La mayoría de los operadores turísticos que ofrecen sus servicios en China
dedican a su capital tres o cuatro días. De la misma forma, y sin mentir, podría afirmarse que ese
tiempo es igual de suficiente que escaso. Son tantas las cosas que Pekín ofrece que es obligatorio
cumplir el primer mandamiento del viajero: priorizar.
Sólo de esa manera se podrá llegar a ver el Palacio de Verano, participar como
espectador en alguna función de la Opera China, degustar el pato laqueado, visitar algún "hutong" o
barrio característico, la Gran Muralla y las Trece Tumbas de la dinastía Ming. —El Palacio de
Verano, situado a las afueras, sufrió muchas destrucciones y reconstrucciones a lo largo de su
historia. Diseñado como residencia temporal durante la dinastía Qing, llegó a conocer el esplendor,
recibiendo el nombre de "Jardín de Aguas Rizadas".
El palacio está repleto de salas, pagodas, glorietas y monumentos. Destacan la
Sala de la Bondad, el Jardín de la Armonía y la Virtud, una galería impresionante de madera, de más
de 700 metros de largo, toda ella pintada con imágenes reveladoras de hechos míticos o históricos,
y un Barco de Mármol, que a pesar de su solidez parece ligero y estar flotando.
El Tingliguan, que podría traducirse como "Sala para escuchar a las
Oropéndolas", era un teatro donde se representaban funciones musicales. Hoy se reciben en él a las
autoridades internacionales y consta de un restaurante selecto.
Puente de 17 Ojos, jardines dentro de otros jardines para hacerlos "armoniosos",
isla y mucha arquitectura tradicional completan un enclave arrebatador e imprescindible. Desde allí
hasta el monte Badaling, donde se alza un sector de la Gran Muralla, hay sólo unas decenas de
kilómetros. El camino se acorta rápidamente a través de vías rápidas, y se llega a un cartel
espantoso, anclado en una montaña al estilo de Hollywood, que promociona: "La Gran Muralla, una de
las grandes maravillas del mundo" .
En el siglo III a.C. cuando China se unificó gracias al primer emperador de la
dinastía Qin, comenzaron a vincularse todas las murallas levantadas. Qin Shi Huang, pasó a la
posteridad como iniciador de una obra que costó vidas, siglos y millones de campesinos forzados a
construir.
La gran defensa atraviesa seis provincias. Más de 6000 kilómetros de piedras
conformando muros, miradores, almenas, fortalezas y torres; dispuestas en lugares imposibles, entre
precipicios y barrancos, a favor y en contra de la naturaleza. En la zona de Badaling la muralla
tiene de 7 a 8 metros de altura y entre 5 y 6 de ancho en la base.
Tras la excursión, ya de regreso a la ciudad, se puede pasar por las Trece
Tumbas de la Dinastía Ming, mausoleo imperial dedicado a la estirpe que rigió China desde mediados
del XIV hasta el siglo XVII. Lo más bonito del recinto es el Camino Sagrado, que está adornado cada
pocos metros con numerosas obras que representan animales fantásticos,
Impensable es marcharnos de la ciudad de Pekín sin haber recorrido antes un
hutong, una calle típica y antigua que enriquece a la parte más vieja de la ciudad de Beijing.
En realidad aún nos quedan muchas cosas, nos queda tan solo volver.