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Banegas y Francisco Varela.
Para Banegas, el temor no estaba puesto en lo que sucediera con el material sino, precisamente, en “la gente extraordinaria” que conoció durante su paso por Ucrania: además del ingeniero de sonido, destaca a la traductora Olga Kovalevska (que huyó a Alemania), al director de desarrollo musical de la Sociedad Filarmónica de Lviv, Bohdan Sehin, y al realizador audiovisual Serhiy Horobets. “Están trabajando como pueden, dentro de la circunstancia que están viviendo. Bohdan me mandó un video donde se escuchan a cada rato las sirenas que les indican que tienen que ir a protegerse. Están en estado de guerra pero, dentro de ese estado, están tratando de satisfacer las obligaciones contraídas. Es una civilización muy honesta. Es muy doloroso lo que está pasando esta gente. Yo nunca había estado en Ucrania. Lviv me encantó, fue fabuloso lo que vi en cuanto a la arquitectura, la gente es muy dada, hacía mucho frío y a la noche en las plazas había grupos de música pop tocando, los restaurantes estaban llenos. No había pobreza ni lujuria, se vivía bien y en paz”.
−Mencionabas a estas personas que, pese al contexto, buscan cumplir con los compromisos asumidos, que en este caso tenían que ver con una obra artística. ¿Qué lugar queda para el arte cuando todo orden se rompe? Que es lo que sucede, precisamente, en una guerra.
−El arte es un salvavidas. El arte expone lo que pasa, es el único medio, o uno de los pocos medios por los cuales una persona puede morir y subsistir. Leonardo Da Vinci se muere, pero La Gioconda está. Están bombardeando Ucrania, pero la grabación está. El arte es lo que hace que la especie humana siga como tal. Así lo veo yo. Sin ir más lejos, en la Segunda Guerra Mundial estuvo el sitio de Leningrado. Los nazis la bombardearon durante más de dos años, la ciudad quedó aislada, murieron un montón de personas, pero la Orquesta Sinfónica no dejó de tocar. En este momento la orquesta de Lviv no está presentándose, pero van subiendo filmaciones de sus músicos tocando. El arte es lo que hace que la humanidad perdure. Y también expone lo que puede ser la humanidad: el Guernica de Picasso es un testimonio. Las personas que las hacen desaparecen y se van, pero dejan un legado en el arte.
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−En este sentido, has dedicado buena parte de tu trabajo a dejar registro de autores hasta hace poco inéditos como Bottiroli, o de compositores checos no tan conocidos, como Jií Benda y Jan Dussek. Hay allí una mirada puesta en hacer perdurar sus obras.
−Exacto, pero en la música es más difícil todavía. Porque para que eso perdure se necesita un intérprete. Hasta que eso no se publica es solamente una hoja de papel con garabatos. A diferencia del arte plástico, la música necesita un esfuerzo aún mayor, porque necesita ese puente, la persona que toque e interprete la obra. Esa es la misión que me he propuesto.
−En ese caso, la dificultad puede estar dada por el hecho de que, como intérprete, podrías estar abordando un repertorio que quizás no garantiza ventas.
−Eso no me interesa. Uno es un puente y cumple una misión. Si vende o no… esto no es comercial. No creo que Bach haya escrito nada pensando en que se fuera a vender. En la música clásica hay otra profundidad, no es comercial, es a pulmón.
−¿Qué es lo que te atrae de un autor?
