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A 100 años de la gran huelga docente de 1921

Fue la lucha más importante de la docencia en toda la primera mitad del siglo pasado. La derrota fue dura pero sembró futuro y dejó enseñanzas

Miércoles 19 de Mayo de 2021

Las huelgas docentes que atraviesan la geografía nacional (y también de otros países) son un fenómeno de las últimas décadas. Sin embargo, podemos encontrar importantes antecedentes ya desde los orígenes de nuestro sistema educativo. En este recorrido la docencia santafesina tiene ganado un lugar principal por su accionar en 1921.

La primera huelga del sector de la que se tiene registro la protagonizaron las docentes de la Escuela Normal de San Luis allá por 1881, antes aún de la sanción de la Ley 1420. Encabezado por la directora de la institución, Enriqueta Lucero, todo el plantel de siete docentes inició un paro por tiempo indeterminado. Reclamaban por el atraso de casi un año en el pago de sus salarios; el gobierno provincial recibía los fondos que llegaban de Nación y le daba otros destinos. La huelga terminó en una dura derrota con todo el personal despedido.

Luchas semejantes se fueron dando por distintas provincias en el marco de la conformación de las primeras organizaciones gremiales docentes o de “ayuda mutua”. Se trató de un proceso bien desde abajo, desde las ciudades y hasta de pequeñas localidades. Sus objetivos eran diversos: desde el cobro de los salarios atrasados hasta la necesidad de elevar el nivel cultural de toda la población pasando por la estabilidad laboral y el derecho a la jubilación.

En los primeros ’20 Santa Fe era una provincia próspera y en crecimiento. Pero atravesada por conflictos y profundas desigualdades. La organización, las luchas y los reclamos obreros estaban a la orden del día. En enero del ’21 la gran huelga de los trabajadores de La Forestal en el norte provincial se cerró con una feroz represión que costó centenares de muertos y miles de desocupados.

Gobernaba Santa Fe el radical Enrique Mosca, poco amigo del diálogo y de dar respuesta a los reclamos de la clase trabajadora. El sistema educativo crecía con escuelas provinciales y nacionales que iban cubriendo todo el mapa provincial. Los salarios eran muy bajos: un maestro rural ganaba $67.5 y en las ciudades llegaba a $100; para valorar estos montos valen las palabras de un diputado opositor cuando denuncia en la legislatura provincial que “un maestro gana menos que un jornalero”. No existía estabilidad laboral y la jubilación era un derecho prácticamente inalcanzable. Pero todo estalla a comienzos del año ’21: por problemas en las cuentas fiscales debido a una crisis financiera iniciada en 1918 la provincia llevaba más de un año de atraso en los salarios. Vale agregar un detalle que muestra la perversidad del poder: los atrasos salariales eran algo común, y el Banco de la Provincia (estatal) iba otorgando “adelantos”; cuando el Estado depositaba finalmente los sueldos el Banco descontaba todo lo adelantado… más los intereses correspondientes.

Para marzo del año 21 la situación era insostenible. Organizados en la Federación Provincial de Maestros se hacen asambleas en Rosario, Santa Fe y otras ciudades. Aunque prácticamente no había experiencias de lucha la huelga aparece como el único camino posible y el 1° de mayo se anuncia para el 15 de ese mes el inicio del paro en todo el territorio provincial.

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La respuesta del gobierno al conflicto fue doble. Por un lado envió al Parlamento dos leyes con la que buscó responder a los reclamos: en una proponía un impuesto especial al alcohol y al tabaco para lograr fondos que le permitieran saldar la deuda y en la otra establecía un marco para la carrera docente con estabilidad laboral y derecho al ascenso. Pero también apostó a la solución represiva disponiendo el cierre de todas las escuelas el día 14 y declarando “en comisión” a todo el personal.

La pelea se fue a las calles, la legislatura, la prensa. Sin mayoría propia y con dificultades para lograr consensos el gobierno demoraba en imponer sus proyectos de ley. La prensa, alineada con los distintos sectores, pasaba de demonizar el reclamo a cantar loas a la heroica lucha. Las maestras y los maestros ocuparon la calle. Manifestaciones y “mitines” se sucedían en distintos lugares. Repartían volantes explicando la justicia de su reclamo. Lograron la adhesión del movimiento estudiantil secundario y universitario que venía de la experiencia de la Reforma Universitaria; los estudiantes de las instituciones de nivel medio y superior que pertenecían al ámbito nacional resuelven sumarse a la huelga por una semana y luego extienden la medida; también declaran una huelga solidaria los estudiantes de la Federación Universitaria de Córdoba.

El gobierno y sectores de la prensa expresan un categórico rechazo a que empleados públicos que además son formadores de las nuevas generaciones ejerzan el derecho de huelga. Pero la lucha no hace más que fortalecerse en el propio magisterio con asambleas masivas y otras formas de participación. Además, cada día suma más adhesiones; 16 meses sin pago de salarios es una razón más que contundente. Docentes, estudiantes y representantes de distintos gremios conforman el Comité popular de agitación pro huelga del magisterio. Llegan adhesiones y apoyos de estudiantes, docentes y sindicatos de distintas provincias. Desde Rosario y Santa Fe salen delegaciones hacia las localidades más pequeñas para fortalecer el movimiento.

El gobierno continúa con su apuesta de disciplinar a la docencia y en varios lugares la policía detiene a huelguistas pero son rápidamente liberados. La sanción de la ley de impuestos a alcoholes y tabaco y la media sanción a la que debía garantizar la estabilidad y la carrera docente parecen allanar el camino de la solución a comienzos de junio. Pero las autoridades insisten en su voluntad de establecer sanciones y la huelga sigue su marcha.

La excesiva prolongación del conflicto termina conspirando contra los huelguistas. La organización sindical era débil e inexperta, el movimiento acusa el cansancio y carece de fondos para sostener las actividades que fortalecían la medida. Frente a nuevas amenazas del gobierno, parte de la docencia solicita la “readmisión” y se reintegra a las escuelas.

Aunque muy desgastado políticamente el gobierno de Enrique Mosca terminó imponiéndose. El cobro de los salarios adeudados demoró más de un año. La ley de estabilidad y carrera docente finalmente se sancionó el año siguiente pero sumamente recortada en los avances que proponía inicialmente. Una cantidad significativa de docentes fueron cesanteados, principalmente las y los que llevaron las tareas de conducción del conflicto.

Se trató de una primera experiencia de masiva lucha docente producto de la combinación de dos factores centrales: un atraso salarial inadmisible y un movimiento obrero y estudiantil en alza.

Fue la lucha más importante de la docencia en toda la primera mitad del siglo pasado. La derrota fue dura pero sembró futuro y dejó enseñanzas. Ya nadie podía negar a los docentes el derecho a organizarse y a luchar como cualquier otro sector de la clase trabajadora. Sin dudas las formas de organización y los derechos que hoy defendemos tuvieron allí sus primeras heroicas expresiones.

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