Opinión
Domingo 27 de Noviembre de 2016

Halcones y palomas amarillos

La marcha del gobierno. En Cambiemos ya no logran ocultar la división entre dos sectores con visiones distintas sobre la gestión y sobre cómo seguir en el futuro inmediato. El presidente parece inclinarse por el sector más ortodoxo.

El gobierno nacional ya no oculta que está fragmentado en dos. No hay dudas de que la coalición Cambiemos ha sorteado con éxito el fantasma de parecerse a la Alianza de Fernando de la Rúa, pero esta situación no logra ocultar la división entre palomas y halcones del partido amarillo. Por un lado, Marcos Peña, Fernando de Andreis y Jaime Durán Barba, entre otros, son los que representan a los ortodoxos de la gestión que creen que el poder se ejerce sin concertación con la oposición y esgrimen como prueba irrefutable las encuestas que el ecuatoriano les hace llegar cada semana de confección cuasi orfebre para saber si hay apoyo popular o no a la gestión. El factor Cristina y el kirchnerismo residual que se victimiza como perseguido a pesar de bolsos de dinero, empresarios amigos que tienen más dinero que lo que cuesta el Fútbol para todos, o la propia ex presidenta montando un reality show en redes sociales en una causa demasiado mediatizada por el juez, ayudan como espejo para muchos que detestan aquel modelo terminado hace un año.

Del otro lado, los "acuerdistas" aparecen representados por Rogelio Frigerio, Alfonso Prat Gay, Federico Pinedo y la propia vicepresidenta Gabriela Michetti. Esta semana se mostró sin eufemismos como perteneciente a este sector el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, quien llamó a oxigenar Cambiemos convocando a otros como Florencio Randazzo, Diego Bossio o Juan Manuel Urtubey.

¿Cómo influye esto en la acción de gobierno que afecta al ciudadano de a pie? Aquí hay una cuestión de diagnóstico y otra de ejercicio práctico. Por lo primero, todos los integrantes de Cambiemos están convencidos que la receta que están aplicando es la que corresponde. Hay muy poca grieta allí. En general, se nota entre ellos un minimizar los padecimientos que van desde la caída indiscutible de todos los índices de producción y consumo y la pérdida indudable de la calidad de vida atropellada por la devaluación, alza de precios y servicios. No hay modo de perforar esta creencia.

Cuando al sector rígido para la escucha se le muestra que un alza del 40 por ciento de todos los valores es insoportable, responden de un lado con las encuestas de Durán Barba, que sostienen que el 60 por ciento de los analizados dicen que es un momento duro pero que se va a superar el año próximo. Del otro, las palomas, cuentan las experiencias parecidas recibidas en los timbreos callejeros, que sostienen algo parecido. Allí se plantan: entre planillas de Excell y "ding dongs" de fin de semana. La única que no tiene demasiado tiempo para esto es la ministra de desarrollo Carolina Stanley, que logró hipnotizar a los movimientos sociales con trabajo encomiable, presencia en el territorio y unos 30 mil millones de pesos sumados al gasto social.

Alfonso Prat Gay les dijo a dos ministros que el reverdecer económico es un hecho. "A lo sumo, nos atrasaremos en un trimestre para que empiece a verse", fue su textual. Nadie, sin embargo, se atreve a repetir el pronóstico en público luego del fallido del segundo semestre. Según él, el inicio del crecimiento con actividad económica no debería evitar acuerdos multisectoriales como el propuesto en la mesa de diálogo entre la CGT, los empresarios y el gobierno. Acotación necesaria: los dueños de las empresas firmaron, otra vez, su compromiso de no despedir personal por tres meses. Menos de 12 horas de estampar su autógrafo, salieron a decir que eso no era mandatario ni mucho menos una obligación formal para ellos. El nivel de insensibilidad de la mayoría de este sector es incorregible. Y el gobierno debería reaccionar, dentro de la ley, en consecuencia. Los "preciazos" con los que sacudieron los cuatro o cinco formadores de valores la canasta esencial de consumo ya había sido una prueba. Ahora, el pito catalán a asumir tres meses de calma laboral.

En la praxis política, estos últimos siete días fueron distintos. Mauricio Macri había dicho que la ley de emergencia social y el impuesto a las ganancias no se tratarían este año y que la reforma electoral era prioritaria. Demasiada soberbia para un gobierno que no tiene mayorías en el Congreso en un país que ya empezó la campaña electoral. El peronismo, el tradicional, el K y el massista, pateó el tablero de la concordia, volteó la reforma y forzó pedidos de sesiones especiales o medias sanciones de leyes entre ellos. El gobierno debió convocar a extraordinarias y todo indica que tendrá que negociar más débil por su actitud de poco olfato con lo que se venía. También es cierto que evitar discutir el sistema electoral es una recidiva del peor corporativismo político. Fue onírico ver a gobernadores enojarse por la falta de transparencia en las votaciones teniendo en cuenta que allí había señores feudales como el formoseño Gildo Insfrán, enquistado por casi cinco lustros en el poder.

Desde el PRO acusan a Massa de hacer demagogia y ocuparse solamente de las urnas de 2017. El enojo del presidente con el tigrense es enorme. Cuentan que estos días sintió en su cuerpo los reveses de la política que le propinó el diputado nacional, se puso disfónico y su columna le pasó facturas. Parece que en la Quinta de Olivos, viéndolo a Massa en plena recorrida televisiva, le propuso a uno de sus secretarios torearlo públicamente a él y a Roberto Lavagna para que digan en serio de dónde sacarían los recursos públicos para afrontar los cambios que proponen en la radio y en los diarios. No hay dudas que Massa hace política con provecho propio y que su enorme deseo de ser presidente lo rige en sus actos día a día. El problema para Cambiemos es que ellos gobiernan con la imperiosa necesidad de hacer acuerdo porque no tienen número para prescindir del Frente Renovador y, lo central, que el diagnóstico de crisis económica para los sectores más amplios de la población es real.

Ahora bien: ¿de qué lado está el presidente respecto de sus funcionarios que, halcones, quieren redoblar lo hecho hasta ahora y, palomas, abrirse a concertaciones tanto políticas como económicas y sociales? Hasta ahora, parece haber laudado en favor de su jefe de gabinete Marcos Peña, a quien respalda públicamente y en la mesa chica. El "díscolo" Monzó, por ejemplo, el mismo que esta semana hizo público lo que piensa, ya no participa de las reuniones acotadas en donde semanalmente se analiza la marcha del gobierno. Habrá que ver en pocos días, cuando el elenco en funciones se reúna en Chapadmalal en los acostumbrados retiros espirituales PRO. Dicen que Michetti abrirá planteando flexibilizar el aislacionismo de gestión y sería sostenida por otras palomas. Durán Barba vendría al encuentro preparado con más sondeos y focus group que sostienen que eso es debilidad y licuación de poder. Macri perfilará a orillas del Atlántico el año en el que, entre otras cosas, debe mostrar algún resultado concreto en favor del bolsillo de las mayorías y sortear la elección de medio término, de tantas consecuencias variadas en la historia democrática argentina.

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