crítica hacia el fundador de la Ucedé Alvaro Alsogaray acusándolo de contribuir desde "programas de televisión" (¿?) al derrocamiento de Illia. Quiero aclarar que esto es totalmente incorrecto. Alsogaray criticó fuertemente a Illia en programas de TV o a través de la prensa escrita. Pero entre este hecho verdadero y arribar a una conclusión tan temeraria hay todo un trecho. Como político opositor que era, Alsogaray marcó democráticamente sus diferencias con el gobierno de entonces en materia de política económico-social, sobre todo porque consideraba que los controles de precios y la falta de respeto a los contratos eran anticonstitucionales. Igual que hoy lo hacen Carrió, Giustiniani o Macri respecto de Cristina Fernández de Kirchner en una televisión que tiene muchos más programas de opinión política que entonces. En esta nota sobre Illia, a quien llegué a conocer y lo sé un hombre honesto, Cribioli ha querido colar un párrafo, por lo menos desafortunado, acusando de golpista a un dirigente que ya no está entre nosotros para defenderse, pero al cual puedo recordar de viva voz. Con esta lógica también lo serían ahora Carrió, Giustiniani o Macri, como le gusta pontificar al conocido piquetero de voz aflautada.































