El trasplante de mano con donante cadavérico puede parecer un milagro. Pero no
lo es. Gracias a los avances de la última década y la experiencia previa en reimplantes (reconexión
de miembros propios amputados) ya han sido intervenidas unas 30 personas en todo el mundo. El
último de estos procedimientos se llevó a cabo en un hospital de Louisville, en Kentucky, Estados
Unidos, un centro pionero en esta práctica. En dicho trasplante tuvo una activa participación el
traumatólogo rosarino, subespecializado en cirugías de manos y microcirugía, Rodrigo Banegas.
Los trasplantes de mano son el resultado de años de trabajo e investigación por
parte de profesionales de distintos puntos del planeta. El hospital de Louisville, donde trabaja
Banegas, en asociación con la Escuela de Medicina de la Universidad de dicha ciudad, tiene el
mérito de ser el primero donde se realizó un procedimiento de estas características con éxito. Fue
el 25 de enero de 1999; hubo una experiencia anterior en Ecuador (1994) que no tuvo un buen
resultado. En diálogo con La Capital, desde Estados Unidos, el traumatólogo rosarino contó detalles
de esta práctica que es un verdadero reto para la medicina: "Esta práctica surge de la necesidad de
brindar soluciones a pacientes que perdieron una mano o ambas, una situación que es muy
discapacitante. Además, no se pudieron desarrollar prótesis que reemplacen las funciones de la
mano". El profesional agregó que "si bien hay una amplia experiencia en trasplantes de corazón,
riñón o hígado, hay que tener en cuenta que éstos son órganos formados por un solo tejido, en
cambio, la mano es realmente compleja en su constitución".
De avanzada.La mano humana consta de músculos, huesos, nervios, vasos
sanguíneos, piel, tendones y cartílagos. "Indudablemente no es un procedimiento simple extraer una
mano a un donante cadavérico, luego implantarla en el receptor que ha perdido el miembro, y que
además funcione", explicó Banegas, que en la última operación integró dos equipos: el que quitó la
mano al donante fallecido y el que la implantó al receptor en una cirugía que duró 15 horas.
El éxito de la intervención consiste, primero, en que la mano trasplantada no
sea rechazada por el organismo del receptor. Para ello, el paciente deberá tomar de por vida
medicamentos inmunosupresores que evitan este problema. El otro punto clave es la utilidad que
pueda llegar a tener dicho miembro: "A los dos meses de la intervención, el último paciente que
operamos estaba en un lago pescando con su nueva mano, demostrando una gran aceptación tanto física
como psicológica de la nueva situación", ejemplificó el cirujano.
Compatibilidad. Como en todo trasplante de órganos para que la mano esté en
condiciones de ser trasplantada se deben dar las condiciones generales de compatibilidad entre
donante y receptor (grupo sanguíneo, por ejemplo); pero en este caso también resultan importantes
aspectos cosméticos que no se tienen en cuenta en órganos internos. "Si la mano a implantar tiene
algún tatuaje o cicatriz o cualquier signo que sea identificable con el donante no podemos usarla;
además es necesario que tenga características similares a la mano del receptor en cuanto a color de
piel y tamaño", describió Banegas. De allí que sea tan complejo. El hecho de que en un hospital
pionero en esta práctica se hicieron sólo dos transplantes desde el 2006 certifica que hay muchos
obstáculos que vencer.
Por otra parte, no todas las personas que decidieron en vida donar sus órganos
aceptan una eventual amputación de sus miembros. Y en los casos en los que no quedó expresada esta
voluntad, los familiares no siempre quieren donar las manos, explicó Banegas.
Identidad. "Las manos, junto con la cara, son la carta de presentación que los
seres humanos tenemos en sociedad. Con las manos comemos, abrazamos, demostramos el afecto,
manifestamos el enojo. Son una parte importante de la expresión y por lo tanto suelen ser muy
representativas de cada persona, por eso es un tema delicado", detalló Banegas.
La cirugía. El pre y posoperatorio son dos momentos cruciales en el marco de la
cirugía. "Una de las cosas que más me sorprendieron en este hospital es la importancia que se le da
a los aspectos psicológicos del paciente. Se hace un trabajo previo sumamente minucioso. De hecho,
la selección de quien va a ser trasplantado es un proceso cuidadoso donde participan psicólogos y
terapistas ocupacionales, entre otros", relató Banegas desde su consultorio.
El posoperatorio también es clave. "Es un procedimiento quirúrgico muy largo y
cualquier signo de rechazo agudo, que es bastante improbable, debe ser atendido de manera urgente",
explicó el profesional. Luego de esta etapa sigue una de rehabilitación prolongada donde se trabaja
en el restablecimiento de la movilidad y la reeducación del uso de la nueva mano.
El otro riesgo lo constituyen las infecciones; por eso, el paciente debe
permanecer una semana internado con medicación específica. "Después, la persona —que suele
provenir de otro estado o región del país— se queda viviendo en un hotel cerca del hospital
durante tres meses y es controlado de cerca". Cabe destacar que en estas operaciones de alta
complejidad realizadas en el hospital de Louisville, el Estado se ha hecho cargo de todos los
gastos. "El paciente no paga nada", certificó Banegas.