“Hay un plan de estabilización que no termina de cerrarse”. Ese podría ser el resumen de lo que el economista Federico Pastrana, titular de la consultora CP, ve como la encrucijada que enfrenta el programa económico de Luis Caputo. Un plan que arrancó con una agenda para “romper el régimen” pero que fue cambiando hasta convertirse en “un no plan de ancla cambiaria tradicional, como los que se ven en Argentina desde hace 20 años, y que tarde o temprano terminan generando problemas de administración macroeconómica”.
Pastrana recordó que, entre los planes de estabilización posible, el gobierno eligió arrancar con el más extremo: “Ajustar los precios relativos en los primeros tres o cuatro meses, con el resultado esperado de aceleración inflacionaria muy grande, un ajuste feroz sobre el empleo y los salarios y una reducción de la brecha cambiaria que luego ayudó a que desacelerara la inflación desde ese punto muy alto”.
En este camino, agregó, el gobierno “mezcló una agenda pragmática y una dogmática”. A diferencia de otros planes ortodoxos, optó por reforzar el cepo. La agenda de la dolarización, la más disruptiva, “empezó a desaparecer a partir de abril y mayo”, cuando también comenzó a cambiar el plan. ¿Qué sucedió? “Algunas paritarias muy importante bajaron los niveles de aumento salarial, se postergó un aumento de tarifas y se apreció el tipo de cambio, el ancla cambiaria se hizo más fuerte pero empezó a subir la brecha, a la que después terminaron controlando con intervención directa”, recordó. Y ahí empezó la discusión en el Fondo Monetario. “Frente a las presiones, el gobierno empezó a defender el tipo de cambio hasta llegar al extremo de declarar que devaluar es mala palabra porque hace mal a los argentinos”, subrayó. El problema, en términos de credibilidad, es que “se trata del mismo gobierno que devaluó 120% unos meses atrás”.
Ese “surrealismo” como lo llama, se extiende a la meta de monetaria expresada en el marco de la llamada fase II del programa. “No es una meta tradicional, con precisiones mensuales sobre cuántos pesos van a estar dando vueltas en la economía, sino un plan para administrar la monetización de la economía, que en los hechos permite que la base monetaria se pueda duplicar”, señaló. Frente a esta mezcla de “retórica monetarista pero pragmatismo cambiario”, la economía se termina moviendo “por lo que va pasando con los actores, no por la retórica”. Y, en este sentido, el ajuste que prima es el fiscal. Un recorte “muy grande y basado en el recorte de jubilaciones y pensiones, subsidios, gastos de capital y transferencia a provincias y universidades”.
Pero dentro de esa misma lógica, hay inconsistencias. Como pasa con el recorte de subsidios, que “no termina de cerrarse porque se fue administrando para bajar la inflación”, alertó Pastrana. El riesgo es que “si lográs bajar la inflación pero con necesidad de aumentar la nafta, la luz y el gas, vas a tener que cambiar los precios relativos de vuelta, luego haber hecho un ajuste enorme”, agregó.
El plan de estabilización
La conclusión, apuntó, es que “hay un plan de estabilización que no termina cerrarse ni de dar perspectiva”. Si el eje de la política es un ajuste fiscal que nunca se termina de acabar, a la economía le va a costar más salir de la recesión. “La idea del gobierno es que sacar el sector público hace que el sector privado empuje pero el problema es que a veces no pasa, de hecho casi nunca pasa”, aclaró el economista.
De todos modos, una parte central del programa se mantiene. Es el cambió drástico en la distribución del ingreso.
“Este gobierno viene a cambiar la distribución entre lo público y lo privado y hacia adentro de cada segmento, beneficiando a los que más poder de negociación tienen, en contra de los que menos tienen”, describió Pastrana.
“En el período en que se aceleraba la inflación permanentemente, el problema no era el empleo sino los ingresos, que crecía aunque la pobreza aumentaba, pero cuando tenés una crisis de empleo, aumenta también la desigualdad”, agregó.
En este contexto, una recuperación débil en la punta de la pirámide de ingresos puede coexistir con un aumento general de la pobreza.
>> Leer más: Tosi: "La salida del cepo debe ser gradual, no como en 2015"
“Cuando analizamos los salarios del sector privado, efectivamente vemos una mejora promedio en los últimos tres meses porque la inflación tocó el 4% y la paritaria se había acordado en 6,5%, cuando el índice era otro”, explicó. Pero detrás de escena se ven otras cosas. Por caso, que los salarios permanecen por debajo del nivel de noviembre de 2023 y en el caso del sector público, la brecha llega a 18%.
La consultora CP, que sigue las negociaciones salariales, detectó que tras ese breve período, volvieron a bajar la nominalidad y estima que “se van a planchar de vuelta”.
En todo caso, la inercia inflacionaria conspira contra cualquier recuperación, aunque sea débil. “La inflación básicamente está explicada por un problema de inercia y si la economía repunta probablemente se acelere el aumento de precios porque vuelven a aparecer estos mecanismos de indexación”, explicó.
Inflación y recesión
Por esto es que consideró que “el gobierno está preso de seguir recesionando” mientras “mantiene la apreciación cambiaria y rearma su retórica monetarista”.
“Ahora el gobierno dice que quiere romper los mecanismos de la emisión y trasladó la deuda del Banco Central al Tesoro, eso significa que tenés que hacer más ajuste para garantizar el pago de esa deuda”, explicó. Pero al mismo tiempo, “la meta monetaria planteada desde abril bajó la base monetaria amplia y dejó margen para subirla”. Esto indica, agregó, que el gobierno apuesta a que el crédito sea uno de los mecanismos de recuperación y que la “demanda genuina de dinero” esté vinculada al crecimiento de la actividad. Pero alertó que “si hubiera una demanda de pesos genuina, se podría sacar el cepo”. Su conclusión es que “los anuncios oficiales cada vez tienen menos efectos”.
“El equipo económico tiene la idea muy instalada de que si corta la mecanismos de emisión y baja la oferta monetaria se termina la inflación pero para nosotros el problema es la posición cambiaria”, apuntó. Y subrayó el hecho de que la desaceleración inflacionaria se dio en un contexto en el que el gobierno reforzó el cepo.
Pastrana recordó que otros planes de estabilización que “trataron de recesionar lo máximo posible sin atacar los instrumentos inerciales de la inflación” terminaron mal. El timing de esas tensiones es difícil de predecir. “Un programa económico de estas características puede fracasar, en términos de análisis histórico, porque la presión política y social es grande y los beneficios en términos de bienestar y de precios no lo son tanto como para justificar el costo”, señaló.
Por ahora, lo que se ve es “un programa económico a mitad de camino, que condena a la sociedad a una inestabilidad muy grande”. Por ahí, aventura, “aparecen anticuerpos del propio gobierno y el modelo cambia”. O tal vez, “nos mantengamos durante tres años y medio más en esto”, agregó.