Rosario marchó en el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, en el marco del 50º aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Organismos de derechos humanos, agrupaciones políticas, sindicatos y organizaciones sociales desbordaron la plaza San Martín y se dirigieron al Monumento a la Bandera.
Tras la movilización que recorrió el centro de la ciudad y volvió a reunir a miles de personas en una de las convocatorias más significativas del calendario político y social, se leyó un documento consensuado.
Desde el inicio, el texto planteó una idea central: la memoria no solo como ejercicio del pasado, sino como herramienta para el presente y el futuro. “Un pueblo que olvida su historia la repetirá”, señalaron, al tiempo que reivindicaron a las generaciones que lucharon por “un país distinto”.
En ese sentido, destacaron que los derechos laborales, educativos y sociales fueron conquistados “tras enormes jornadas de lucha”, y advirtieron sobre retrocesos actuales, en particular en materia laboral y educativa.
El documento incluyó cuestionamientos directos al gobierno de Javier Milei, al que definieron como “un representante de la extrema derecha” y al que acusaron de impulsar políticas de ajuste, privatización y pérdida de soberanía.
Entre los puntos señalados, mencionaron la reforma laboral, la situación de jubilados, el estado de la educación y la salud pública, y la “entrega de bienes comunes”, como el río Paraná, recursos naturales y obras estratégicas. También denunciaron represión a la protesta social y vincularon el actual modelo económico con los intereses de los mismos sectores que respaldaron la última dictadura.
Juicio, castigo y rechazo al negacionismo
Otro eje central fue la defensa de las políticas de memoria, verdad y justicia. El documento reafirmó el reclamo de “juicio y castigo a todos los culpables” del terrorismo de Estado y advirtió sobre el avance de discursos negacionistas.
En ese marco, se mencionaron causas judiciales emblemáticas, como la del Villazo, y se cuestionaron recientes absoluciones.
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Además, se reivindicó el trabajo de organismos de derechos humanos y del Equipo Argentino de Antropología Forense, destacando su rol en la identificación de víctimas de la dictadura.
Los 30.000 y la memoria como presente
Uno de los pasajes más contundentes del documento giró en torno a la figura del desaparecido. “No es solo una categoría jurídica ni un capítulo del pasado: es una herida abierta en la historia de nuestro pueblo”, afirmaron.
En ese sentido, remarcaron que el terrorismo de Estado no solo buscó eliminar personas, sino también proyectos políticos y sociales. Frente a eso, destacaron la respuesta colectiva que convirtió el dolor en lucha.
El cierre del documento retomó el tono histórico de la jornada con una convocatoria a la organización y la movilización: “Las calles son de quienes luchan por un mundo más justo, más humano y más igualitario”.
En línea con esa idea, se llamó a construir unidad y a sostener las banderas de los 30.000 desaparecidos, en una continuidad entre pasado y presente.