El fenómeno de “Casados con hijos” es inconcebible dicen algunos supuestos eruditos de las ciencias de la comunicación, la sociología y por qué no de la filosofía y otras yerbas. Pero basta ver y sentir la explosión de aplausos y gritos que se genera cuando Pepe Argento, el alter ego de Guillermo Francella, sale a escena en el Gran Rex para entenderlo en décimas de segundo. Hoy es la última función en el imponente teatro porteño de la obra que Axel Kuschevatzky y Diego Alarcón adaptaron de la comedia norteamericana “Married with Children”. Y tras 95 funciones queda un número sorprendente: más de 190.000 asistentes concurrieron a ver la versión teatral en Buenos Aires, en un hecho inusual para la escena argentina. Hay fenómenos que no necesitan explicación.
A 17 años de la grabación del último episodio de la exitosa sitcom que Telefe aún sigue manteniendo en pantalla, era una incógnita saber cómo funcionaría en las tablas. Sobre todo por el tema aggiornamiento. ¿Cómo se verá en 2023 un machirulo como Pepe?¿Paola será tomada como un símbolo de cosificación de la mujer?¿Y la ama de casa vaga, como Moni, que no sabe cocinar ni limpiar y solo quiere tener sexo salvaje con su marido, no atrasará? ¿No quedará fuera de tiempo mostrar una familia tipo como los Argento cuando casi no existen las familias tipo? Y se podrían hacer varias preguntas más sobre los perfiles de cada uno de los personajes históricos del famoso ciclo. Pero hay un personaje que viene a poner todo en su lugar. Y es Azucena, la mujer francesa de Dardo, que reemplaza a la única gran ausencia del elenco original, que es María Elena.
De un problema -no viene al caso desarrollar los motivos de la no participación de la excelente actriz que es Erica Rivas- se encontró una solución. Porque no solo se apostó a una comediante versátil como Jorgelina Aruzzi, sino que su Azucena -feminista, defensora de los animales, vegana y progre desde donde se la mire- viene a encajar perfecto con una familia que por momentos parece que se quedó anclada en los primeros 2000 y que está lejos de deconstruirse.
En ese contrapunto está el atractivo de la versión teatral dirigida por Guillermo Francella, que impacta desde el minuto cero. ¿Por qué? Porque la escenografía realizada por Jorge Ferrari (“Hamlet”, “Jesucristo Superstar”, “Muerte de un viajante”, “Kinky Boots”) es como prender la tele en el 2006. O mejor aún, porque más de lo que ya estaba en aquella escenografía está aquí: la entrada de la casa, con árbol incluido, el living (aunque sin televisor), el parrillero, la cocina, y hasta la escalera que conduce a los dormitorios. Esa sensación de estar adentro de la casa de los Argento contagia a la gente, la pone en situación de inmediato.
Y desde ya que cada uno de los personajes tiene su gran momento de lucimiento. Primero será el carisma de Pepe (Guillermo Francella, el último gran capocómico de la Argentina); luego Moni (explosiva, divertida, Florencia Peña más Florencia Peña que nunca); Paola (Luisana Lopilato en su rol de femme fatal, muy logrado); Coqui (Darío Lopilato es quizá el que menos brilla, pero es una pieza que encaja perfecta en el combo familiar); Dardo (Marcelo De Bellis compone a un ex latin lover que no puede escapar de su rol “gatuno”. Sus piropos edulcorados son una chispa que enciende a la platea) y Azucena (Jorgelina Aruzzi, una figura clave en la trama). Como si fuera poco, el otro gran ausente que es el perro Fatiga es reemplazado con un estatua, que hace las veces de “Fatiga embalsamado”, y dispara otro guiño divertido, con link incluido al proteccionismo de la raza canina y la defensa de los derechos de los animales.
La historia se dispara con la llegada de Dardo y Azucena, quienes han formado pareja en París y regresan a la Argentina tras 17 años con la intención de formar una familia en este país.
El problema es que ella no puede quedar embarazada porque los espermas de Dardo no son fértiles, y están a la espera de una encomienda desde el continente asiático que traerá los espermas fértiles. Con solo imaginar qué puede suceder si esa caja llega a manos de los Argento, la carcajada está asegurada.
La comedia tiene guiños constantes a la actualidad o, mejor, a ciertos sucesos de la vida privada de algunos integrantes del elenco. Pepe se mata de risa cuando le cuenta a Moni que la vio en un video en reiteradas oportunidades. Nunca lo dice, pero se sobreentiende que se refiere a la filmación íntima de Peña con su pareja, que fue hackeada y ultradifundida. Se tientan los dos, la complicidad llega al público y es un golazo. Hay otro momento en el que Moni le dice a Paola que “L-Gante no te va a llamar porque es famoso, ningún cantante famoso te va a dar bola”, palabras más palabras menos, y vuelve a estallar la carcajada del público, que sabe de antemano que la receptora de esa frase no es otra que la esposa del gran intérprete canadiense Michael Bublé.
“Casados con hijos” sigue funcionando en 2023, y ese es el gran mérito de esta propuesta. Porque las piezas encajan con sincronicidad de relojería para que se active ese paso de comedia que ya había funcionado en la pantalla chica. Aquí se le agregará alguna coreografía musical, algún que otro baile de cumbia ostentoso como solo Moni sabe hacerlo, y las caras de circunstancia que Pepe hará una y otra vez cuando tenga que aceptar que encauzar a Paola y Coqui es una suerte de misión imposible.
Sería una buena idea que esta obra concretara una gira por el interior y que puedan llegar a Rosario, pero por ahora no parece factible. Por lo pronto, la familia Argento está de vuelta. Ya es récord de público y la gente lo agradece. Porque volver a reírse es fenomenal.