Tatiana Fesenko, nacida en Rostov Don, Rusia, conserva en su haber un manto largo de pergaminos: es egresada de la Academia Vaganova, fue primera bailarina del Ballet de San Petersburgo, maestra y pedagoga del prestigioso Teatro Kirov y regente del Teatro Colón. Durante los años de la Unión Soviética, compartió escenario con Mijail Baryshnikov y Vladímir Vasíliev, dos de las máximas estrellas del ballet internacional. Hace tiempo, su realidad está lejos de su tierra natal: hace 30 años, junto a Vasily Ostrovsky, su marido y partenaire, fundaron el Ballet Ruso de Rosario, con sede en el Teatro El Círculo.
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El Ballet Ruso de Rosario funciona en el Teatro El Círculo hace 30 años
“Argentina tiene muchas condiciones para bailar, sus bailarines tienen expresión artística”, sostiene Tatiana, quien, además fue maestra, ensayista, coreógrafa y Regente del Departamento de Danza del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC) durante 19 años. Con una cultura del trabajo digna de los años soviéticos, Fesenko se “dividió” entre dos ciudades por casi dos décadas. La rusa explicó su sistema: tres días en Rosario y tres días en Buenos Aires.
Al consultarle si estas jornadas no eran extenuantes, Tatiana respondió, despreocupada: “Como tenía ganas, y me llevaba bien con todos los de acá y con los de allá, yo estaba feliz de trabajar”. Además, sostuvo que durante las casi dos décadas que trabajó en el Teatro Colón, el apoyo de Vasily, su esposo, ahora fallecido, fue fundamental para darle continuidad al Ballet Ruso de Rosario.
En 2006, cuando Tatiana comenzó a desempeñarse como maestra en la institución porteña, había 70 alumnos inscritos en el ISATC. Tan sólo unos años después, había 250 bailarines tomando clases con Fesenko: su presencia hizo que se triplicara la matrícula. Muchos de sus estudiantes ahora forman parte del Ballet Estable del Teatro Colón, mientras que otros ingresaron a compañías de Europa o Estados Unidos.
En el Colón, teatro que Tatiana describe como una “joya” de Argentina, Tatiana puso en escena decenas de ballets como “El lago de los cisnes” y “Paquita”, entre otros. Durante sus años en el ISATC, trabajó con quienes fueron primeras figuras del ballet estable, como Karina Olmedo, Marisel De Mitri, Alejandro Parente, Edgardo Trabalón, y Gabriela Alberti. A raíz de la buena relación que formaron con Fesenko, a lo largo de los años muchos de ellos han impartido clases magistrales para los alumnos del Ballet Ruso de Rosario.
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Los días en Rusia y un examen de ingreso con Mijaíl Baryshnikov
A Tatiana siempre le gustó bailar, pero fue a sus 10 años cuando comenzó a tomar clases de danza clásica. En ese entonces, el epicentro ruso del ballet estaba en la ciudad de Leningrado (ahora San Petersburgo). Si ella quería formar carrera en este arte, debía trasladarse desde su Rostov natal, lo que implicaba dos días de viaje en tren.
Acompañada por su abuela, en vez de trasladarse directamente a San Petersburgo a los 11 años de edad, se dirigieron a Minsk, la capital de Bielorusia, donde vivía un tío de Tatiana. Allí, ingresó a una Escuela Oficial de Ballet y conoció a Nina Mlodzinskaya, primera bailarina del Teatro Kirov, quien la formó y le enseñó un variado repertorio. Tatiana recuerda que como su maestra era aristócrata, no pudo volver a Leningrado. “Ella tenía brillo, era una mujer muy elegante”, describe Fesenko, sobre su primera tutora en el mundo de la danza.
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Tatiana Fesenko, primera bailarina del Ballet de San Petersburgo
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Finalmente, y otra vez junto a su abuela, a los 14 años Tatiana se dirigió a San Petersburgo, la capital del ballet, para audicionar para la Academia Vaganova, una de las más prestigiosas del mundo, nombrada en honor a Agrippina Vaganova, maestra y pedagoga rusa que creo esta metodología para la danza clásica.
Fesenko recuerda que ingresar a esta escuela no era una tarea fácil, había miles de postulantes, provenientes de todos los países que integraban la Unión Soviética, pero ella quería concursar para “probar su fuerza”. Entre los aspirantes, se encontraba también el espectacular Mijail Barishnikov, el bailarín pródigo que huyó de la URSS en 1974, mientras se encontraba haciendo una gira en Canadá con el Ballet Kirov. Barishnikov y Fesenko fueron compañeros en la Academia Vaganova, y egresaron el mismo año, con las mejores calificaciones de su promoción.
