La idea inicial de una "ficción autobiográfica" asusta si de escuchar historias mínimas convertidas en supuestos hechos heroicos se trata. Una costumbre por estos pagos. Pero rápidamente el susto desaparece gracias a un relato ameno, a la curiosidad que despiertan todos esos bolsos llenos de cosas, y a la identificación que produce la ciudad descripta y a los tiempos que la atraviesan. Casi como de viaje por la vida, la protagonista va contando su devenir mientras saca innumerables objetos de sus valijas y las deposita sobre las tablas. Y como por arte de magia aparecen la niñez, la juventud, la madurez, la facultad, la militancia, la política, el poder, y hasta los que están y los que ya no, en un ejercicio de memoria que no es para muchos y que en "Laurita tiene muchas cosas que hacer", un unipersonal de Laura Copello con la dirección de Ricardo Arias, se presenta tan natural como el arte puede serlo.

































