El gobierno británico quiere endurecer los controles sobre Internet y productos digitales como
los videojuegos para proteger a los menores de contenidos considerados inadecuados por su extrema
violencia o explicitud sexual. El proyecto se apoya en un estudio encargado a la psicóloga infantil
Tany Byron -conocida para el gran público como la superniñera de un programa televisivo- que
confirma la indefensión de los padres a la hora de detectar y neutralizar el material nocivo que
circula por la Red.
Entre las acciones que recomienda el estudio destaca la imposición de etiquetas de alerta en
las carátulas de los juegos de computador o de consola -similares a las que insertan las
autoridades sanitarias en las cajetillas de tabaco- y el requerimiento de una edad mínima para
poder adquirirlos. El documento, que ayer divulgaban dos diarios británicos, considera insuficiente
la actual clasificación que divide los productos entre aquellos aptos para todos los públicos y los
que sólo son apropiados para mayores de 18 años. Sobre los vendedores que se salten esa normativa
recaería la amenaza de hasta cinco años de prisión.
Junto a ese tipo de regulaciones, la estrategia se centra en proveer de la información
adecuada a los cabeza de familia, caracterizados por Byron de "inmigrantes de Internet" por su
desconocimiento del medio, para que establezcan filtros sobre las páginas de la Red que no crean
aptas para sus retoños. La tecnología existe, pero, además de estar poco desarrollada, los adultos
no la dominan.
El informe de Byron también concluye que mientras que los padres están más preocupados por
los pederastas que hacen uso de Internet para entrar en contacto con menores (lo que se conoce como
grooming), sus hijos lo están por llegar a ser víctimas del cyberbulling o de acoso internáutico
por parte de otros menores.
El veredicto de Byron no es vinculante y precisará de un largo proceso legislativo si el
primer ministro, Gordon Brown, decide implementarlo. Pero expresa las crecientes inquietudes de
asociaciones de padres que, por ejemplo, han asistido con horror al fenómeno de Miss Bimbo, un
sitio web destinado a niñas de entre 9 y 16 años y que introduce a las cibernautas en el peligroso
mundo de las dietas y la cirugía estética.
El estudio no sólo recomienda la imposición de códigos deontológicos en este tipo de redes
sociales, sino que conmina a modificar el código penal para afrontar casos tan extremos como los
sitios de Internet que alientan el suicidio. La reciente cadena de muertes de 17 adolescentes en el
pueblo galés de Bridgend, atribuida a esa perniciosa influencia, encarna esa "nueva gama de riesgos
y peligros" que ha arrastrado consigo la era cibernética.





























