Opinión
Lunes 28 de Noviembre de 2016

Que el pato no quede rengo

Mezclando el mazo de naipes. El futuro político de la provincia es lo que está en disputa. Los jugadores están concentrados en su estrategia para conservar o acceder al poder, según el caso. Y existen indicios de que se vienen apuestas fuertes

Lo aclaro de entrada: nadie me lo dijo. Lo que es peor, nadie me lo aseguró. Apenas lo escuché al pasar en una oficina pública. Los consultados negaron a pie juntillas conocer siquiera algo al respecto. Aquellos que piensan que responder lisamente y llanamente "no" a una consulta periodística no es un buen negocio a futuro, no le negaron verosimilitud. Aunque aclarando que lo hacían en tren de especulación, contexto que subrayaron, algunas voces más serias dijeron que semejante medida no carecería de lógica.

Entre otras cosas porque una oxigenación siempre sirve para insuflar expectativas positivas. Disimular cualquier viraje necesario u indispensable. Camuflar del mejor modo que se pueda la trinchera en la que se termina. Y, sobre todo, para sacudir el mantel por la ventana con la naturalidad de una sobremesa terminada y la certeza de que para la cena no habrá migas sobre la mesa.

La insolente pregunta que me empeciné en hacer a varios funcionarios y obtuve este muestrario de reacciones estuvo anclada en aquella contingencia haber escuchado por mera casualidad que lo que se viene para 2017 es una reforma de gabinete en la tercera gestión gubernamental socialista provincial de la Argentina.

Aunque se trate de un disparate, ningún hombre de prensa al que la sangre le fluya con ardor periodístico, podría permanecer indiferente ante la picazón de sarna que produce semejante dato.

¿Cómo indagar un dato que ni siquiera se tiene?

Descartando las desmentidas seguras. Es decir, ya sabía a quién no debía preguntarle en primer término. Al único que en el caso tomaría la medida y sería el menos interesado en que trascendiera antes de que considerase oportuno que su decisión tomase estado público: el gobernador Miguel Lifschitz.

¿Dónde nos deja eso? Figuradamente en la misma puerta de la oficina donde se hablaba de la cuestión.

Veamos las posibles causas de la supuesta renovación, si es que hay alguna. Si es que, finalmente, Lifschitz retoca su equipo de colaboradores para enfrentar el año electoral en el que se juega buena parte de las chances no ya de su reelección —bajada esta semana de un plumazo (otro más) por el doctor Antonio Bonfatti, presidente nacional del PS— sino de la base de sustentación de su poder y con ella la suerte de las alianzas circunstanciales o más duraderas que precisa no sólo para llegar lo más entero posible a 2019 ya sea para dejarse puesta la banda o ponérsela a otro socialista (y no hay otro que quiera ser o que se anime por ahora, que Bonfatti) o en su defecto a algún socio con quien luego compartir alguna porción de poder.

Empecemos por esto que ha dicho el presidente del PS nacional de que en Santa Fe el actual gobierno juró por una Constitución que prohíbe al actual mandatario presentarse de candidato a otro período consecutivo. ¿Significa eso un veto, lisa y llana a una candidatura de Lifschitz? Para cualquier lector del diario no avisado no existe otra interpretación posible. En política, puede haber muchas.

En cambio, si Bonfatti dice la reforma electoral se votará en 2018, ¿qué hay que interpretar? Otra vez el lector acertó: que la apuesta más audaz que se impuso el actual gobierno pasa al penúltimo año de su gestión. Lo que puede ser un acierto enorme como una casa pero también es probable que sea una catástrofe igual de grande.

Veamos. Los norteamericanos crearon lo que se llama la "teoría del pato rengo" porque elegían presidente y congresistas en noviembre y éstos asumían en marzo (ahora se redujo al 20 de enero, atendiendo a esas razones) con lo que en la transición, el saliente perdía la iniciativa: quedaba rezagado en todo, "como un pato rengo siguiendo a la bandada". Por la misma razón, algunas crónicas insolentes han llamado pato rengo al Papa Benedicto XVI cuando anunció su renuncia y luego cuando fuera elegido Francisco como sucesor.

