Suena el silbato y comienza la acción. Aquí no hay guión ni un reducto escénico. En verdad, cualquier lugar es bueno para la lid. De un lado un equipo y otro enfrente, cada uno haciendo su gracia, y un veredicto popular. Un esquema que se ha repetido a lo largo de 15 años, que entretiene para afuera y enorgullece para adentro. Con dirección de Cristian Marchesi, la agrupación Jumping Frijoles ofreció su función de festejo de cumpleaños en el teatro Vorterix. Con todos sus integrantes y acompañada por sus acólitos, familiares y amigos, desparramó color, humor y algunos valores propios del deporte, como la asociación y la cooperación.
Lo que en Canadá y EEUU se llamó ya hace muchos años "impro", para dar cuenta de un género, aquí tiene el nombre de "teatro de representación" que está basado en la gestualidad, en sonidos propios, sin el uso de objetos ni escenografía y en una enfática interacción con el público.
Y si bien los Jumping Frijoles comenzaron con su certamen en 2002, la experiencia venía de varios años antes en los talleres con función social que ofrecía su director en tiempos de crisis.
EXPRESIVIDAD. De entrada una verborragia de apoteosis anuncia el tono del match. Luego todo será vertiginoso, sorpresivo y risueño. Esta vez no hubo dos sino cuatro equipos divididos en dos zonas con final y tercer puesto. El verde, rojo, naranja y azul de los equipos, y las porras correspondientes sobre las mesas, que el público usará para votar por su performance favorita, conforman una puesta multicolor de adolescente alegría.
Luego, se encadenan los títulos de las miniobras elegidas por la gente, el estilo de actuación y el entrenamiento de los artistas en el métier de la impro.
Las continuas y exageradas demostraciones de unidad e identificación grupal ayudan a los fines más altruistas del juego y aumentan la sensación de una competencia, que tendrá árbitros y un jurado integrado por el público presente.
ParticipaciRTICIPACIÓN. La obra, que también tiene su versión para niños, es para públicos de todas las edades y es, para sus hacedores, "una experiencia vital" debido a la esforzada trama de ensayos (llamados entrenamientos), a su implementación semanal con resultados siempre diferentes y a una proyección en el tiempo que seguro continuará el año próximo.
De esta manera, haciendo gala de la solidaridad y trabajo en equipo en momentos en que el ego y el individualismo hacen mella, entremezclando teatro y deporte, con un gran desgaste físico y mental por parte de los artistas, usando el repentismo y la simpatía como formas de acercamiento al espectador, con un show participativo, dándole al humor y a una carnavalesca celebración lugares privilegiados, conformado un espectáculo simple y efectivo, y netamente independiente, el "Hacen el match" de los Jumping Frijoles se ha convertido con sus 15 años en un espectáculo ya tradicional del circuito del ocio rosarino mientras recuerda el viejo adagio que dice que en la vida (real) no hay ensayo previo y que vivir no es nada más que una gran improvisación.