−El primer interés tiene que ver con preguntarme si puedo ayudar al compositor. Me llegó el dato de la obra de Eduardo Grau (Barcelona, 1919-Buenos Aires, 2006), la empecé a leer, me encantó, me gustó la historia del compositor, entonces planeamos un repertorio con obras que nunca se habían grabado. Ese trabajo también lo hacemos con Francisco Varela, vamos a grabar cuatro conciertos para instrumentos solistas y orquesta de cámara, con una orquesta de cuerdas. La orquesta es Anima Musicae, de Budapest. Es una orquesta muy bien conceptuada. Es un esfuerzo internacional, porque vamos a hacer el concierto Yuste para violín solista, piano solista y timbalista. La violinista es Ana María Valderrama de Madrid. En la segunda obra, de viola y piano, el concertino es Davis Fons de Valencia. Eduardo Grau nació en Barcelona, entonces queríamos encontrar un elemento español, con estos dos solistas que son supertalentosos. La representación argentina está conmigo y Francisco, y convocamos a una flautista checa, Jana Jarkovská, con quien vamos a hacer La flor de Gnido basada en versos de un poema de Garcilaso de la Vega. Y finalmente hacemos el Concierto para clarinete y orquesta de cuerdas con el clarinetista austríaco Simón Reitmaier. Dentro de un mes nos reunimos todos para grabar este álbum, que va a publicar Naxos.
Programado para registrarse entre el 20 y 27 de abril, el proyecto reencuentra a Banegas con el director Francisco Varela, a quien conoció a través de la gestora cultura Mariángeles Fernández Rajoy, del Ministerio de Cultura de la Nación. “Francisco es director, y era uno de los programadores de la Orquesta Nacional. Nos reunimos y le expliqué mi proyecto, que le encantó. Yo busco trabajar con gente humana. Algunos artistas tienen un perfil prima donna, que Francisco no tiene: es humilde, hace lo que le gusta, tiene un perfil humano con otros intereses que tienen que ver con ayudar a la gente. Además de estar supercalificado, tiene esa parte humana que yo busco”.
Para Banegas, las cualidades personales tienen tanta relevancia como el talento artístico. Así lo ha reconocido también en sus maestras y maestros, entre los que se encuentra precisamente Bottiroli, que tuvo a un joven Banegas como su único estudiante de piano. “Bottiroli fue director del Normal 3, que fue una de las escuelas más importantes del país, no sólo por su infraestructura sino por la calidad docente y el nivel de sus alumnos. Entre ellos estaba mi papá, que hizo desde la primaria hasta el terciario en el Normal 3. Bottiroli era profesor de música, hizo carrera y terminó siendo el director. Cuando se cumplieron los 25 años de egresados de Magisterio de la promoción de mi papá, en ese acto invitaron a Bottiroli a que diera una charla. Después hubo una fiesta y mi papá le comentó que a mí me gustaba tocar mucho el piano, y Bottiroli le dijo que me mandara para escucharme. Fui a tocar a su casa y me aceptó como alumno”.
Era el año 1984 y, hasta entonces, Banegas había absorbido todas las enseñanzas brindadas por Norita Rasori, su vecina y primera maestra. “Pero yo tocaba más que ella, ya no me podía enseñar admite. Y tocaba mal, porque era pura pasión, tocaba como podía. Me acuerdo que me preguntaban cómo hacía para tocar eso”.
−¿Y cómo hacías?
−Ah, no sé (ríe). Yo tocaba, pero tocaba mal. Después Bottiroli me empezó a corregir, me bajó el nivel para apuntalar, y después sí entré a la Universidad. Allí todos mis maestros y maestras han sido muy humanos, con mucha generosidad y pasión para enseñar a los alumnos. No puedo ser otra cosa que agradecido hacia esas maestras y maestros.
Entre esa lista de docentes figura Ana María Cué, responsable de hacerlo trabajar sobre un autor que él había descubierto gracias a Bottiroli: el gran César Franck. A pocos meses de haber grabado sus obras junto a la Filarmónica de Ucrania, Banegas no hace más que confirmar el lazo que continúa uniéndolo al autor franco-belga: “Tengo una conexión extraña con él, porque siempre volvió. Después de que su obra me la presentara Bottiroli y de trabajarlo con mi maestra Ana María Cué, hice mi maestría con Franck. Siempre vuelve a mí, y no es un compositor tradicional. Es muy difícil de tocar su obra, porque tenía unas manos inmensas. Él era organista en París. Todos los que eran virtuosos, o los grandes directores, iban a escucharlo tocar. Pero era una persona muy humilde. Su padre tenía la ambición de que él fuera un virtuoso como Franz Liszt. Y a lo mejor tenía la virtud pero no la personalidad, era una persona modesta, no era un showman, era muy profundo. Eso creó una tensión con el padre. Después, para completar, se casó en Francia con una mujer que era actriz y cuya familia trabajaba en los teatros. Eso en aquella época era un tabú, pero él tuvo esa familia. Y siempre se consagró mucho a la religión. Todo en su obra tiene una connotación mística y religiosa. Y, para mí, si alguien quiere saber cómo soy tiene que escuchar Preludio, fuga y variaciones de César Franck. Es una obra que me toca en lo más profundo, es un guante que me va perfecto en lo emocional”.