Una reforma constitucional en 2018, ¿podría ser lisa y llanamente la aplicación de esa teoría? Si José Corral encabeza la lista de Cambiemos y, como falta la mitad de mandato, se llama también a comicios para reemplazarlo en la Intendencia capitalina (tal como dice la ley) y le va bien, ¿no se irían con Cambiemos la mayoría de los radicales? ¿Eso no debilitaría el Frente Progresista? ¿Qué suerte correría la reforma en 2018? ¿La teoría del pato rengo?

Siguiendo esta hipótesis que, es leal aclararlo, no es mía sino de alguno de los protagonistas mencionados en esta nota, los bonfattistas se preparan para enfrentar a Mario Barletta, el casi seguro probable candidato a intendente radical en los comicios de 2017 (en la especulación que refiero) si es que Corral renuncia para ir de diputado nacional, impulsando a un legislador de ideología peronista (de la que no reniega ni en la actualidad) pero llegó a su banca de la mano de los socialistas explotando su fama ganada desde su ajenidad en la militancia política.

Nadie ha dicho que Bonfatti vaya a encabezar la lista del PS o de Unen o de Progresistas para diputado nacional por la provincia. Ni él mismo. Y, sin embargo, todos lo dan por hecho. Son esas cosas sorprendentes que tiene la política. Supongamos que lo haga. Encabezando su lista no hay forma de que pierda. Será o será diputado nacional. Si la idea de Corral es irse dos años al Congreso para aprovechar recorrer la provincia preparando su postulación a la Gobernación para 2019, ¿por qué Bonfatti —de quien también dicen todos, menos él, quiere volver a la Gris ese año y por eso no dejará que Lifschitz sea reelecto— no haría lo mismo? Volviendo al razonamiento, Bonfatti gana y no lo hace mal (tiene 700 mil votos bajo el brazo que sacó en la última elección y se ha cuidado de exponerse lo mínimo posible para no arriesgarlos. Encima las encuestas lo dan con muy buena imagen aunque el crecimiento de la imagen de Lifschitz sorprende), se convierte en 2017 en diputado nacional y sigue siendo presidente nacional de su partido que decretó que la reforma constitucional provincial debe hacerse, si se hace (porque Corral cada vez que puede, se opone), en el 2018: ¿sería la teoría del pato rengo para el actual gobierno? De moto tal que, si se me permite la licencia, Lifschitz debe apuntar al pato rengo y hacer como los yanquis con el pavo de acción de gracias: comérselo con papas al horno.

Mauricio Macri debe aflojar los fondos que legalmente —fallo de la Corte nacional mediante— le corresponden a la provincia. Aunque no porque lo aprieten los bonfattistas, ni como concesión graciosa a su socio Corral, sino en una negociación institucional de gobierno a gobierno. A Lifschitz se le terminarían buena parte de sus problemas, inclusive el riesgo que quedar rezagado en la bandada.

Por otro lado, se retocaría el elenco. No se sabe aún si el bisturí pasará por segundas y terceras líneas o también por las primeras figuras, menos se conocen las áreas donde habrá cortes. Eso lo tiene el gobernador in péctore. El resto del gabinete solo tiene nervios. ¿Cultura? ¿Medio ambiente? ¿Infraestructura? ¿Desarrollo social e infancia? Aunque algunos ya lo saben. No se animan a revelar cuáles son los ingredientes que terminará mezclando el gobernador. El primer indicio —dicen algunos que saben— estará dado a mediados de enero cuando el gobernador que, según el mismo me dijo, esperará hasta el último día del plazo legal que tiene para fijar la fecha de elecciones municipales de 2017 y si éstas coincidirán o no con las nacionales.

Para ello, Lifschitz avisó que lo conversa con propios y con socios pero que también lo hará con los restantes partidos: PRO y PJ. El PRO ya ha dicho que las quiere juntas. Para una estructura que en la provincia es todavía incipiente, es el modo de nacionalizar la cosa y hacer valer el peso que tiene Macri.

El que sorprendió esta semana fue el presidente provincial del PJ, Ricardo Olivera, quien anunció que luego de varias consultas (¿habló Olivera con Lifschitz?) y una reunión del consejo provincial de ese partido que convocó exclusivamente para debatir la cuestión: resolvieron fijar como postura que para el caso de que el gobernador los consulte se pronunciarán por que los comicios en 2017, nacionales a diputado nacional y municipales, "se realicen en una única fecha".

Al fin al cabo, créase o no, aquello que escuché al pasar en una oficina podría, al fin y al cabo, no ser más que una receta para evitar que el pato quede rengo.

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