El gobierno nacional no pasó su mejor semana. El paro general del jueves fue un reflejo de la conflictividad creciente que genera su política económica. Un plan que no solo pulveriza ingresos sino que provoca una caída generalizada de la producción y el consumo. Pero también enfrenta ruidos en el terreno financiero, con los bonos de deuda más volátiles y la rebelión de las generadoras eléctricas que lo ponen entre el default y el déficit fiscal. La estabilidad cambiaria y la desaceleración inflacionaria son las cartas a las que apuesta Luis Caputo para sostener el esquema de expectativas que vende a cambio de un auxilio en dólares. El índice de inflación que informe el Indec juega un rol en este punto. Los datos adelantados de Caba y la de Umet cantaron un dígito, pero todavía más cerca del 10% que del 7% con el que se entusiasman en la Casa Rosada.
La economía transita un trimestre sensible para este juego de expectativas. Si el gobierno sale airoso de las presiones devaluatorias, las tensiones que asoman entre facciones empresarias, la escasez de dólares, los compromisos de deuda, las demandas tarifarias, la erosión del superávit fiscal, el derrumbe de la actividad y la conflictividad social, estará a un paso de consolidar su nuevo esquema redistributivo. Si no, la depreflación lo pondrá contra las cuerdas.
El último informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) puso bajo la lupa las “cuatro anclas nominales” del programa económico: fiscal, salarial, cambiaria y monetaria financiera. “Ninguna parece ser sostenible en el mediano plazo ya que los altos niveles de inflación de los primeros meses socavaron rápidamente su peso”, concluyeron los economistas.
El ancla fiscal atada a “la cesación en la cadena de pagos del Estado presenta un límite fáctico”, aseguran. La crisis con las generadoras eléctricas parece darles la razón. La caída de la recaudación tributaria y el deterioro de las condiciones sociales también desgastan ese frente.
El ancla salarial, agregan, está a full pero “el intento de disciplinamiento a la clase trabajadora no termina de penetrar en el sector privado, con realidades muy heterogéneas”. Las últimas medidas de fuerza refrendan esta anotación. De a poco, la necesidad y la protesta agrietan el consenso que armó Milei en torno del ajuste. Como dice un conocido dirigente sindical local: “El sindicalismo es como el seguro del auto, muchos no lo quieren pero agradecen que esté cuando lo necesitan”.
Mayo es también un mes crucial para evaluar la sostenibilidad del ancla cambiaria, ya que deberían comenzar a ingresar los dólares por la liquidación de la cosecha gruesa. Y ahí se desató una pulseada. Si el gobierno cede a las presiones devaluatorias, “la inflación volverá a acelerarse y se pronunciará la caída de la actividad”, señalan desde el Ceso.
En cuanto al ancla monetaria-financiera, la licuación del stock de pesos mediante la baja de tasas busca reducir el riesgo de corrida a la hora de pensar un levantamiento del cepo. “Sobrevuela la idea de que, sin emisión monetaria, ajustando el gasto y enfriando la demanda la inflación comenzará a ceder; sin embargo, al momento sólo se logró que la inflación regrese a los niveles previos de la devaluación de diciembre 2023”, agregan.
“Quizá por este motivo el gobierno tomó nota y puso un freno en su idea de desregulación plena de la economía, dilatando el impacto de los tarifazos en los servicios de gas y energía eléctrica, posponiendo la suba en la tarifa de transporte, exigiendo a las empresas de medicina prepaga que retrotraigan precios o poniéndole un techo a la recomposición salarial a partir de la no homologación de algunas paritarias”, indicaron desde el Ceso.
El problema es que, con excepción del capítulo salarial, esas postergaciones tensionan el apoyo primordial que logró el plan Caputo por parte de las distintas corporaciones empresarias. La conversión del concepto de “inflación reprimida” en “muestra de pragmatismo” tiene sus costos para parte el poder económico. De a poco asoman diferencias entre sí y con el gobierno.
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La “tercera vía”, apunta el Ceso, es la posibilidad de un nuevo endeudamiento externo. Sin embargo, el financiamiento del mercado aún es excesivamente caro, el FMI “se muestra reticente a desembolsar nuevos fondos y, por el momento, el gobierno libertario ruega a la China comunista que le renueve el swap para mantener el nivel de reservas en el Banco Central”.
Si no hay acuerdo, el gobierno deberá comenzar a pagar los u$s 5 mil millones utilizados del canje de monedas. Al FMI hay que cancelarles otros u$s 4.800 millones. La deuda por atraso en importaciones sumó u$s 11 mil millones y hay $ 300 mil millones impagos a contratistas de obra pública.
A falta de créditos internacionales, por ahora Caputo se aferra al retraso cambiario “para atraer fondos financieros de corto plazo que aprovechen las bajas tasas de interés en pesos que, de sostenerse la política cambiaria, igualmente representan grandes retornos en dólares”, señalan desde el centro de estudios que conduce Andrés Asiaín.
Y concluyen: “El Messi de las finanzas no parece aprender de sus errores y hoy apuesta a repetir aquella experiencia del gobierno macrista pero en una versión mucho más mediocre, con un retraso cambiario que atrae escasos fondos” y demanda de pagos “a la vuelta de la esquina” de las deudas que tomó en aquella gestión más las nuevas, como el Bopreal. Y en 2025 la carga será mayor.