Los debates sobre políticas e ideas punitivistas para dar respuesta a los conflictos y delitos están en la superficie social, particularmente en una ciudad como Rosario que asiste pasmada a una catarata de crímenes y balaceras. Para ampliar miradas y aportar a la reflexión, la Asociación Pensamiento Penal y la ONG Mujeres Tras Las Rejas invita a una charla en el marco de la presentación del último libro de la abogada Claudia Cesaroni: “Contra el punitivismo. Una crítica a las recetas de la mano dura”. La autora adelantó algunos conceptos a La Capital. Remarcó que "la construcción y difusión de noticias policiales o judiciales sin diversidad de fuentes y rigurosidad generan sensación de impunidad e indignación” en la sociedad.
Cesaroni es abogada, escritora y tiene un amplio recorrido en el mundo de Derecho penal con perspectiva social. Para presentar su libro, este viernes a las 19, en la casa “Cristina Vázquez”, ubicada en Tucumán 2647, eligió diez ideas punitivistas aparentemente aceptadas sin cuestionamientos por la opinión pública y por los medios de comunicación. El objetivo es dialogar con los asistentes a partir de una disparador: “la respuesta penal no previene ni resuelve los conflictos, ya que de esa manera solo se responde al dolor con más dolor, a la violencia con más violencia y, lo que es peor, se trata de violencia estatal, que además recae siempre sobre la población más vulnerable”.
En diálogo con La Capital, Cesaroni amplió algunos de los conceptos que desarrolla en su libro.
— Los medios son fundamentales a la hora de la divulgación de los hechos pero la falta de especialización y el margen para profundizar los temas a veces se estrecha.
— Los medios tiene una responsabilidad fundamental en cómo difunden los hechos. Hay problemas en ese área, pero otras veces también un modo de buscar fuentes que casi siempre están vinculadas a las fuerzas de seguridad y al Poder Judicial, lo cual es una construcción del modo de presentar la noticia policial que omite otras fuentes. Estos temas adquieren un peso tan grande que debería haber una autoexigencia mayor o reclamo de condiciones que faciliten el acceso a otras fuentes, profundizar, perfeccionarse, capacitarse. Del mismo modo que hay periodismo científico, quien no conoce el tema no se atrevería a escribir sobre salud porque requiere un conocimiento técnico, sobre cuestiones jurídicas también, y no cualquier periodista lo tiene. Entonces se mezcla libertad condicional con salidas transitorias, con cumplimiento de condenas o procesamientos. Eso requiere de un conocimiento técnico que las mayoría de los periodistas no tiene, porque no se lo brindaron o no lo buscó. Eso se hilvana con la manera con la que se difunden los temas, y cómo se genera indignación. Por ejemplo: si alguien titula sobre el caso Cabezas que «pasaron 25 años y no hay ningún autor preso», la sensación es que el caso está impune. En realidad lo que hay que explicar es que las personas cumplieron la condena, o están en libertad condicional porque accedieron a los requisitos para ello.
— ¿El Poder Judicial tiene herramientas para dar salidas alternativas, resoluciones de conflictos donde exista la reparación del daño y al mismo tiempo el abordaje sobre los victimarios? Porque tras una condena se esconde el problema de fondo.
— Absolutamente las tiene, y si no las tiene las podría crear. También juega en muchos jueces y juezas el temor a ser identificados con los victimarios. Otro problema es que para tener esas herramientas se requiere de recursos públicos que a veces se malgastan en instituciones de encierro y que podrían utilizarse para programas que de verdad faciliten la reinserción de las personas antes de caer en el encierro. Habría que ver a los jóvenes que cometen sus primeros delitos antes de que entren a la cárcel. La cárcel deja una marca en la frente, en el cuerpo, en el alma, reduce las posibilidades de conseguir trabajo, de volver al contexto familiar, al barrio. Antes que pensar en la reinserción, habría que pensar cuánto recurso se pone de verdad, no en programas random, como huertas o murgas en el barrio, que no sirven para nada. La gente necesita ganar dinero para sobrevivir y vivir en condiciones dignas. Para muchos pibes resulta atractiva cualquier oferta vinculada al delito para ganarse el mango. No se les puede reclamar un estatus moral y de análisis de que tal o cual cosa es ilegal, y por eso no se dedican 15 horas por día a ser repositor de un supermercado, donde obtendría el dinero que de otra manera lo ganaría en un día. Esa reflexión moral es fácil exigirla desde ciertas condiciones de vida, pero es muy difícil reclamarla a quien ha sido abandonado por el Estado, por la sociedad, por la familia durante su infancia o adolescencia. Habría que ponerse a pensar cuánto dinero se destina a esas políticas públicas para que esas pibas o pibes no vean en la ilegalidad una fuente de ingreso. Son muchos de ellos los que después habitan las cárceles.
— ¿Cuáles son los puntos más salientes que abordás en el libro para fundamentar el rechazo a la idea de justicia como mero castigo, al ojo por ojo?
— Es una discusión sobre políticas llamadas de mano dura, que definimos como punitivismo. Es la concepción que más castigo, por más tiempo y de modo más brutal, resuelve todo tipo de problemas del delito y la violencia. No estoy planteando una posición abolicionista, que dejen de existir las cárceles o la pena de prisión. Lo que planteo es el monto de la pena, que hoy llega a 50 años en nuestro país, y la utilización del sistema penal para abordar todo tipo de conductas, algunas de ellas que están más vinculadas a motivaciones sociales, culturales, educativas, que no se resuelven con el sistema penal. También hablo del «micropunitivismo» con ejemplos en el fútbol, en el ámbito parlamentario o educativo, donde los conflictos se resuelven con medidas cada vez más brutales. Se le intenta dar una especie de función ejemplificadora al castigo, que tampoco se cumple. Son situaciones que se repiten: desde un piropo hasta el jugador uruguayo (Edinson) Cavani (sancionado por el comentario, “Gracias negrito”, que escribió como agradecimiento a un amigo en Instagram). Ahora se da un punitivismo a nivel internacional que implica pensar que, en lugar de presionar para que se sienten a negociar las partes, el conflicto entre Rusia y Ucrania se resuelve haciendo desaparecer a todo lo que sea ruso de la faz de la tierra. Son ejemplos de como el punitivismo se extiende como mancha de aceite.
A las 19 en la Casa Cristina Vázquez
La Asociación Pensamiento Penal y la ONG Mujeres Tras las Rejas invitan a la presentación del libro este viernes 29 de abril, a las 19, en la casa “Cristina Vázquez”, ubicada en Tucumán 2647. La actividad, que será moderada por la periodista Sonia Tessa, es abierta al público pero se debe confirmar asistencia al correo electrónico [email protected].
Claudia Cesaroni (@CCesaroni) tiene un recorrido de militancia social y es magíster en Criminología por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Entre 2001 y 2004 trabajó en la Procuración Penitenciaria, y hasta 2010 en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Además, cofundó el Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos (Cepoc), y entre 2010 y 2011 fue directora adjunta de la Asociación para la Prevención de la Tortura en América Latina.