Y si de autores significativos se trata, en el horizonte cercano aparece, una vez más, su maestro Bottiroli. Por un lado, con el concierto brindado junto a la Sinfónica de San Martín y el estreno de la Pequeña obertura sobre algunos temas de Mario Tarenghi, para piano y orquesta, sobre la que apunta: “Tarenghi era un compositor milanés, creo que en algún viaje a Europa Bottiroli pescó la partitura de Bocetos al natural para piano a cuatro manos, que Bottiroli tocaba con su esposa Berta. Les encantaba ese libro, esos temas. Parafraseó varios temas de ese álbum y compuso esa obra preciosa. Es la primera vez que se toca obra sinfónica de Bottiroli en Buenos Aires. Así que vamos invadiendo provincias (risas)”. Por otra parte, en poco tiempo se focalizará en la grabación del tercer disco con obras del rosarino, avanzando así en el registro de las obras completas de Bottiroli para el prestigioso sello Naxos. “En el primer disco grabamos los valses, el segundo son los nocturnos. En este voy a hacer variaciones y fantasías, que son composiciones con movimientos, con cambios bruscos internos. Creo que me quedan dos discos más para hacer, va todo viento en popa. Me gustaría que, después de volver de Hungría por la grabación de la obra de Grau, ya pueda meterme a grabar este tercer disco”.
Ese registro se concretará en su casa de Los Ángeles, ciudad que tomó como residencia hace ya algún tiempo. Para Banegas, Estados Unidos sigue resultando un país de oportunidades para el desarrollo de su camino artístico: “Me siento cómodo allá, estoy contento. La gente es muy generosa. Todo lo que puedo hacer en base a cumplir mis propósitos, a materializarlos, es porque estoy viviendo allá. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires está la Ley de Mecenazgo, que acá en Argentina aplica solamente para empresas. Allá un privado puede hacer el mecenazgo con cualquier persona, haciendo una donación a un museo, o a una organización. Eso me da la base para poder hacer lo que hago para nuestra cultura. Allá conozco a gente extraordinaria, muy buena, generosa. Que encontrás en todo el mundo, porque lo vi en Ucrania y lo veo en Argentina. Creo que no tiene que ver con el país, sino con la gente. El lugar es la impresión que la gente te deja”.
−Vas a grabar un tercer disco de Bottiroli en Estados Unidos. Sos un rosarino interpretando y registrando obras hasta entonces inéditas de un compositor rosarino. ¿Deberías tener más posibilidades de tocar esas obras en Rosario, o no es algo que te preocupe?
−No me preocupa, porque con mi esfuerzo la obra de Bottiroli ya trascendió a Rosario. Las obras para piano están disponibles, publicadas y editadas, la Orquesta Sinfónica tiene el material. Y sé que tarde o temprano va a haber otros que las van a poder tocar. Eso es lo que me interesa, que no sea yo quien lo toque. Ahí se termina de perpetuar la obra del compositor, que ya se está logrando, porque la obra está editada, ya están las grabaciones que ilustran cómo debería ser la música. Ahora me gustaría que otro lo toque en Rosario. Y creo que ya se debe tocar en otros lugares, porque las obras están publicadas por la editorial Golden River Music de Bélgica, entonces siempre alguien que toca, que busca algo, que le gusta la grabación, puede tocarlo. Creo que fue un esfuerzo que hizo que la obra se llevara fuera de Rosario, que ya trascendió, entonces no me preocupa. Sí me preocupa poder terminar de grabar toda la obra de Bottiroli, para que quede como referencia.