Política

Las Madres de Rosario, historia de una lucha sin claudicaciones

A 40 años del golpe de Estado. Comenzaron a funcionar en 1977. Muchas veces se reunían de manera clandestina para eludir el feroz aparato represivo de la dictadura.

Jueves 24 de Marzo de 2016

Las Madres de la plaza 25 de Mayo escribieron una historia propia en Rosario construida desde el pie, sobre la base del dolor y la lucha de una treintena de mujeres que buscaban respuestas a las desapariciones forzadas de sus hijos. Es una historia todavía poco conocida, y muchas veces casi escondida a la sombra de las Madres de Buenos Aires, pero muy persistente y con características particulares que recién ahora comienzan a ver la luz de manera sistematizada.

“Las Madres de Rosario tuvieron una dinámica muy importante que a veces es difícil de ver por lo cerca que estamos de Buenos Aires. Pero era un grupo muy politizado con consignas bien claras, y que estaban muy formadas”, relató la historiadora local Marianela Scocco, que el próximo 12 de abril presentará su libro “El viento sigue soplando. Los orígenes de las Madres de plaza 25 de Mayo en Rosario” en la sede local de Amsafé.

Según la investigadora, el primer agrupamiento que se forma sobre finales de 1977 es Familiares de Desaparecidos, donde ya participaban algunas madres que se enteraban durante sus recorridas por los centros de detención que no eran las únicas que estaban buscando a sus hijos.

“El primer núcleo se forma de manera espontánea, se van conociendo en los lugares adonde iban a reclamar por sus familiares, sobre todo en la sede del Segundo Cuerpo del Ejército. Allí se empiezan a conocer y se dan cuenta de que eran muchas las familias que pasaban por lo mismo”, explicó Scocco, quien hace unos años participó junto a Eugenio Magliocca de la producción del video “Arderá la memoria”, una construcción colectiva del Grupo de Apoyo a las Madres.

Al principio, las Madres se juntaban en sus propias casas y cuando podían, impulsadas por su persistencia pero obligadas a mantener los encuentros en la clandestinidad. Hasta que a finales del año 1977 la Liga Argentina por los Derechos del Hombre les cede un local en cortada Ricardone 58, el primer lugar “formal” de reunión.

El feroz contexto político del momento, con el aparato represivo estatal en su pico de actividad, obligaba a que la comunicación fuera boca a boca y casi artesanal: “Las familias se iban enterando de lo que pasaba y las reuniones era autoconvocadas, hasta que en ese local se funda Familiares, cuyo primer presidente fue Fidel Toniolli”.

Con esa precaria pero solidaria estructura comienzan las primeras reuniones y actividades como colectas para juntar dinero con el objetivo de publicar solicitadas pidiendo por el paradero de sus hijos.

Scocco contó que la primera de esas solicitadas de Familiares salió en un diario de Buenos Aires ya que ninguno de los diarios rosarinos aceptó el pedido, una actitud que persistió casi hasta el final de la dictadura: “Hasta el año 1982 los diarios de Rosario no sacaron nada de los organismos”, puntualizó.

También en el año 1978 algunas de las madres rosarinas comenzaron a viajar a Buenos Aires para participar de las marchas que habían comenzado a hacerse en la capital del país. Entre esas madres estaban Nelma Jalil y Esperanza Labrador, mientras que otras –por motivos muy diferentes– decidieron no viajar.
La actividad de las Madres en Rosario recién comienza a visualizarse a finales de 1982, cuando el régimen militar entra en una crisis que sería terminal por el efecto combinado del desastre de Malvinas y la muy mala situación económica que atravesaba el país.

En ese momento los organismos hacen más visible su lucha, que empieza a abrirse camino y a trascender los límites de las familias afectadas para tímidamente instalarse como una problemática social más amplia.

Allí arranca una etapa muy difícil para los organismos, porque comienza a descubrirse el denominado “show del horror” a medida que se multiplican las denuncias y los testimonios sobre las desapariciones en masa y las torturas a las que habían sido sometidos los detenidos.

“Los organismos, cuyo reclamo fundacional era encontrar a sus familiares con vida, comienzan a aceptar que encontrarlos era cada vez más difícil. Por eso se incorpora el reclamo de justicia, aunque se seguía pidiendo la aparición con vida no sólo por convicción política sino también desde lo legal, ya que si se aceptaba que estaban muertos los crímenes podían prescribir”, aclaró Scocco.

