A pocas horas del estreno de la producción, La Capital pudo conversar con Marcos Carnevale sobre la nueva serie de Disney+, el reencuentro con Bossi en la ficción, el trabajo detrás de las transformaciones del actor y las particularidades de una serie que le permitió explorar distintos géneros y personajes en un mismo proyecto.
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-“Amores inesperados” reúne seis historias muy diferentes, que van desde la comedia romántica hasta el drama, y que tienen como punto de partida distintas situaciones vinculadas al amor. ¿Cómo surgió la idea de explorar ese universo a través de historias tan diferentes y, además, con un mismo actor interpretando a todos los personajes?
La idea surgió en 2022. Yo había trabajado con Martín en 2011, en "Viudas". En esa esa película, yo lo insté a hacer un personaje, a no trabajar desde afuera, desde la imitación, desde el gesto, desde la peluca y demás, sino desde adentro: armar un personaje, una personita real que no existiera. Eso fue una gran experiencia. Hizo un personaje hermoso con Graciela Borges, que se llamó Justina. Y cuando aparece la posibilidad de hacer una serie con Martín, le digo: “¿Por qué no volvemos y, dentro de tu impronta multifacética, hacemos seis personajes, u ocho, lo que sea, pero desde adentro, como hicimos a Justina? No hagamos imitación, no hagamos máscara, no pongamos peluca. No nos disfracemos”. Y así buscamos seis muñecos. Ahí le busqué un desafío más grande al proyecto, para él y para mí, que era cambiar el género. No solo hacer seis personajes, sino hacer seis géneros distintos. Por eso hace una comedia romántica, un melodrama, un drama, una comedia delirante, un absurdo total, que es un disparate, el del tenista, por ejemplo. Pero todas tienen el mismo condimento, que es encontrarte con una persona que te dispara un amor inesperado. Y no siempre el amor es romántico. Puede ser un amor hacia otro, en el que vos no participás como personaje, sino que haces posible que dos se reúnan, como en el caso de Sofía y Washington, que es un padre y una hija que estaban peleados y que se están muriendo y necesitan un perdón para poder seguir el camino de la vida. Y algunas que rayan el absurdo total, como el primero, el del ladrón con Jorgelina Aruzzi, que es uno de mis favoritos.
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-¿Cómo fue trabajar con Martín Bossi, teniendo en cuenta su capacidad para transformarse de un personaje a otro?
Con Martín tenemos una gran química, nos entendemos maravillosamente bien. Y además él tiene un registro muy amplio como actor. Entonces, para un director, es como entrar a una juguetería y poder elegir el juguete que quieras. No es acotado, no es un tipo que te dice: “No, a esto no me animo”. Al contrario, se anima a todo. Además, él tenía ganas de hacer ficción. Es muy inquieto, muy generador también. Siempre está en acción, es frondoso, no para, tiene ideas. Y esa creatividad, en esta época, es genial.
-En ese sentido, ¿Cuánto espacio hay para que aparezcan las ideas de Martín y para la improvisación?
Te tengo que decir que yo soy bastante controlador. Él me respeta muchísimo y me dice que soy un juez de tenis. Él es un gran jugador de tenis y me dice que siempre estoy atrás de él, entonces siempre lo estoy enfrentando. Lo que sí hay es un momento previo, que es cuando yo construyo los guiones, en el que hablo mucho con los actores con los que trabajo. Ahí sí aparecen algunas sugerencias, alguna idea, y si me parece que es atinado para lo que estamos haciendo, lo incorporo. Hay un laburo en conjunto. Él viene acá, a mi casa, y recorremos el living; después salimos a comer con el personaje armado y lo vamos probando, hasta que le encontramos la vuelta. Después yo lo escribo. Durante el rodaje, en cambio, la partitura es alemana: se filma eso y no hay espacio para la improvisación. Todo eso, conmigo, no.
-En cada historia, Martín está acompañado por grandes actrices, como Jorgelina Aruzzi, Eleonora Wexler, Patricia Palmer y Julieta Cardinali. ¿Cómo fue la elección de las actrices para cada una de estas historias y qué buscabas en esos cruces?
