En el discurso de apertura de las sesiones legislativas nos encontramos con un presidente más consolidado, dispuesto a mantener la tensión del conflicto hasta niveles impensados. La estrategia de confrontación de Milei, que tuvo en las últimas semanas la pelea con los gobernadores el centro de su disputa, no sólo colabora en establecer los nuevos términos de una polarización siempre necesaria en el arte de gobernar, sino que también trabaja para la generación de un verdadero núcleo duro que defienda sus ultrajes. Si hace apenas un año era inimaginable que una figura del calibre de Donald Trump o Jair Bolsonaro gobernara la Argentina, la coyuntura dejó los dedos bien marcados en la cara de la representación política de los últimos cuarenta años. Si hasta hace un puñado de meses los libertarios no eran más que una masa confusa e inexperta, su voracidad reaccionaria se ve alimentada una y otra vez por los altercados del Ejecutivo, que poco a poco la envalentonan y consolidan.
El lugar que le dio al cierre de Télam en el discurso de inauguración da la pauta de aquello que muy bien viene señalando el escritor Martín Kohan de que estamos asistiendo a un original teatro de crueldades, porque una cosa es debatir acerca de la asignación de recursos y otra muy diferente es depositar un goce en la inestabilidad económica de miles de personas a partir de los anuncios del Ejecutivo. El grupo de libertarios que se posicionó al frente de Télam para festejar su cierre, si bien fue poco numeroso, nos debería recordar que también fue poco numeroso la nominada banda de “los copitos”, responsable del hecho más trascendental y más minimizado de nuestra historia reciente: el intento de magnicidio dirigido a la vicepresidente de la Nación, un suceso que en cualquier país “de bien” hubiese encendido todas las alarmas pero que en nuestra amada Argentina de la grieta no bastó siquiera para generar un pacto transversal de todas las fuerzas políticas en repudio a la violencia.
Si bien Milei se presenta como el digno sucesor de Carlos Menem lo cierto es que hasta ahora ha demostrado varias contradicciones respecto a la experiencia menemista. Por sólo citar algunas, acaso las más relevantes:
-Su continua referencia a la constitución del siglo XIX, dando por alto e invisibilizando la reforma constitucional más importante de nuestra historia moderna, que fue posible gracias a un pacto entre todas las fuerzas políticas, pero sobre todo entre las fuerzas mayoritarias, como eran en la década del noventa el peronismo y el radicalismo, lograda bajo la figura que tanto desprecia el actual ejecutivo: el consenso.
-Con todo lo impugnable que pueda parecer la experiencia menemista en lo que se refiere a la distribución del ingreso, pérdida de soberanía y aumento descollante de los niveles de pobreza y desigualdad, también hay que reconocer que bajo el mandato de Menem se lograron profundos avances en materia de derechos humanos en materia formal, en un contexto global que acompañaba la institucionalización de los mismos, como el haberle otorgado jerarquía constitucional a los tratados internacionales de DDHH. En ese contexto, en el año 1995 fue creado el INADI, que hoy se pretende hacer desaparecer.
-También fue obra de los presidentes Carlos Menem, Fernando Collor, Andrés Rodríguez y Luis Alberto Lacalle Herrera, en representación de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay respectivamente, la creación del Mercosur, alianza regional que, a todas luces, Milei desprecia, constatado en sus difamaciones hacia el presidente brasileño y el comercio bilateral que la relación supone, así como la seguridad a la hora de excluir a nuestro país del ingreso a los BRICS, una plataforma económica clave en un contexto donde los principios de la globalización se ven claramente socavados.
-Las recientes declaraciones respecto a la evaluación de reinstaurar el servicio militar obligatorio abre nuevamente la discusión respecto a los abusos que se perpetuaron en el mismo, cuyo caso paradigmático fue la muerte de Omar Carrasco en la provincia de Neuquén. Si bien Menem salió en su momento en apoyo de las Fuerzas Armadas, distinguiendo las posibilidades que se abrían para los jóvenes haciendo el servicio, lo cierto es que la presión social y el desprestigio de las fuerzas hizo que el 31 de agosto de 1994 pusiera fin a tan siniestra práctica mediante decreto presidencial.
Los ataques sucesivos a todo lo que signifique el Estado Social de Derecho vienen acompañados, como se sabe, por uno de los procesos más regresivos en materia de distribución de ingresos. Se podría proponer como ejercicio pensar que, si el enemigo declarado del libertarismo en el poder es el dispositivo populista de distribución del ingreso, la tarea urgente del ejecutivo no pasa sólo por frenar la distribución sino, también, pasa por concentrar la riqueza. Si el modelo económico distributivo es la causa del estado social y político de hoy, para inaugurar un nuevo contexto es necesario modificar la estructura económica sobre la que se sustenta, es decir, concentrar la riqueza y, a partir de ahí, establecer nuevos marcos regulatorios.
Atendiendo a los últimos informes de CEPA en lo se refiere a materia económica, podemos constatar que el golpe a los sectores más vulnerables es una de las marcas distintivas de este gobierno que en menos de cien días ha profundizado la desigualdad en términos abruptos. El gasto estatal cayó 29% en relación al año anterior y para quienes opinan que cae para todos por igual habría que señalarles que los pagos de deuda se han incrementado, representando prácticamente la mitad de lo ejecutado presupuestariamente en el primer bimestre del año. Del otro lado se encuentran, por ejemplo, los ajustes en discapacidad, que representan un desplome del 69% en el programa de “Acciones de Integración de Personas con Discapacidad”, o lo que ocurre en el campo de enfermedades como el VIH, donde se observa un recorte del 45% en el programa “Prevención y control de Enfermedades Transmisibles e Inmunoprevenibles” y un ajuste del 92% en el programa “Respuesta al VIH, Infecciones de Transmisión Sexual, Hepatitis Virales, Tuberculosis y Lepra”, ambas dependientes del Ministerio de Salud.
Haciendo gala del desprecio explícito a las políticas de derechos humanos que el presidente estimula, el informe de CEPA revela también que la caída de la ejecución real del presupuesto implicó una reducción del 44% de los fondos destinados al programa “Promoción Internacional de los Derechos Humanos”, mientras que el programa “Logística de Defensa” dependiente de la Subsecretaría de Planeamiento Operativo y Servicio Logístico de la Defensa tuvo un incremento de 434%. Menos presupuesto en DDHH, combinado con más presupuesto en defensa, da las pautas de que la bala que promete Espert y que Milei puso en escena nuevamente al hablar sobre el vallado de Télam y una posible conflictividad cuerpo a cuerpo, puede en cualquier momento pasar del dicho al hecho, y no hay ningún indicio de que si eso sucede debería sorprendernos.
El problema de los últimos años, en verdad, no es que el Estado asigne bien o mal la riqueza. El problema es que el modelo estatal que fue predominante desde el 2003 es un modelo donde la distribución de la riqueza si no ocurre efectivamente en la realidad sí se encuentra en la agenda o, al menos, como promesa futura. Proponer que el asignador de recursos sea el mercado, es proponer de manera indirecta que los recursos tengan una tendencia hacia la concentración. Si Milei alguna vez tuvo interés en leer economistas especializados en el problema de la desigualdad, debería saber que la riqueza en el mundo se encuentra cada vez más concentrada bajo los efectos de los programas neoliberales que el presidente defiende. Suponemos, sin embargo, que está enterado de la cuestión, y que su plan, sin lugar a dudas, está en llevarlo al extremo.
(*) Politólogo