Policiales

Un comerciante baleó a su esposa y se suicidó en su casa de La Florida

Fue durante una discusión. La mujer, de 45 años, recibió un tiro en la cabeza y quedó muy grave. Una hija de la pareja escuchó los disparos y encontró a sus padres inmóviles en el dormitorio.

Miércoles 26 de Enero de 2011

Ayer a la tarde los vecinos de un sector del barrio La Florida transmitían en sus rostros y en sus palabras estupor y sorpresa al mismo tiempo. Tenían los ojos clavados en una casa de Huerta Grande al 1200. En esa vivienda, un rato antes se había desatado una tragedia familiar. El dueño de casa, un comerciante de 50 años, se había quitado la vida después de dispararle un balazo en la cabeza a su esposa, una maestra de 45 años. La mujer sobrevivió, pero anoche agonizaba en el Hospital de Emergencias. La motivación del suceso, según contaron algunos vecinos, estaría relacionada con la conflictiva relación que mantenía desde hacía un tiempo el matrimonio.

Cerca de las 16.15 de ayer, dos detonaciones retumbaron en la vivienda de Huerta Grande 1284, entre Valentín Gómez y Carhué, una barriada de clase media situada a la altura de bulevar Rondeau al 3500. Allí vivía Juan Alberto Scolari, el propietario de una fábrica de soda de Baigorria 1140, que comercializa el producto con el nombre de Agua Rosario. La otra protagonista de la historia es María Alejandra Marcual, su esposa de 45 años.

El cuadro.Cuando Scolari abrió fuego con una pistola Bersa calibre 9 milímetros, la pareja no estaba sola en la propiedad. Agostina, la hija de 17 años del matrimonio, se estremeció al escuchar las estampidas en la planta alta de la casa. Estalló en una crisis de nervios y, desesperada, sólo atinó a llamar a la policía cuando distinguió la cruenta escena. El padre yacía sin vida en el dormitorio con un balazo en el parietal derecho. A su lado, la madre estaba tirada en el suelo. Un proyectil le había atravesado la frente y quedó alojado en la cabeza. Un rato después, una ambulancia del Sies la llevó al Hospital de Emergencias, donde anoche estaba internada en grave estado en la sala de terapia intensiva.

El comerciante vivió desde su infancia en La Florida y tenía, según contaron algunos vecinos, una posición económica floreciente. Era un aficionado a la caza y habitualmente cruzaba el río para capturar carpinchos en la isla. Tras su casamiento con María Alejandra, había levantado en la calle Huerta Grande una casa con ventanas enrejadas y paredes revestidas con lajas negras y marrones.

Al parecer, en los últimos tiempos, sus desavenencias con su mujer eran frecuentes, pero los conflictos no trascendían del umbral de la puerta. "A nosotros, la relación entre ellos nos parecía cordial", contó un muchacho sentado en la vereda de enfrente de los Scolari. Poco tiempo atrás, la pareja había realizado un viaje en un crucero para dejar de lado las diferencias, pero, al parecer, el intento fue infructuoso.

Cuando ayer a la tarde estalló la tragedia, los otros dos hijos del matrimonio, Juan Manuel, de 18 años, y Victoria, de 21, no estaban en la vivienda. Un rato después de que Scolari disparara, el muchacho llegó a la propiedad y se sorprendió cuando un policía no le permitió ingresar a la casa. Entonces le preguntó al uniformado lo que había ocurrido y la respuesta lo dejó tan aturdido como boquiabierto.

El drama. Cuando ya habían transcurrido quince minutos de las 16 de ayer, Juan y María Alejandra comenzaron una discusión, según una fuente policial, por motivos que no se precisaron. En medio de la disputa, el hombre abrió fuego cuando estaba a unos cincuenta centímetros de la mujer. Gatilló una pistola Bersa y un proyectil perforó la zona frontal izquierda de la mujer. Después jaló nuevamente el gatillo y se descerrajó un balazo en el parietal derecho. Su vida se apagó en el acto.

Cuando los efectivos de la comisaría 10ª y de la Sección Homicidios arribaron a la escena del suceso, se sorprendieron por las armas que había en la casa. Ante sus ojos aparecieron un fusil, una carabina, una escopeta y el arma que manipuló Scolari para balear a su esposa y quitarse la vida, la pistola Bersa. "Todavía no sabemos si las armas estaban registradas", comentó el comisario Hernán Brest, a cargo de la Inspección de Zona Nº2. Sin embargo, algunos vecinos comentaron que el hombre tal vez utilizaba las armas para cazar.

El dolor del barrio.Mientras esto ocurría, dos camionetas de la sodería Scolari estaban estacionadas cerca de la casa donde había ocurrido el trágico suceso. Uno de los vehículos estaba frente a la propiedad y el otro, a unos diez metros, sobre la calle Carhué, mezclados con los patrulleros. En la vereda, cercada por el vallado perimetral, algunos parientes lucían desconsolados y una mujer sollozaba. Cerca de ella, una anciana sentada en una silla increpaba a una movilera de un canal de televisión y le pedía que se fuera. Casi al mismo, otro familiar exclamaba "sin comentarios" cuando la periodista se acercó para conocer detalles del caso.

Un rato antes, un hombre cuarentón había llegado al lugar y recordaba la amistad entrañable que había mantenido con Scolari durante veinte años. "Me sorprendió lo que pasó. No tenía conductas violentas, aunque podía enojarse como cualquier persona. Fuimos muy amigos y los fines de semana compartíamos una cerveza mientras conversábamos en mi negocio que está en el barrio, pero no sabía que tuviera problemas con la mujer", comentó.

A un costado, los investigadores deslizaban que el caso estaba cerrado, pero, sin dudas, para los hijos de la familia no era así. El dolor incomensurable y las huellas del episodio marcarán sus vidas para siempre.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario