Domingo 16 de Junio de 2019

Como aquel arquero de selección que recibió la frase de aliento en el momento preciso, y atajó el penal decisivo, Omar Perotti sueña con que la mayoría del pueblo de Santa Fe le susurre al oído: "hoy te convertís en héroe". Y resulte electo gobernador.

Con fortalezas y debilidades, el candidato del frente Juntos disfruta de un tiempo con los planetas alineados a su favor. Las elecciones provinciales en casi toda la Argentina marcan tendencia: cae el oficialismo nacional de Cambiemos y se fortalece el peronismo que se vuelve arrollador cuando consigue la unidad ampliada. A la vez, algunos partidos provinciales consiguen mantener su fortaleza, y sobrevivir a la creciente polarización nacional.

Con sus matices, Santa Fe no escapa a la tendencia nacional. Y no hay certeza sobre si la ola nacional del peronismo-kirchnerista conseguirá, o no, desbordar las resistencias que le opone el murallón defensivo del socialismo santafesino. Que tiene sus logros para mostrar, y la experiencia de doce años de gestión. Todos los ojos del país estarán puestos en la bota.

Los atributos de Perotti hay que buscarlos en su persistente vocación por llegar a la Casa Gris, un plan para conseguirlo, capacidad de negociación, flexibilidad, pragmatismo y paciencia. Y ese aire de moderación que, se presume, genera confianza en el electorado santafesino.

Perotti llegó al Senado nacional en 2015, se asoció a Miguel Pichetto, y tuvo por entonces una deficiente lectura de la política nacional. Se aplicó a la tesis de "ayudar a la gobernabilidad macrista", de igual modo que lo hizo su competidor de hoy, el gobernador Miguel Lifschitz. Sin embargo, cuando Cambiemos empezó a insinuar su caída, en 2017, Perotti miró mejor la brújula y recalculó. Comprendió que sin la escalera de cuatro escalones de base que le proporciona el voto cristinista en Santa Fe no podía soñar con saltar el muro. Y se asoció al mundo K de Santa Fe, para ganar. El resto, será mérito propio.

Eso sí, nunca imaginó que su eventual triunfo pudiera terminar siendo funcional a la estrategia de una fórmula Alberto F-Cristina, a nivel nacional.

Perotti trabajó la campaña en clave distrital, buscando eludir la referencia nacional. Contó para eso con una invalorable ayuda: su principal competidor, el socialismo santafesino, atravesado por la crisis permanente de la inseguridad en las calles rosarinas. Además, el PS —desde hace ya una larga década— continúa extraviado en su posicionamiento nacional, reduciendo su expectativa al desempeño local. El clivaje que rige a la Argentina desde 2003, centroizquierda-kirchnerismo por un lado, y centro derecha-macrismo por el otro, lo encuentra por lo general desorientado al PS. Al punto que terminaría apoyando la fórmula presidencial Roberto Lavagna- Juan Manuel Urtubey, un gobernador de origen peronista, muy cercano a Macri, conservador, clerical y antiabortista.

Tanto a Perotti como a su principal competidor no les falta capacidad de gestión, aunque las políticas económicas centrales para salir el pozo necesariamente se trazarán desde la Casa Rosada.

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