“El agro necesita la misma estabilidad que el petróleo y la minería”, dijo Santiago Giraud, especialista del área de Economía de Crea, durante el Foro Agroindustrial Argentino Rosario (Faro). El economista analizó los cambios de política económica que se pusieron en marcha durante la actual gestión de gobierno nacional y el impacto que tuvieron en el sector agropecuario. Destacó que el sector "se acerca a un mayor alineamiento entre los precios de los productos e insumos” pero advirtió, también, sobre la vuelta de la morosidad crediticia al sector.
“La importancia de las políticas estables se ve en sectores que crecen más rápido”, señaló Giraud, quien puso como ejemplo el desarrollo del petróleo y el gas. “Creció por políticas anteriores al Rigi, cuando el segundo gobierno de Cristina Fernández abandonó la intervención para desvincular el precio internacional del interno”, señaló. Explicó que esa política se mantuvo durante tres gobiernos y consideró que “es importante que el agro, sobre todo la ganadería, cuente con esta misma garantía de que no le van a pisar los precios”.
El economista recordó que, a fines de 2023, el gobierno puso en marcha un plan para bajar fuerte la inflación. “No apeló a ninguna excentricidad sino a lo que se hizo en otros momentos de la historia y en otros países para lograr ese objetivo”, señaló. Y agregó: “Hizo un ajuste fiscal, ancló el tipo de cambio tras una gran devaluación inicial y abrió la economía unilateralmente”.
Una de las consecuencias de este modelo es la apreciación cambiaria. Giraud señaló que el tipo de cambio equivalente al que se llegó tras la devaluación inicial de Milei sería $ 2.600. Y aseguró que “si el gobierno tiene éxito en bajar la inflación, el tipo de cambio seguirá apreciado, porque así fue en los casos en que se redujo la tasa de variación del índice de precios”.
Explicó que, antes, el tipo de cambio estaba estrechamente vinculado a la situación del agro. Una mala cosecha o precios bajos internacionales derivaban en presiones devaluatorias. “Ahora el agro no está solo como fuente de divisas; está la energía, con una balanza comercial que se dio vuelta, y en parte la minería, que por ahora se mueve por precios más que por cantidades”, dijo.
Ubicó los resultados del programa de Milei en un intermedio entre el régimen de convertibilidad y el plan Austral. En el primer caso, apuntó, “a esta altura la inflación anual ya era menor al 10%”. En el segundo, “a esta altura ya había fracasado”.
“El programa actual no es ni el mayor en los últimos cien años ni es un fracaso, está en línea con otras experiencias de la región que transitaron un proceso de baja lenta de la inflación”, dijo.
Precios relativos
El cambio de modelo afectó en forma dispar al negocio agropecuario. Giraud describió que “se acomodaron los costos de los insumos transables en el mercado internacional, como semilla, forrajes, maquinaria, fitosanitarios pero subieron los que no se exportan, como la tierra, los fletes, las labores, los salarios”. Los combustibles y los fertilizantes sufrieron el impacto de los conflictos globales.
El movimiento de los precios relativos es relevante porque “los sectores que ven mejores condiciones para invertir son los que tienen mejor relación insumo - producto”, subrayó. Y citó el relevamiento cuatrimestral que realiza Crea sobre si es buen o mal momento para invertir. La última medición arrojó un neto favorable de 24%. A la cabeza se ubicó la ganadería (70%) y la agricultura (9%). En cambio, bajaron la lechería (-31%) y la maquinaria (-9%).
“La ganadería está en uno de sus mejores momentos en décadas, en agricultura el cultivo estrella es el girasol por la guerra en Ucrania”. precisó.
Pero el cambio de modelo se sintió en el financiamiento. El sector opera con muy poco crédito en pesos, el porcentaje es del 28% del valor agregado bruto que genera. Durante casi dos décadas, el costo del crédito se licuaba con la devaluación y el aumento de la soja siempre era mayor al de la tasa.
La morosidad
Una de las consecuencias del cambio de modelo es el regreso de la morosidad. “Sube menos que en otros segmentos de la economia pero sube”, alertó Giraud. La cartera en categoría 3 4 y 5 de la cría subió por encima del 5% y la de los servicios al agro, fundamentalmente contratistas, subió al 4%.
El agro cuenta todavía con la ventaja de ser uno de los pocos sujetos de crédito de dólares, limitado desde la crisis de 2001 a sectores que generen divisas. Pero el gobierno “tiende ahora a flexibilizar este régimen, por lo cual el campo irá perdiendo esta ventaja”, explicó.
El jefe del área de macroeconomía de Crea consideró que la continuidad de la baja de retenciones es clave para alinear los precios de los productos e insumos y motorizar la inversión en el sector.
En ese punto destacó que la importancia de las políticas estables se ve “en los sectores que crecen más rápido”, como los ligados a la energía y la minería. El agro, “si bien se acerca a un alineamiento entre productose insumos”, enfrenta costos del cambio de modelo que “aparecieron más rápido que las ventajas”, de las que no dudó.
A esto se suma un escenario internacional cada vez más complejo. “Antes se miraba la volatilidad como algo local, hoy se agregó un mundo incierto”, dijo.
Por otro lado, señaló que “hay un potencial para la recuperación del mercado interno” en la medida en que se recupere el ingreso de la población. “Hoy el salario real formal está 13 puntos abajo de 2017 y la relación con e la carne está en uno de sus niveles más bajos, un 58,6”, explicó.