Las que llevaban adelante la lucha a nivel local era un grupo de unas 10 madres, un número importante para Rosario, una ciudad donde el impacto de la represión no alcanzó los niveles demenciales de otras de escala parecida como La Plata o Córdoba.

Si bien la organización de Madres Rosario se fortaleció durante 1984, fue la marcha de marzo de 1985 la que marcó el nacimiento formal del organismo a modo de filial de la casa madre de Buenos Aires. Ese año, el grupo de mujeres participó de la movilización con pancartas y con los emblemáticos pañuelos blancos, y comenzaron a organizarse las rondas “rosarinas” en la plaza 25 de Mayo local.

También para esa fecha comenzaron a aflorar las diferencias con la Conadep, un organismo del cual al principio las Madres desconfiaban: “Las Madres de todo el país difieren con otros organismos respecto de la Conadep. Por esa razón las Madres de Rosario no participan de esa comisión”, explicó la investigadora.

Ellas son las primeras en marchar con las banderas de “Aparición con vida”, luego retomadas por el resto de los organismos, a lo que agregan la consigna de juicio y castigo. “Al pedido de verdad, se le suma el de justicia”.

Si bien Madres Rosario se formó en el 85 como una delegación de Madres Buenos Aires, el grupo local se manejaba con mucha autonomía desde el principio. “Las madres rosarinas ya realizaban actividades acá a partir de los '80 cuando la línea era que todo pasaba en Buenos Aires. Eran muy formadas y uno de sus objetivos era que la sociedad rosarina conociera lo que pasaba acá”, agrega Scocco.

En tiempo presente. La mayoría de las madres que conformaron el grupo inicial ya fallecieron, aunque otras siguen luchando y participando de las rondas de los jueves, como Norma Vermeulen, Chiche Massa y a veces Lidia Forestello.

Según la visión de Scocco, la ciudad reconoció “en parte” la lucha de estas mujeres, cuya actividad siempre se mantuvo más enmarcada en un círculo (amplio) de militantes que en la sociedad en sentido más general.

“Yo creo que en parte la ciudad reconoció la lucha, pero siempre dentro de un círculo militante. Hasta hoy la mayoría de la gente sólo sigue pensando en lo que pasa en Buenos Aires, algo que tiene que ver bastante con nuestra propia constitución histórica, porque Rosario siempre estuvo muy pendiente de lo que pasa allí”.

Otro dato sorprendente a primera vista es el escaso material de estudio que existe respecto de las Madres de Rosario: “La historia local de Madres fue muy poco estudiada. Para mí fue toda una sorpresa encontrarme con que no había casi nada hecho”, dijo Scocco, quien agregó que la construcción de la memoria a nivel local se hizo más en torno a Familiares que a las Madres propiamente.

Esto se explica en parte por un determinado contexto político, así como por los muy pocos recursos con los que ese grupo de mujeres contaron para llevar adelante su lucha: “Las Madres de Rosario nunca recibieron subsidios, de hecho por un tiempo tuvieron un local propio que tuvieron que dejar porque no lo podían sostener”, un hecho que ayuda a entender por qué no existe un archivo sistematizado de la tarea de los primeros años.

En ese sentido, la investigadora relata que para su libro tuvo que ir a buscar información “casa por casa”. “Es una historia poco conocida, en gran parte porque su trabajo fue clandestino. Se reunían de manera clandestina y tenían que tomar muchas precauciones. Mucho del material que usé lo saqué de los partes de la policía provincial, que hacía un seguimiento detallado de sus actividades”.

Las urgencias de las Madres pasaban por encontrar a sus hijos primero, y por lograr justicia después. La organización institucional vino claramente más tarde, de manera obvia en el marco de la historia que tuvieron que atravesar.

De todas formas, Scocco está  sorprendida de que en las últimas décadas no haya existido una preocupación por sistematizar esos archivos, ni siquiera durante los últimos años, cuando desde la Nación el acento puesto en los organismos de derechos humanos fue marcado.

“Es cierto que el Estado nacional se ocupó muchísimo del tema, pero siempre desde una visión muy porteña. Como en muchos otros aspectos, la historia argentina se cuenta sólo desde Buenos Aires”, argumentó.

 

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