Banda de Los Monos
Domingo 06 de Agosto de 2017

"El juicio por jurados populares es superador para el sistema judicial"

Andrés Harfuch es abogado, docente. Miembro de la Junta Directiva Inecip. Director del Centro de Juicio por Jurados y Participación Ciudadana. Miembro de la Asociación Argentina de Profesores de Derecho Procesal Penal.

"Santa Fe está en óptimas condiciones para implementar el juicio por jurados populares: todos los partidos políticos de acuerdo, el costo económico es marginal en relación a la legitimidad que cobran los fallos en casos complejos y el modelo santafesino de enjuiciamiento con audiencias favorece su arranque en poco tiempo", sostiene Andrés Harfuch, vicepresidente de la Asociación Argentina de Juicios por Jurados. A mitad de semana el especialista fue recibido por legisladores, el ministro de Justicia Ricardo Silberstein, el fiscal general Jorge Baclini, la defensora provincial Jaquelina Balangione y el Colegio de Magistrados de Rosario.

"En Buenos Aires se acaba de ver la eficacia del modelo con el juicio a Jorge Farré por el crimen de su esposa", señaló Harfuch y graficó que en Santa Fe se adoptaría "el modelo conocido por las películas: doce jurados que deben llegar a un veredicto unánime, con posibilidad de un nuevo juicio si no se logra la unanimidad", lo que sólo ocurre en un 4 por ciento de los casos.

—Los críticos dicen que en tiempos de casos controvertidos el jurado viene a ser un instrumento de los jueces para legitimarse.

—No lo creo. El jurado representa una opción ideológica muy fuerte que emula el sistema de juicio más transparente. Ningún sistema sobrevive con decisiones impopulares. Una forma de reducir esto es traer a los ciudadanos a decidir. No para legitimar a los jueces sino que necesitamos, en especial en casos controvertidos, a la ciudadanía para decir qué piensan los ciudadanos de manera directa, sin intermediarios. La ley de jurados les dirá a los doce elegidos: "Señores, está en sus manos la libertad de los imputados y la aplicación de la ley".

—Algunos ven al jurado como una regresión peligrosa: que los elegidos son influenciables y desconocen la ley.

—Es un prejuicio elitista. No lo digo desde la ideología sino desde la práctica. Hay 180 juicios por jurados en la provincia de Buenos Aires y 40 en Neuquén donde los jueces rescatan la mesura y el equilibrio de las decisiones. ¿Para esos críticos los ciudadanos no tienen un sentido innato de equidad y justicia? Todos entienden la ley siempre y cuando se la expliquemos bien. Y en un juicio hay una explicación de la ley al jurado. Pero hay que hacer el esfuerzo de hablar en castellano, en un lenguaje comprensible para el pueblo... Gran parte de la sensación de impunidad es porque la gente no comprende cómo funcionan los sistemas judiciales. El efecto teatral de transparencia que tiene el juicio es muy fuerte. Y subestimar a ciudadanos porque no comprenden teorías científicas es un absurdo.

—¿Hay una tentación de imponer castigo de manera emotiva o revanchista?

—Eso se detecta en la audiencia de preselección, donde van 50 candidatos sorteados. Allí emergen los líderes tóxicos, quien tiene opinión formada, el punitivista o, por el contrario, el que tiene compasión excesiva por los acusados. Todos pueden ser recusados, mientras que hay jueces con ese sesgo pero no se los puede recusar. Los 12 que quedan son quizás los jueces más imparciales que se puedan obtener. Los jurados coinciden con los veredictos de los jueces profesionales en un 80 por ciento. Y cuando no coinciden tienden más a absolver que a condenar.

—¿Se toman en serio su rol los jurados?

—Sí, y con una responsabilidad conmovedora. El jurado siente que va a ser juez por única vez en la vida y tiene la libertad del acusado en sus manos. Es muy fuerte, no lo va a tomar a la ligera como podría pasar con un juez que hace eso siempre. El jurado siente el peso enorme de decidir la culpabilidad de una persona y termina haciendo siempre lo que hay que hacer.

—¿Por qué es mejor el juicio por jurados que el sistema actual?

—Cuando un juez dicta una sentencia tiene un enorme poder en sus manos que la Constitución quiso dividir en dos: que el jurado emita el veredicto y el juez imponga la pena. Además los jurados demostraron ser muy capaces de entender cómo fueron los hechos y para eso nadie necesita ir a la facultad. Establecer cómo fue el hecho se hace con más precisión porque son doce y porque tienen que tener unanimidad. Pero además porque son personas muy distintas: viejos y jóvenes, más o menos instruidos, empleados y desempleados, ricos y pobres. Son doce miradas de entornos distintos que dan una riqueza enorme a la decisión. El juez es uno solo y el jurado puede combinar doce experiencias desde distintos ángulos. Doce cabezas piensan mejor que tres, que son las de los jueces de un tribunal.

—Otra objeción es lo oneroso para el Estado del juicio por jurados.

—Es un mito. Un estudio indica que en Santa Fe costaría el 0,6 por ciento del presupuesto del Poder Judicial. En un juicio por jurados no hay tres jueces sino uno, los otros dos pueden hacer otros juicios y acelerar tiempos judiciales. Los juicios duran dos días, si bien se paga es por poco tiempo. Y son pocos juicios porque se reservan para los casos más graves.

—También se dice que los jurados no representan a nadie porque se eligen por azar y su decisión no tiene fundamento.

—El sistema se fue perfeccionando. Los jurados primero elaboran las decisiones más racionales. Las partes tienen un gran control sobre el proceso porque pueden recusar con o sin causa, porque pelean con el juez, porque llevan las pruebas al debate y, en suma, porque hay una acusación del fiscal que está escrita bajo pena de nulidad y que tiene pruebas y el jurado se pronuncia sobre la decisión del fiscal. Cuando un imputado es condenado sabe por qué lo condenaron. Cómo entonces no va a existir fundamento.

—¿En qué sentido sería valioso que participen jurados populares en un caso de controversia pública como el inminente juicio a la banda de Los Monos?

—Muchas veces hay juicios en los que los jueces absuelven, quizás con razón, y soportan un aluvión de críticas. No dudo que si la misma decisión la toma un jurado de ciudadanos el tema no sería tan polémico, porque hay más confianza de los ciudadanos hacia los veredictos de sus pares. Y ante la idea de presión o corrupción, es más fácil hacerlo con un juez que con doce personas. En un plano conjetural, a un juez se lo puede presionar llamándolo y diciéndole "según como fallás no ascendés más". En juicios contra criminalidad organizada hay varios correctivos como la reserva de identidad de los jurados con lo cual no se los puede contactar para conocerlos o sobornarlos. Es indudable que es superador. La mayoría cree que el sistema judicial necesita una legitimación urgente y este es el mejor camino.

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