Para algunos es el escándalo en persona, porque arrancaba a mordiscos cabezas de
murciélagos sobre el escenario. Para otros es una leyenda viva. Unos relacionan con él el atronador
sonido del rock pesado. Otros, el culto a los muertos y una familia disparatada con tendencia al
exhibicionismo.
El rockero británico Ozzy Osbourne seguramente no es del gusto de todos. Pero
una cosa está clara: No es normal. Ya le escapó varias veces a la muerte, pero este miércoles 3 de
diciembre el ex cantante de la banda de heavy metal Black Sabbath cumple 60 años, algo que muchos
no creían posible.
Y es que como corresponde con la imagen de rockero, el hombre del largo cabello
negro y las gafas oscuras abusó durante años de las drogas y el alcohol. A su imagen sombría
contribuyeron sus mensajes demoníacos y sus escandalosos conciertos. Como excéntrico padre de
familia, en el reality show “The Osbournes” finalmente hizo reír a todos los
espectadores de televisión.
La escandalosa vida de Osbourne se preveía ya en la niñez. Creció como hijo de
un cerrajero en los años de la postguerra en Birmingham junto a cinco hermanos. Sus padres
trabajaban por turnos. “Ozzy” ya causaba problemas de muy joven. Interrumpió su
formación de plomero (fontanero) y luego probó suerte como empleado en un matadero, en una fábrica
de coches y en una funeraria. De joven pasó varias semanas en la cárcel tras ser detenido en un
atraco.
El éxito en la música llegó a fines de los años 60, cuando de la banda Polka
Tulk fue creando poco a poco Black Sabbath. Los “Beatles del heavy metal”, según la
revista “Rolling Stone”, hicieron conocido ese tipo de música a un público más amplio y
abrieron el camino a bandas como Metallica y Iron Maiden. Su lema era: música atronadora para dar
miedo.
Tras ser expulsado de Black Sabbath a fines de los 70, inició una carrera en
solitario (“Blizzard of Ozz”), ingresó en clínicas de desintoxicación y más adelante
volvió a actuar con sus ex colegas.
Pero no sólo los discos de Black Sabbath como “Paranoid” o
“Masters of Reality” eran para temer. Algunos se aterrorizaban también en los
conciertos. Una vez, el “príncipe de la oscuridad” le arrancó la cabeza a mordiscos a
un murciélago, tras lo cual tuvo que ser tratado contra la rabia. Y las informaciones según las
cuales hizo volar cabras por el aire y disparó contra gatos más bien contribuyeron al culto.
Del ingreso en el pantéon de los rockeros muertos lo salvó su segunda esposa,
Sharon, que se ocupó de su carrera y tomó las riendas de su vida.
Este matrimonio y la disparatada vida con los no menos estridentes hijos Kelly y
Jack pudieron ser seguidos muy de cerca por el mundo a partir de 2002, cuando los Osbourne dejaron
que las cámaras los acompañaran día y noche.
Así, no sólo lograron protagonizar uno de los programas más exitosos de la
cadena MTV, sino que además aportaron abundante material de discusión. Mientras unos alababan la
“auténtica aunque revuelta vida familiar”, otros se horrorizaban. Algunas curiosas
apariciones del padre de familia semisordo y con barriga de cerveza contribuyeron a ello.
Tras el éxito televisivo, Osbourne logró que se volviera a hablar de su música.
Baladas como “Changes”, interpretada junto a su hija Kelly, o “Dreamer” son
ejemplos de un rock bastante más tranquilo.
Un accidente con su quad en 2003, que casi le cuesta la vida, posiblemente lo
obligara a reflexionar un poco. Pero normal es una palabra que aún no se puede aplicar a Ozzy. Un
diálogo del programa “The Osbourne” lo ejemplifica: “¿Por qué no son
normales?”, se quejaba en una ocasión la madre Sharon a sus hijos. A lo que Kelly respondió:
“Porque ustedes no lo son”.