Central
Martes 16 de Mayo de 2017

¿Por qué fue Montero el gran ganador y Osella el gran perdedor?

Montero entendió que el negocio para ganar el clásico era jugar de contra y no parar a la defensa bien arriba. Osella debió plantear lo mismo pero el equipo hizo otra cosa

Paolo Montero dejó en ridículo a todos aquellos entrenadores que siempre se jactaron de decir que para estar a la altura de un clásico deben tener vena competitiva de Central. El uruguayo no necesitó de esa impronta canalla para saber lo que tiene que hacer un entrenador para ganarle a Newell's. Sólo revisó algunas cuestiones de funcionamiento que se venían repitiendo en las fechas anteriores y las corrigió en el Coloso. Por eso Central no mostró la misma postura colectiva en el clásico que en los partidos del ciclo de Montero. En una charla de hace unos días con este periodista, el vicepresidente segundo Ricardo Carloni ya intuía que el entrenador tenía en la cabeza modificar la estrategia para ganar el clásico. Precisamente si algo no se observó el domingo en el Parque fue un equipo alocado, con Pinola y Leguizamón paraditos en la mitad de la cancha y viéndoles el número de la camiseta a los jugadores de Newell's.

Montero no diseñó que su equipo jugara todo el tiempo conviviendo en la cornisa. Apenas se tentó con esa posibilidad antes del minuto y Central la pasó mal. Fue justo cuando Formica entró como pancho por su casa al área canalla y terminó en la jugada desperdiciada por Amoroso. Todo lo que propusieron después los soldados de Paolo no se apartó ni un ápice del plan establecido. Central siguió programado para jugar de contraataque, una puesta en escena hasta ese momento nunca ensayada ni llevada adelante en el torneo, y logró los mejores réditos. No sólo porque ganó el clásico con una facilidad inesperada, sino porque Newell's se comió la galletita que Central iba a salir a atacarlo dejando los mismos espacios que entregó en la derrota contra San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. Pero Montero ordenó que el equipo hiciera todo lo contrario. La invitación fue que Newell's quemara las naves, cediendo pelota y terreno. El equipo de Osella no hizo ni una cosa ni la otra. Ante esa parálisis leprosa, la movilidad de Central se personificó en las proyecciones de Ferrari, la astucia de Camacho, la inteligencia de Colman y la gambeta de Carrizo para comerles las espaldas a Sills y Quignon. La lectura que hizo Montero nunca se adelantó de páginas ni se borroneó por los contratiempos. Es que Paolo entendió que para lograr la gesta en el Coloso debía tener siempre a mano la carta de la contra. Y la sacó para quedar como el gran ganador de la tarde.



No existe una evidencia más delatora que reconocer los propios errores. Y Diego Osella cometió un sincericidio para argumentar la derrota del domingo contra Central. El entrenador rojinegro admitió que se había equivocado en la formación del equipo. Lo que no dijo, seguramente porque eso lo hablará puertas adentro con sus jugadores, es que también le erró feo el vizcachazo a la hora de elegir la táctica y la estrategia empleadas. De tanto pensar en la previa sobre algunas modificaciones que tenía en la cabeza pero que no las realizó, al final se le mezclaron los papeles. Porque Newell's se dejó engañar como un niño por Central. Es cierto que no existe prueba contrafáctica para demostrar qué hubiera pasado si antes del minuto Amoroso transformaba en gol esa gran maniobra de Formica. Pero como eso no ocurrió, el análisis debe direccionarse hacia lo que finalmente pasó. Y en ese sentido, Newell's se ató al desarrollo que menos le convenía. Lo más aconsejable hubiera sido copiarse a libro abierto de lo que propuso Central. Entiéndase por esto, agazaparse y esperar el instante beneficioso a que el conjunto de Montero hiciera alguna beneficencia posicional con el adelantamiento de la defensa.

El video del partido contra San Lorenzo retrata con elocuencia que Osella debió idear que Scocco, Maxi Rodríguez o Formica tuvieran alguna situación parecida o un mano a mano similar al que gozó Blandi una semana atrás. Cómo habrá sido de equivocado el planteamiento rojinegro que, salvo la citada situación de Amoroso, Newell's nunca puso un jugador cara a cara con el Ruso Rodríguez. El gol del Gato llegó en la agonía del clásico y provino de una jugada muy sucia que peleó Escobar por la derecha. Tampoco es que Newell's salió disparado como un cohete a comerle el hígado a Central. Aunque se pensó que el equipo iba a ser más químicamente puro con el pensamiento de Osella. Suena paradójico, pero el partido en el que tenía que ser lo más austero posible y aguardar que Central diera un paso en falso para tirarle sal a la herida, se tentó inocentemente con otra propuesta. Encima, esta vez Nacho no tiró el centro y fue a cabecear. Tampoco Maxi Rodríguez pudo vestirse de Patorozú y salvar al equipo como en el clásico pasado en el Gigante. Osella fue el gran perdedor de la tarde porque Montero entendió mejor cómo había que jugar el clásico.

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