Turismo

El camino del vino

Para llegar a la bodega hay que atravesar un amplio solar cubierto de viñedos que crecen bajo el cielo protector y que se extienden más allá de donde se alcanza a ver aún entrecerrando los ojos.

Domingo 03 de Marzo de 2019

Para llegar a la bodega hay que atravesar un amplio solar cubierto de viñedos que crecen bajo el cielo protector y que se extienden más allá de donde se alcanza a ver aún entrecerrando los ojos. Es un paseo apacible, que, si se tiene la fortuna de que sopla la fresca brisa lejana del mar, es un sueño. A cada lado del sendero, las vides extienden sus ramas retorcidas, nudosas, llenas de vigor. Esconden aquí y allá, entre manojos de hojas grandes y verdes, los racimos de uvas tan preciados.

Al final del camino hay un muro bajo, que no dice nada y lo oculta todo. Detrás del paredón de cemento, apenas más alto que las plantas de parra, se abre una plaza de agua que de un lado tiene Los Andes y del otro el inmaculado edificio que alberga esa factoría de sueños donde se elabora y almacena el vino. El torrente cristalino fluye entre las piedras como si fuera un río, como si fuera natural, pero no lo es, es una creación del arquitecto Smiljan Radic y la escultora Marcela Correa.

El edificio fue diseñado para causar el mínimo impacto ambiental. El techo luce como una gigantesca ala blanca que flota sobre el suelo rocoso. El interior es amplio y fresco, el espejo de agua tiene un efecto refrigerador, que hace que la cava se mantenga a la temperatura exacta que necesita el vino. Al fondo, unos escalones más abajo, está la sala de cata y el altar de piedra macizo donde se celebra la degustación, una experiencia que enciende los sentidos.

Para los más chicos, el equipo de Vik da una clase sobre vinos que, como en un juego, revela los aromas de las distintas cepas sin probarlas y ofrece la degustación de yogures creados a partir de los varietales de uvas que se cosechan en la finca. Al volver a la superficie -toda la bodega está bajo tierra- se aprecia el jardín gastronómico donde se cultivan unas 250 variedades de frutas, vegetales y especias aromáticas que son el secreto de los aromas y sabores que enamoran en Vik.

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