Turismo

Malé, la otra cara de las Maldivas

La capital del archipiélago de 1.200 islas es uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Un destino turístico de lujo.

Domingo 09 de Diciembre de 2018

En las pequeñas islas Maldivas, todos los ruidos fuertes parecen hundirse con el sol de la tarde en el océano Indico. Un silencio maravilloso, pero no así en Malé. Cuando el intenso calor se vuelve soportable al final del día, la capital del archipiélago despierta. miles de motonetas zumban como un enjambre de avispas espantado por las estrechas calles de la ciudad.

El petardeo rebota contra las paredes de las casas. En Malé circulan unas 30.000 motocicletas y motonetas. Casi nadie tiene un coche. ¿Para qué? Las calles son angostas, muy transitadas y cortas. No pocos automovilistas en la ciudad no han metido nunca la cuarta marcha. En Malé viven casi 100.000 personas en un área de dos kilómetros cuadrados. La capital maldiva es un de los lugares más densamente poblados del mundo. Está lleno de mezquitas, edificios de apartamentos y oficinas.

A última hora de la tarde, la ciudad bulle como un termitero. Los maldivos salen a la calle a disfrutar de la vida nocturna. En cada rincón hay sencillos restaurantes, cafés y salones de té, pero bares no. El alcohol está prohibido en las Maldivas, un país rigurosamente islámico. En la capital sólo hay alcohol en el aeropuerto internacional de la isla Hulhulé, donde el "Island Hotel" probablemente pudiera vivir sólo de los ingresos del bar.

Mientras que los maldivos se juntan en Malé para tomar té y fumar en cachimba, en los 26 atolones con hoteles todo incluido para los turistas el consumo de bebidas alcohólicas no está restringido. Sin embargo, en la mayoría de las islas Maldivas los turistas beben de forma moderada.

En el archipiélago no existe el turismo de borrachera. Pese a todas las turbulencias políticas, todos los jefes de Estado siempre han promovido las Maldivas como un destino turístico de lujo. Hoy predominan en los atolones los hoteles de cuatro y cinco estrellas.

La capital está situada a una distancia de sólo unos 20 minutos en hidroavión o alrededor de una hora en un yate rápido desde los atolones. Aun así hay un mundo de diferencias entre la vida de los turistas y la vida diaria de los nativos en Malé, y no sólo por la prohibición del alcohol, de la que están exceptuadas las islas turísticas.

En los complejos hoteleros de lujo, el estilo de vida es occidental-liberal. La mayoría de las turistas llevan en las playas menos ropa que la que muchas maldivas en Malé llevan en la cabeza. Después de varias décadas de islamismo moderado, se está imponiendo cada vez más una interpretación más severa de la religión. Eso apenas se nota en las islas turísticas, donde los visitantes extranjeros apenas entran en contacto con la vida normal en las Maldivas.

Generalmente, nada más llegar al aeropuerto de Malé se dirigen a su destino en hidroavión o lancha rápida. Sólo pocos turistas hacen excursiones a la capital, y mucho menos después de que se desataran disturbios en Malé a principios de este año. Sin embargo, merece la pena visitar esta ciudad.

Cada tantos minutos salen ferris de la isla de Hulhulé, donde está situado el aeropuerto, a la capital. Muy cerca del atracadero se encuentra el centro islámico con la imponente Mezquita del Sultán Mohamed Thakurufaanu Al Azam. Enfrente está el Rasrani Bageechaa, uno de los pocos parques grandes, y al otro lado se encuentra el antiguo palacio presidencial.

En el centro de la isla está escondida la antigua Mezquita Hukuru de los Viernes. El templo, hecho de piedra de coral, fue construido a mediados del siglo XVII por órdenes del sultán Ibrahim Iskandar I. También en la actualidad se siguen construyendo en las Maldivas pequeñas mezquitas. Sin embargo, el "boom" de la construcción en el Estado insular no tiene nada que ver con la religión sino con los réditos.

Tan solo en 2017 se inauguraron dos docenas de nuevos complejos turísticos. Prácticamente cada gran cadena hotelera tiene al menos un resort en las Maldivas. Para poder resistir a la competencia, cada cadena hotelera busca una característica propia. La mayoría de los turistas no se enteran de los proyectos de construcción en los atolones debido a la gran vastedad del archipiélago.

Las Maldivas tienen una extensión de casi 900 kilómetros en dirección norte-sur. De las poco menos de 1.200 islas, sólo unas 220 están pobladas. Por el contrario, en Malé y los alrededores es imposible no ver la fiebre constructora. En muchos lugares se ganan tierras al mar con vertidos de arena.

La isla de Hulhulé fue unida a la isla de la capital con un puente de varios carriles. Los planes en la isla del aeropuerto prevén la construcción de viviendas para 100.000 personas en dos años. Para los turistas, el gigantesco proyecto urbanístico contempla la construcción de grandes complejos de ocio.

Sin embargo, es dudoso que los turistas usen esas instalaciones. ¿Quién visitaría un centro de entretenimiento con restaurantes de comida rápida si en su lugar puede pasar más tiempo en una isla de ensueño?

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