Las mujeres son muy importantes en todas las historias de mi vida y de lo que hago. En cuanto a la elección de las actrices, he trabajado con todas. Primero pienso la historia y después trato de encontrar la actriz ideal para esa historia. Y generalmente me dicen que sí. Tengo esa suerte: las llamo y ahí están. Tuve todas las que quise. Son todas bien distintas, porque las historias son muy distintas también. Entonces necesitaba colores muy distintos. Y todas entendieron y todas calzaron justo con los personajes que yo quería.
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-Hay algo que llama la atención en las historias: en una época en la que muchos vínculos empiezan o se desarrollan a través de la tecnología, en ninguno de los relatos de la serie el encuentro amoroso está mediado por una pantalla. Los vínculos se dan en el contacto directo, cara a cara. ¿Fue una búsqueda consciente o apareció naturalmente al construir las historias?
Qué bueno que se detectó eso. No es porque yo quiera volver a instalar el amor como era antes, pero sí creo que estamos perdiéndonos un poquito en la virtualidad, que hace que perdamos el contacto humano, mirar a los ojos directamente. Hay cosas que no nos damos cuenta porque las vamos naturalizando. A veces te parece que viste a un amigo recientemente y no, lo estuviste viendo por Zoom, o lo viste en una videollamada, y a lo mejor hace tres meses que no estuviste con él tomando un café, abrazándolo, tocándole las manos. Eso me parece bravo y difícil, porque somos animales emocionales, afectuosos, que necesitamos de ese afecto. Entonces me parece que nos estamos perdiendo un poquito ahí y eso está generando otro tipo de problemas, que tienen que ver con lo sexual y con lo afectivo. Hay gente que está yendo a hacer un retiro de silencio y paga un fin de semana para hacer silencio. Y un día vamos a tener que pagar para poder estar un fin de semana y lograr mirar a los ojos a alguien y decirle: “¿Cómo estás?”. Es decir, estamos perdiendo cosas importantes. Yo nunca me opongo a las eras. Me parece cosa de viejo eso. Pero hay cosas esenciales, como el amor, como la soledad, como la muerte, como un montón de cosas a las que hay que prestarles atención.
-Tenés una trayectoria muy extensa como director, y a lo largo de los años contaste muchísimas historias. ¿Qué tuvo de particular “Amores inesperados” para vos y qué sentís que te aportó este proyecto que no habías encontrado en otros trabajos?
“Amores inesperados” fue como un gran experimento en el que, durante tres meses, pude hacer seis películas juntas, sin parar, sin descanso. Y el hecho de trabajar distintos géneros fue un desafío muy grande, muy lindo, muy divertido. Son géneros que ya había hecho en las películas, pero hacerlo uno atrás del otro fue muy divertido. Y que, de semana a semana, Martín cambiara totalmente su look y su interior para ser otro personaje, y que todo el elenco que había tenido se vaya y venga otro nuevo, y que la locación cambie, fue increíble. Es como un niño en la juguetería más linda del mundo. Y, además, seguía haciendo lo que yo hago. Está dentro de la impronta de los productos que yo genero.
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-Y puntualmente, ¿Qué te interesaba del formato de contar seis historias independientes con un mismo actor como protagonista?
Es divino ese formato. Es un formato que, cuando tenés a un actor como Martín, tan versátil, que le sacás la peluca y le ponés un sombrero, y habla distinto, y siente distinto, y está en tono dramático cuando viene de hacer un delirio cómico, para nosotros, los directores, es genial.
-Durante el proceso de creación, ¿aparecieron otras historias o ideas que finalmente no llegaron a formar parte de la serie?
Si, un montón. Tenía como quince y elegimos seis. Y siempre hay en el cajón un montón de historietas ahí para sacar. Y quizás, si esto funciona bien, en una segunda temporada, metería algo sobre la tecnología, sin ninguna duda, porque está ahí, en el tintero.
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