No fue fiesta. No llegamos a tiempo y el desencanto se quedó para hacernos compañía. La selección argentina jugó todo lo mal que no había jugado en el ciclo de Lionel Scaloni. Perdimos en tres frentes: individual, colectivo y táctico.

Por Juan Fanara
Argentina no supo pararse ante la adversidad y en el Mundial eso se paga.
No fue fiesta. No llegamos a tiempo y el desencanto se quedó para hacernos compañía. La selección argentina jugó todo lo mal que no había jugado en el ciclo de Lionel Scaloni. Perdimos en tres frentes: individual, colectivo y táctico.
El pizarrón del francés Renard tuvo misterios que no supimos resolver. Sin rebeldía y con una actitud pasiva dejamos jugar cómodo al rival. Arabia Saudita, sin desordenarse, aceptó con un libreto bien ensayado su rol de partenaire.
Confinado a la soledad, Messi sintió el peso del debut. Sus mosqueteros ausentes en cancha y juego lo expusieron sin darle alternativas. Lo sufre Lionel Messi y lo sufre el equipo. Esta realidad es más dura que la derrota misma, en el fútbol hay mañana y la selección tiene presente y futuro.
Trabajamos lo físico, lo táctico y nos deleitamos en ese análisis. Lo emocional y lo psicólogico pesan. Se nota y lo mostró Argentina. El peso del debut, la cucarda de candidato, la aparente fragilidad del rival jugaron el partido.
El fútbol es fútbol y el VAR no lo sabe. Lejos de terminar con la injusticia de los hombres, la tecnología hace lo suyo. Muy forzadas las posiciones adelantadas en dos goles también sacudieron la moral del equipo.
Con todos los atenuantes que se presentan, Argentina no supo pararse ante la adversidad y en un Mundial eso se paga caro.
El sábado hay revancha y la Selección tiene 72 horas para restañar heridas y avisarle a todos que está en Qatar 2022

