"La idea era reírse de uno mismo, y por otro lado rescatar que en realidad todo es cartón pintado y lo único que importa es el amor". Así definió el director Diego Musiak a "Un amor de película", el filme que se estrena el jueves. Musiak, autor de "Historias clandestinas en La Habana" y "Cartas para Jenny", entre otras, reunió a un elenco internacional en esta coproducción entre España, Italia y Argentina que incluye en sus roles protagónicos a la italiana Maria Grazia Cucinotta, la inglesa Geraldine Chaplin, el dominicano Juan Fernández, el español Antonio Chamizo y los argentinos Luciana Salazar, Miguel Angel Rodríguez, Alejandro Fiore, Rodrigo Guirao Díaz y Javier Rivas.
—¿Cómo definís la película?
—Es una comedia romántica. Queríamos hablar de cine y reírnos de las cuestiones propias de la producción de una película, esas cosas que por ahí uno no cuenta que son las más graciosas. La idea era reírse de uno mismo y por otro lado rescatar que en realidad todo es cartón pintado y lo único que importa es el amor. Es la historia del protagonista que pierde mucho dinero en una partida de póker y se ve obligado a filmar una película realmente muy mala, con un guión del productor, en la que termina poniendo a su amante como protagonista. La filma, pero puede perder su prestigio o su vida.
—¿Qué cosas merecen verse con ironía o criticarse de tu trabajo?
—Te diría que todo, no hay nada serio en esto. Cuando uno hace una película, y máxime como cinematografías periféricas, el proceso de producción y de realización es muy azaroso y muy ingrato. Pero te diría que fundamentalmente me río de mí mismo, de buscar la olla de oro al final del arco iris y que te das cuenta que no hay nada.
—¿Es la valoración de la trascendencia que se le da al cine?
—Sí, creo que está sobrevaluado sobremanera. Me pasó cuando me invitaron a trabajar en Europa. Para mi Europa era Fellini, Visconti, Wenders. Era una cinematografía de autor con un contenido que marcaba una tendencia, y no sólo por lo estético, sino por lo ideológico. Y un productor italiano me dijo: "Fellini é morto". Cuando descubrís que cada país estrena más 150 películas y que rescatás dos al año, empecé a desencorcetar lo que había construido.
—¿La categorización de cine de autor o cine comercial es saludable para industria?
—Creo que los distintos tipos de película tienen distintos nichos. Sí me parece interesante que haya un cine de autor, si es que hay un autor y tiene algo para decir. Muchas veces se mete en eso bazofias experimentales que no llegan a ningún lado. Lo cual es válido, haber tenido un intento fallido o una película fallida, pero la construcción de la nada da nada. Es un silogismo puro. En cuanto al cine comercial, el cual me encanta, hay que ver también cuál es ese país de origen cuando uno habla de cine comercial. Creo que tanto Suar como Darín han logrado tener una muy buena factoría y tener muy buenos productos, La gente sabe que la va a pasar bien viendo una comedia en la que está Adrián Suar, que es como si fuese en Francia Daniel Auteuil y sus comedias. Enhorabuena que cuando tenés ganas de tomar una gaseosa el sabor sea de la que querías tomar.
—Parece un estigma del cine argentino, pero en Europa también se filman cientos de películas que no tienen y quizás no buscan impacto comercial...
—De las aproximadamente seis mil películas que se producen anualmente, que tengan una distribución mundial transnacional, pueden llegar a ser cinco las que no sean norteamericanas. El resto queda en su país de origen y con mucha suerte editándose en DVD o exhibiéndose en algún canal de televisión. No sé si decir que el cuello de botella pasa por la distribución, pero en el mundo hay más de 6 mil películas al año y ¿cuántas vemos?. Aunque se estrenaran cinco por semana, en 50 semanas son 2500. Quedaron afuera más de 3000 películas.
—¿Cómo incide en esa ecuación lo que llamaste cinematografía periférica?
—Te lo desarrollo comparando esta historia que uno tiene con los autos. Uno tiene el súper Mercedes o un Audi (en los que) estuvieron veinte tipos laburando durante años, pero cuando vas a la pista, es de Fórmula 1. Uno no está con una piedra y una gomera en medio de Irak. Es como bastante desigual la historieta. No pidiendo igualdad, sino sabiendo en qué nicho y para qué tipo de espectadores uno está filmando. Entonces a partir de ahí la sorpresa no existe. El tema es cuando uno se la cree que todo el mundo va a ver su película, o que por el hecho de hacer una película la gente la va a ver.
—¿Cuánto influye la difusión?
—En Estados Unidos el 40 por ciento del costo de producción es para el lanzamiento, en Europa consideran el 30 por ciento. Acá ni siquiera se habla del lanzamiento.
—¿Cómo ubicás al cine nacional en el contexto mundial?
—Creo que somos muy buenos francotiradores en el sentido de que hay películas que tienen un trabajo, una llegada, un impacto, que aún hechas con alambre impactan en otras sociedades.
—Las películas nacionales suelen ser premiadas en los festivales. ¿Está cambiando la percepción del cine argentino en el mundo?
—Creo que fue un arrastre de los año 80 y comienzo de los 90. Creo que en cada lustro surgen nuevas voces y algunas que valen la pena apoyar porque ves que esa planta después va a dar frutos, que está pequeña, que le falta un poco de vuelo, pero que tiene nobleza. Creo que hay gente que está fascinada con el cine argentino y el cine argentino tiene un público inteligente. Hay ciertos circuitos de exhibición, por ejemplo los del Instituto del Cine, que tienen todas las funciones llenas.