Juan Pablo Geretto es un nombre indeleble en la cultura rosarina. Aunque haya nacido en Gálvez y aunque desarrolle su actividad fuera de la ciudad hace tiempo, la huella de sus icónicos unipersonales “Sola como una perra” y “Como quien oye llover” en la escena del teatro local construyó un vínculo entre el actor y el público que perdura hasta hoy.
Después de pasar unos años en Valencia alejado de la actuación, Geretto volvió al país para estrenar, el próximo 10 de abril, la obra “Exit”, junto a Nancy Dupláa (en lo que será su regreso a las tablas después de una década) y a Fernanda Metilli. Dirigida por Corina Fiorillo, la comedia aborda las complejidades de los ambientes laborales contemporáneos.
En diálogo con La Capital, Juan Pablo contó de su tiempo fuera del país y del proyecto con el que decidió regresar. Pero sobre todo, rememoró su profunda relación con Rosario, donde inició y consolidó su carrera con el fenómeno de “Solo como una perra”, que tuvo diez años de duración.
Estuviste unos años fuera del país. ¿Qué me podés contar de esa experiencia?
Me fui a instalar allá con unos amigos. Me fui post pandemia, como un sueño postergado de la adolescencia. Siento que la pandemia puso en perspectiva todo, y sobre todo cuándo vamos a hacer lo que tenemos ganas. Así que tuve esa posibilidad y me saqué las ganas de estar un par de años dando vueltas por allá.
¿Qué estuviste haciendo en ese tiempo?
De trabajo de actor, nada. Yo tengo otra actividad, que se llama Biomecánica Aplicada al Movimiento, que es una técnica de rehabilitación física y trabajé bastante con eso, sobre todo con gente que también trabajaba con la técnica y había emigrado. Estuvo bien.
¿Estás de vuelta instalado en Argentina?
Sí, ahora sí. Me habían llamado antes de un par de obras y dije que no. Y cuando me llamó Tomás Rottemberg para hacer “Exit”, dije que sí. La verdad que estoy muy contento de volver con este elenco, es una obra que vamos a hacer con Fernanda Metilli y Nancy Duplaa. Es un estreno además, una obra de un autor catalan. Estamos a pleno con los ensayos todos los días para estrenar en abril.
¿Qué hubo en este proyecto que te motivó a decir que sí?
Lo que más me gustó fue la gente con la que iba a trabajar, porque era gente que yo conocía, y tenía muy buenas referencias de quienes no conocía. Y la verdad que en una actividad tan brutal, y un momento donde uno ensaya una obra y tenés que verte todos los días con las personas, tenés que trabajar con gente muy copada. Y tanto los productores como los actores son muy buena gente. Eso me entusiasmó mucho. Y la obra es hermosa, es una comedia muy rápida.
¿Cómo fue volver al teatro y al país?
Con cincuenta años, estoy más sobreadaptado que nunca. Si bien estuve alejado físicamente, siempre me mantuve al tanto de todo lo que pasaba acá. Mis amigos por suerte también viajan mucho, así que la gente con la que me veía acá, con la mayoría me seguí viendo allá. Y después es volver a una actividad que claramente no es una actividad de necesidad primaria. Eso tiene sus complejidades, pero como tienen todas. También es volver a la Argentina, donde la gente, en cualquier situación que esté, mejor o peor, siempre elige el teatro como forma de entretenimiento. Y eso es algo para agradecer.
¿Cómo estás viviendo el proceso de que el teatro vuelva a ser tu actividad cotidiana?
Es la escena cotidiana de casi toda mi vida. No hay algo que me provoque extrañeza, ni siento que sea el regreso después de mucho tiempo. Todo pasó tan rápido, que me suena que fue ayer la última vez que estuve en un escenario. Es como andar en bici para mí. No siento que tengo que poner en marcha una maquinaria. Es lo que hago, lo que está en mí. Viví de eso y me dediqué a eso toda mi vida. No siento ningún tipo de rareza respecto a eso. Diría que al contrario. Es como que se abre una parte de la casa que no se usaba.
>> Leer más: 22 de agosto se presenta en abril en teatro El Rayo
Juan Pablo Geretto y su vínculo con Rosario
Si la obra tiene la posibilidad de salir de gira, ¿te gustaría volver a Rosario?
Siempre está en mis planes volver a Rosario con esto o con cualquier cosa que haga. No me caben dudas. Así que siempre es una posibilidad. Siempre me es muy grato volver.
¿Qué te parece que pasó entre vos y el público rosarino que generó ese vínculo tan entrañable?
A mí me pasa con algunos actores que en algún momento han hecho una obra o una película que ha significado mucho para mí, que me ha impactado. Creo que se dio eso conmigo en Rosario, se creó un vínculo en un momento que, oh casualidad, también era de mucha crisis. Estrenamos “Solo como una perra” en el año 99, cuando los bares empezaron a armar café concert. Los noventa eran los años menemistas y los teatros se vaciaron, y en una ciudad como Rosario, donde el bar es tan identitario y tan parte de la cultura, en ese momento los café concert empezaron a ser un lugar de encuentro para juntarnos los que estábamos un poco sueltos, un poco flojos, un poco rotos, para ver si entre unos y otros podíamos hacer algo. Y durante muchos años funcionó. Incluso creo que despertó una forma de hacer las cosas que duró mucho tiempo.
También pasaron algunas cosas un poco inexplicables todavía para mí. “Solo como una perra” fue un fenómeno, y creo que eso no tiene mucho análisis, es algo que te toca o no te toca. Porque hay artistas tan talentosos o más talentosos que uno, con recorridos incluso mejores en otros sentidos, a los que nunca les tocó vivir algo así. No pongo en duda mi capacidad para desarrollar la actividad, pero creo que también hay una cuota de suerte, algo que está más allá del alcance propio. Y me tocó esa suerte y durante diez años hice “Sola como una perra”. Coincidió también que abría el Teatro Broadway. Cuando pensábamos que el espectáculo estaba agotado, que no daba más, cuando no conseguíamos sala. Y el Broadway nos abrió las puertas y volvimos un 28 de diciembre, que debe ser la peor fecha del calendario. Y así y todo se empezaron a vender entradas, y terminamos haciendo cientos de funciones. Hace mucho que no hago ese espectáculo, pero siempre que volví con otras cosas, con más o menos éxito, tenía ese estándar altísimo. Estaba la vara muy alta.
Pero creo que lo nos une con Rosario, con la gente de ese momento, tuvo que ver con muchos factores: con lo político y económico, y con que surgió esa voz que la gente quería escuchar. Me encuentro con gente que fue a ver la obra cuando eran más chicos, y que después volvieron más grandes. Cuando me dicen eso, pienso que yo también era chico, qué bárbaro. Ese vínculo también es de mucho agradecimiento de ambas partes, de haber sido parte de algo donde la pasamos bien. Hay mucho cariño.
¿A qué lugares de la ciudad sentís que tenés que ir sí o sí cuando venís?
Sin duda, a mis amigos. Los amigos son los lugares a los que uno siempre desea volver.