El camino hacia el diagnóstico de la endometriosis suele ser, para muchas mujeres, un trayecto marcado por la incertidumbre y el silencio. Durante décadas, el dolor menstrual fue erróneamente considerado una parte inevitable de la vida femenina, una idea que ha calado hondo tanto en la sociedad como en el entorno cercano de las pacientes. Sin embargo, la medicina moderna es clara: el dolor que impide realizar actividades cotidianas no debe ser ignorado. La endometriosis es una enfermedad frecuente y compleja que atraviesa la vida entera de la mujer, alterando sus proyectos, su estado de ánimo y su bienestar en el día a día.
Para comprender esta patología, es necesario mirar hacia lo que sucede durante el ciclo menstrual. La causa más aceptada sobre su origen es la denominada menstruación retrógrada. “Esto ocurre porque, durante el período menstrual, las células endometriales no solo se dirigen hacia la vagina, sino que también pueden pasar a través de las trompas de Falopio hacia la cavidad abdominal”, explica el Dr. Roberto Navarini, Ginecólogo Oncólogo y miembro de la Unidad de Endometriosis de Grupo Oroño. Una vez que estas células se asientan fuera de su lugar, generan procesos que derivan en una respuesta inflamatoria persistente con cada ciclo.
El peso del silencio y la demora en los resultados
Las cifras son contundentes: aproximadamente el 10% de las mujeres en edad reproductiva convive con esta afección. A pesar de ser tan común, el camino hacia la verdad clínica suele ser largo y frustrante. Es habitual que el entorno naturalice el malestar e, incluso, que en la consulta médica no se le otorgue la jerarquía que merece. Esto provoca que el diagnóstico definitivo llegue mucho más tarde de lo esperado; la demora es muy variable y puede ir desde los 5 hasta los 12 años.
Muchas veces, la sospecha aparece de manera tardía o casi por accidente durante una ecografía de rutina. Esta espera no solo afecta la salud física, sino que genera un desgaste emocional importante. Es vital que las mujeres sepan que su dolor tiene una explicación médica y que existen caminos para abordarlo de manera profesional y temprana, evitando que la enfermedad avance silenciosamente.
Más que un dolor menstrual: el impacto en la salud
El síntoma principal de la endometriosis es el dolor, presente en el 90% de las pacientes. El más común es la dismenorrea (dolor menstrual intenso), seguido por el dolor pelviano crónico y la dispareunia, que es el dolor durante las relaciones sexuales. Con menor frecuencia, algunas mujeres pueden experimentar molestias al orinar o al evacuar el intestino, lo que demuestra la diversidad de formas en que la patología se manifiesta.
Pero la enfermedad no se limita solo al dolor localizado. La endometriosis se traduce en un desgaste integral del organismo. La fatiga se presenta en el 50% de los casos, mientras que la infertilidad afecta al 25% de las mujeres que la padecen, lo que añade una carga de angustia a quienes desean planificar una familia.
Fuera de estos signos, el cuadro se completa con distensión abdominal, ansiedad, insomnio y alteraciones del humor. También es común notar una disminución de la libido y, en algunos casos, cuadros de depresión. Es fundamental destacar que un grupo pequeño de mujeres puede no tener síntomas evidentes, pero aún así tener una enfermedad de jerarquía que requiere atención especializada para evitar complicaciones a largo plazo.
El camino hacia una detección precisa
Ante la consulta, el profesional debe realizar un interrogatorio detallado y un examen físico exhaustivo. Como primera aproximación diagnóstica, se utiliza la ecografía. Un punto clave es la especialización de quien realiza el estudio: hoy la medicina cuenta con ecografistas entrenados específicamente para buscar esta patología, lo que ha mejorado sensiblemente la detección en los últimos años.
Si la ecografía no es concluyente o no muestra la patología con claridad, el siguiente paso es la Resonancia Magnética de alto campo (RMI). Este estudio es fundamental no solo para confirmar el diagnóstico, sino para entender qué tan extendida está la enfermedad. “La resonancia da muy buena información sobre la extensión, sobre todo si se está evaluando la necesidad de una cirugía”, detalla el Dr. Navarini.
El valor del abordaje interdisciplinario
Dada la variedad de problemas que trae esta patología, es imposible que un ginecólogo pueda manejar por sí solo todas las aristas del tratamiento. Por eso, el enfoque médico ha evolucionado hacia la creación de unidades especializadas que buscan dar una respuesta integral a cada mujer según sus necesidades particulares.
En este esquema, el ginecólogo funciona como el médico de cabecera que coordina a un equipo interdisciplinario. Para un abordaje realmente efectivo, se vuelve imprescindible el trabajo conjunto de nutricionistas, psicólogos, sexólogos, kinesiólogos y psiquiatras, además de cirujanos generales y urólogos. Hoy contamos con mayor evidencia sobre cómo el ejercicio, una alimentación saludable y el buen manejo del estrés ayudan a mejorar el cuadro. Asimismo, para quienes buscan un embarazo, la sección de fertilidad define los tiempos y tratamientos óptimos para obtener las mejores posibilidades.
La mirada experta como respaldo
La mayor parte de las pacientes puede manejar la enfermedad con una medicación bien elegida y el apoyo de todas estas áreas de soporte. Sin embargo, existe un grupo menor que no responde a los tratamientos indicados y requiere una opción quirúrgica.
En este punto, el Dr. Roberto Navarini destaca la importancia de contar con un marco institucional sólido que respalde el proceso: “En la Unidad de Endometriosis de Grupo Oroño, nuestro compromiso es dar una respuesta personalizada para mejorar la calidad de vida. Para lograrlo, el equipo realiza reuniones periódicas de comité donde se discute cada caso particular y se consensúa el mejor tratamiento. Para aquellas pacientes que necesitan una intervención, se cuenta con cirujanos calificados en la especialidad que aseguran procedimientos con baja tasa de complicaciones”.
El mensaje final para todas las mujeres es de prevención: no se debe normalizar el dolor. Consultar de manera temprana no solo devuelve el bienestar diario, sino que aumenta las posibilidades de embarazo y disminuye la necesidad de cirugías complejas en el futuro.