Entre las sensaciones que producen algunas canciones y el presente hay una cuerda irrompible. El Día de la Bandera de 1985 llovía un poco y la puerta de Sportivo América estaba trancada de gente. Era imposible entrar pero encontré la forma arrastrándome cuerpo a tierra entre un mundo de pies. Como dio resultado seguí camino todo lo posible y como un lagarto llegué hasta el costado del escenario.
Era la presentación de “Madre en años luz”. Había ido ahí porque tocaba Spinetta Jade pero pasado el tiempo presumo que me movía un solo tema. Una canción que sacudía las cosas en la imaginación de una manera distinta, un sonido que hacía pensar en miles de cristales temblando en una gruta infinita colmada de luces y de viento.
Y el misterio también estaba en la letra. “Conozco tu puerta, no se si estás despierta aún”. ¿Qué había en ese llamado sostenido? ¡“Ludmila”! ¿Urgencia, tensión amorosa, certeza, desesperación, ruego, convicción? ¿Todo eso? ¿Nada?
Uno que no sabe hacer música se pregunta cómo trasladarse desde el lugar donde alguien imaginó un sonido hasta dar con él en un acorde. ¿Cómo hizo Spinetta en “Ludmila” para viajar desde el arpegio inicial hasta el puente en el que con toda esa potencia vocal pronuncia la incertidumbre con su grito en ese nombre? A los 17 años pensaba en eso hasta soñarlo.
Ese show lo tomó de la consola un programa de FM rosarino llamado El Cristal. Empezó con “Maribel se durmió” y “Bajo Belgrano”. Siguió con “Camafeo”, “Viento del lugar”, “Asilo en tu corazón”, “Díganle”. Pero yo había reptado cincuenta metros en el piso mugriento para escuchar “Ludmila”.
La canción llegó casi al final del show. Spinetta empezó con ese acorde hipnótico y perturbador y lo siguió Lito Epumer como doblando la guitarra. Hacia el final del inicio, un sonido agudo, diluido de las cuerdas y el Mono Fontana con su sintetizador Oberheim adueñándose de la armonía del tema. Un instante después, la explosión, con la batería de Pomo y el bajo.
Era un temblor de tierra. Todos tocaban con concentración impresionante menos el pibito que tenía el bajo. Era Paul Dourge, que había reemplazado a César Franov. Imposible saber cómo mantenía la línea rítmica dando saltos de medio metro. Pasaron 37 años y recuerdo la fuerza, el candor, el deseo de ser él. Memoria de haber sentido que a él, el lenguaje armónico y expresivo de Spinetta lo estaba atravesando igual que a mí. La cuerda llega hasta hoy.
Embed
Ya me estoy volviendo canción
Se cumplen diez años de la muerte de Luis Alberto Spinetta, impactante creador y faro de la música argentina. Aquí un apunte de presentaciones suyas en Rosario, desde las primeras hasta la última en el Parque España.
Ver toda la cobertura