El día del examen, a la directora del Ballet Ruso de Rosario la pusieron en el mismo grupo que Barishnikov, oriundo de Letonia, quien todavía no era la leyenda que es hoy en día pero empezaba a dar señales. Luego del paso de Mijail, quien deslumbró a los jurados con una prueba de piruetas, fue el turno de Tatiana. Fesenko eligió bailar un solo de “Chopiniana”, ballet que se estrenó en Rusia en 1909.
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Tatiana Fesenko y Vasily Ostrovsky, artistas eméritos de Rusia
Mientras recuerda su examen para la Academia Vaganova, Tatiana no puede evitar bailar. Desde una butaca del Teatro El Círculo, Fesenko imita los movimientos de aquel solo con sus manos y pies, sin moverse del lugar. A sus 76 años, conserva la gracia y el porte de su juventud. En su cabeza, suena la música de Frédéric Chopin. La bailarina recuerda que cuando terminó de bailar frente a los jurados, le preguntaron si era la hija de Nina Mlodzinskaya, la maestra que la formó en Minsk.
Después de sus años de formación en la Vaganova, Tatiana ingresó en el Ballet de San Petersburgo, donde se convirtió en primera bailarina. Allí encontró el amor, su esposo Vasily. Fesenko y Ostrovsky tuvieron un hijo, Denis, quien también se formó en el arte del ballet, pero que decidió alejarse de la tradición familiar para estudiar Ingeniería en Sistemas. Después de tres décadas en Argentina, la bailarina cuenta que ha vuelto a Rusia, pero “sólo a visitar”. La última vez que estuvo en su tierra natal fue en 2018, antes de la pandemia de Coronavirus.
En 2024, el Ballet Ruso de Rosario cumple 30 años, y están preparando una serie de eventos para celebrarlo. En el mes de agosto, se presentarán en el escenario del Teatro El Círculo con “La Sylphide”, un ballet romántico que la mismísima Fesenko estrenó en Rusia. Dentro de los largos pergaminos de la bailarina, se encuentra ser “la primera Sylphide de la Unión Soviética”: a sus 24 años, la artista fue elegida para protagonizar por primera vez en la URSS este ballet.
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Argentina, un país con condiciones pero pocos teatros
En sus inicios, en Rusia el ballet estuvo asociado a las esferas más altas de la sociedad, un consumo restringido para la aristocracia. Por este motivo, a partir de la revolución bolchevique, la danza clásica comenzó a caminar en la cuerda floja. No obstante, la URSS terminó valiéndose de este arte como un símbolo cultural de exportación, para mostrar su talento a occidente. Los bailarines rusos, excepcionales casi en su totalidad, eran las figuras más codiciadas del mundo en los años soviéticos.
En ese sentido, la política de promoción de la danza clásica se mantiene en Rusia hasta hoy: “(En Rusia) tenemos muchísimos teatros, escuelas y compañías de ballet”, dice Fesenko. “Acá en Argentina, que es un país tan grande, falta un poco más, faltan ballets estables, más teatros”, contrapone Tatiana, sobre la tierra que eligió como hogar hace tres décadas.
“Hay muy buenas bailarinas en Argentina, con muchas condiciones”, continúa la docente. Además, Tatiana comenta que en Rosario no hay ningún ballet estable que permita que la danza clásica se convierta en un trabajo, con su debida remuneración. Las únicas opciones son formarse, y luego, dar clases. “Muchísimas de mis alumnas del Ballet Ruso de Rosario ingresaron al Ballet Estable del Teatro Colón, pero no hay muchas más opciones que esa”, relata Tatiana, sobre el devenir profesional de sus estudiantes. Al consultarle si esto sucede por la falta de presupuesto de la cultura nacional, Fesenko es clara: no quiere hablar de política. “Mi política es el teatro, estoy más tiempo adentro que afuera”, resume, y cierra.
Cuando termina la entrevista, Tatiana entra al salón de clase, donde una docena de niñas con mallas y pollerines rosas, y de tan solo un poco más de un metro de altura, se apuran por abrazarla. Con sus brazos largos y fuertes, la bailarina rusa las cobija a todas.