Prendo la radio y suenan Los Beatles. No estoy soñando, ni es un viaje en el tiempo del tipo “Volver al futuro”. Es mi radio a pilas Sony, la negrita y gastada de pilas gigantes. Por ese parlante viejo, parecido al que tenía mi querida Spica con funda de cuero rojo y agujeritos, se escucha otra vez la voz de Lennon. El tema es “Now and Then”, no sé qué dice la letra, nunca fui ducho en inglés, tampoco antes cuando ellos sonaban en mi Winco y yo los entendía igual. Cada melodía y cada letra, digan lo que digan, me llevaba en andas a mi propio viaje. Cuando escuchar discos en vinilo no era una moda vintage, sino lo único que había para oír la música nueva que más nos gustaba. Todo de un tirón el lado A hasta que la púa quedaba jugando en el final del último surco, lo dabas vuelta y escuchabas el lado B, enterito. Y después te quedabas en pausa, como quien disfruta un malbec reserva después del anochecer de un día agitado. La melodía de este viejo y nuevo “Now and Then” me remite a esas baladas mid tempo muy típicas de los Fab Four. Escucho la voz de Lennon intervenida por Inteligencia Artificial, pero casi que no me doy cuenta. Está algo más metálica que de costumbre, pero es John. El de siempre, el nuestro. Es más, estoy escribiendo estas líneas y lo sigo escuchando otra vez en mis auriculares. Y me vuelve a sacudir la intro; y me pega en el pecho el estribillo cuando escucho esas armonías vocales que no volvieron a repetirse en ningún grupo de música popular en toda la historia. Vuelvo a oír la guitarra de George en el puente, reconozco esa manera de puntear con slide, no hay otra igual; y percibo la coloratura de la voz de Paul mientras de fondo Ringo hace un ritmo básico, simple, pero la vuelve a poner en el ángulo. Termina el tema y otra vez quedo en pausa. La radio sigue hablando del balotaje, de una salidera en Palermo y de la última serie de Netflix. Yo me quedo pensando que ya no soy el mismo pibe que escuchaba Los Beatles en aquella Spica. Que por encima me pasó un tsunami y también mil mañanas soleadas. Y en todo ese tiempo Los Beatles todavía siguen ahí, cantando en la radio de casa. Infinitos.
































