Cuadernos de las coimas

"Para la corporación empresaria estos hechos son devastadores"

Roberto Starke es licenciado en ciencias políticas por la Universidad del Salvador, master en sociología política por la Universidad Católica Argentina y master en política internacional por la Universidad de Georgetown.

Domingo 19 de Agosto de 2018

Roberto Starke no tiene dudas, y considera que para los empresarios argentinos los efectos del cuardenogate son devastadores y generan una crisis reputacional. En el plano político, está persuadido de que el gobierno ha errado en el rumbo económico por varios factores, pero cree que no todo está perdido para Mauricio Macri.

En una entrevista a fondo con La Capital, el reconocido sociólogo y consultor asegura que Cristina "es el único liderazgo del PJ" y que el resto "todo lo que hace es danzar alrededor de ella, quien se limita a presentarse como perseguida política. Está rodeada de cortesanos que viven ocupados con su salud política".

—¿Cómo explica que el gobierno no le haya encontrado el pulso a la economía y ahora esté inmerso en semejante crisis?

—Es consecuencia de varias cuestiones: un diagnóstico equivocado no solo del estado que encontraron la economía sino de las posibilidades para enderezarla. Relacionado con lo anterior, la idea de que "un buen equipo de hombres exitosos en el campo privado" y algunas medidas aisladas iban a modificar la confianza del país en el exterior y lloverían las inversiones. Y último: una sobreestimación de la capacidad para gobernar la Argentina. Una notable subestimación de la política.

—¿Qué debería hacer el presidente en lo inmediato para modificar este statu quo?

—Esta es una de las discusiones en el seno de Cambiemos. ¿Ampliar la coalición de gobierno o continuar como hasta ahora? Hasta hoy han optado por la segunda alternativa. En política, la prueba "ensayo-error" es el camino a transitar. No se trata de hacer planes que se cumplen al pie de la letra. Apostar a una alternativa y modificar conductas y decisiones sobre la marcha es la esencia de la política. El gobierno hoy está haciendo un poco más "política" que antes. ¿Qué quiero decir? Se percibe más negociación, más diálogo, más concesiones. No sé si esto es suficiente, pero en la medida que avance la negociación en torno al presupuesto y se profundice el diálogo con los gobernadores tendrá que hacer más "política", aunque les disguste.

—En una entrevista que hacíamos en 2016, usted decía: "El crédito para Macri no es infinito". Parece ser que no lo fue. Lo curioso es que en el medio Cambiemos ganó las elecciones.

—Después de las elecciones del año pasado el gobierno, más confiado que nunca, quiso testear su capacidad política con la reforma previsional y comprobó que el resultado electoral no necesariamente se refleja en poder político. A partir de ahí los inversores en general comenzaron a dudar de la capacidad de Macri de realizar reformas estructurales y, surgida la oportunidad internacional con la suba de tasas en EEUU, le dieron la espalda al gobierno. Aun así, Macri, pese a sus dificultades, no tiene aún rivales claros. Cristina es la única, pero con serias limitaciones para crecer electoralmente. Y en lo que hace al PJ, con solo mirar y leer las conclusiones de la reunión del consejo nacional uno puede concluir que su futuro es incierto. Hoy Cambiemos está solo en el escenario político.

—¿El peor dato es la falta de expectativas positivas de la sociedad, que hoy mayoritariamente dice que el año próximo estará peor?

—Aquí el gobierno tiene un problema serio. Los estudios cualitativos sobre segmentos que habían votado al presidente en el conurbano bonaerense nos muestran que hay una gran decepción con Macri y cierta pérdida de esperanza en el futuro. Estamos hablando de sectores que potencialmente lo puedan volver a votar pero que hoy lo juzgan muy negativamente. Esto pasa en general en todos los segmentos de las clases medias, tanto los más cercanos al gobierno nacional como los más alejados. Macri espera recuperarlos para principios del año que viene con una posible recuperación económica.

—¿Cómo impacta en la corporación empresaria este destape de las coimas, que nunca antes había sucedido con la secuela judicial?

—Para la corporación empresaria estos hechos son devastadores y generan una crisis reputacional en todo el mundo empresarial donde, aunque sean y se muestren transparentes, todos son vistos como "culpables". Coincidamos en que los empresarios nunca gozaron de buena imagen en la Argentina. Entre los perjuicios anticapitalistas, la imagen de que son avaros y buscan solo su propio interés a costa del interés general (excepto raras excepciones) nunca lograron penetrar positivamente en la opinión pública. En cuanto al gobierno nacional, tiene que tener un enfoque político de la situación porque si solo espera un desarrollo judicial puede encontrarse en un escenario de serias complicaciones económicas. La obra pública, actividad insignia de esta administración y motor de empleo, comienza a pararse, los bancos ponen más exigencias, los créditos empiezan a ser menos accesibles que hasta hace poco e incluso se habla de la posibilidad de quitarles las obras a empresas sospechadas. Un cóctel mortal que se mezcla con la coyuntura inflacionaria, el descontrol de los mercados internacionales y las condiciones que impone el FMI. En ese escenario el gobierno tiene más para perder que para ganar.

—¿Tiene chances y tiempo Macri de recuperarse y ser reelecto en primera vuelta?

—Por supuesto. Lo bueno de la política es que las oportunidades nunca se agotan. Y Macri es un hombre con suerte; es decir, en términos maquiavelianos lo acompaña la fortuna. Pero el futuro no se puede confiar solo a la fortuna, es necesario contar con el liderazgo para aprovecharla. En este caso todo depende de cómo se presenta el escenario económico para los sectores medios, qué grado de solidez tiene la coalición electoral y quién es el adversario o los adversarios. Hoy no hay nadie enfrente. Esas circunstancias son la que hay que intentar controlar para lograr una elección exitosa.

—¿Lo mejor que le pasa al gobierno es la inexistencia práctica de la oposición?

—Lo mejor y lo peor al mismo tiempo. Lo mejor, porque confía en que en este desierto tiene el triunfo asegurado. Lo peor, porque eso lo convierte en somnoliento. Lo mejor que tiene el gobierno hoy es que sus opositores carecen de discurso alternativo y de proyecto. Todo lo que hacen en danzar alrededor de Cristina, quien se limita a presentarse como perseguida política. Es la única líder política del PJ. Está rodeada de cortesanos que viven ocupados con su salud política. Es cierto también que es la única que tiene votos propios, y en un porcentaje importante. Para el gobierno es notablemente funcional. Su existencia le asegura que ese espacio no lo ocupe otro.

—¿La decepción puede terminar habilitando la aparición de un outsider?

—La decepción en lo político es una fuerza muy movilizadora. Muchos de los nuevos perfiles políticos en muchos países son producto de la decepción con el sistema. Argentina no es una excepción. Las sociedades están cansadas de los políticos tradicionales y la argentina es una de ellas; suelen sentirse atraídas por personas sin vínculos con el régimen político tradicional pero tampoco quiere decir que vayan en masa a votar por una celebrity (no confundamos los términos). No obstante son outsiders en imagen y discurso pero tienen que adaptarse a las reglas de la política y someterse a la lógica de una campaña: ganar votos no importa cómo. El resto es poesía.


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