Un taxista y un centinela fueron los únicos testigos que ayer a la madrugada
presenciaron la fuga de tres internos de la cárcel de Rosario. Pocos minutos habían pasado de las 3
de la mañana cuando los reclusos, como si fuera una película, se descolgaron desde los techos
utilizando sábanas anudadas entre sí a modo de soga. Fue en la esquina de Riccheri y Zeballos,
lugar donde los esperaba un viejo Ford Sierra color rojo que se metió de contramano por la primera
de las calles y recogió a dos de ellos mientras el tercero huía a la carrera. Los vecinos dicen
haber escuchado detonaciones de armas de fuego, pero el alerta no impidió la fuga. Diez minutos más
tarde, tras una intensa persecución policial por el sur rosarino, en Garibaldi al 2600 el auto rojo
fue interceptado y dos de los evadidos recapturados. El otro seguía prófugo hasta anoche.
Enterado del episodio, el director del Servicio Penitenciario (SP) provincial,
Mariano Buffarini, ordenó la confección de un sumario interno sobre la decena de efectivos que
estaban trabajando en el turno durante el cual se produjo la llamativa evasión. El objetivo de la
pesquisa, que lleva adelante la división Asuntos Internos, es determinar las fallas en los
controles que facilitaron la fuga y si hubo algún grado de responsabilidad en esos empleados, ya
sea por omisión o desatención en su servicio o por haber sido "comprados" por los evadidos.
Ladrones pesados. Seguramente, a lo largo de sus 114 años de historia, la Unidad
3 fue escenario de innumerables fugas. Todas ellas con ricos detalles para la crónica policial. Y
la que llevaron a cabo tres internos de La Redonda ayer a la madrugada no se quedó atrás. Federico
Ricardo Rivero, de 27 años, alias Paio; Daniel Alberto Reinero, de 25, conocido como Lema; y Pedro
Ramón Verón, eran hasta las 3 de la madrugada parte de los 248 detenidos en la emblemática prisión
rosarina.
El trío, reconocido por los pesquisas como miembros de una de las dos bandas que
pelean por el control de la droga y los atracos en el barrio Las Flores, cumplían condenas de entre
6 y 12 años por robos calificados.
"Los tres detenidos limaron los barrotes del baño del pabellón 4. Así accedieron
a un patio interno descubierto que da a calle Riccheri y que es utilizado los sábados y domingos
para recibir a la visita. Desde ahí treparon al techo y se descolgaron por el viejo muro con
sábanas anudadas entre sí, a manera de cuerda. Así ganaron la calle y, según contó la policía, los
estaba esperando un auto rojo", explicó el director del Servicio Penitenciario.
De contramano. Una vez en la calle el trió de dividió casi al mismo tiempo que
por calle Riccheri un Ford Sierra color rojo se metía de contramano. En el auto iban cuatro
personas, entre ellas una muchacha de 19 años, pareja de uno de los prófugos. El Paio Rivero y Lema
Reinero subieron al Sierra y partieron a toda velocidad.
Al menos dos hombres presenciaron la fuga. Uno, el centinela de guardia en la
garita de Riccheri y Zeballos que, según la versión oficial, dio la voz de alto y realizó por lo
menos un disparo intimidatorio. Y el otro, un taxista que ocasionalmente pasó por el lugar y dio
aviso rápidamente al Comando Radioeléctrico, desde donde se alertó a todas las patrullas de la
ciudad. No habían pasado siete minutos de la fuga que ya la policía estaba buscando al Sierra rojo
con patente 051.
Encerrados.Así fue que en inmediaciones de Ovidio Lagos y 24 de Septiembre una
patrulla avistó al auto rojo con la patente descrita: UHE051. El conductor no lo dudó. Aceleró por
Lagos al sur y al llegar a Garibaldi dobló al este sumergiéndose en las entrañas de la villa que se
encajona contra las vías. A la altura del 2600 el auto se detuvo y los cuatro hombres que viajaban
en el asiento trasero bajaron y se internaron por los pasillos. En el vehículo quedaron Gabriel
Osvaldo B., de 37 años, y Claudia Matilde S., de 19, quienes fueron detenidos. En tanto, los
agentes se metieron en los senderos del asentamiento y apresaron en una precaria vivienda a los
otro cuatro.
Además de Paio y Lema, fueron apresados Pablo Manuel R., de 24 años y hermano de
Paio y Javier Hernán G., de 27, todos domiciliados en el barrio Las Flores. Ninguno de ellos tenía
armas y junto a la pareja que se quedó en el auto fueron trasladados a la comisaría 15ª donde
quedaron a disposición de la jueza Correccional Graciela Sedda. La magistrada ordenó que el sumario
policial correspondiente fuera instruido por la División Judiciales de la Unidad Regional II.
El que mejor partido sacó de la fuga fue Ramón Verón, quien huyó de la prisión a
pie y en solitario. Y hasta anoche continuaba prófugo.
Batahola
La historia de la fuga tuvo su rebote en la zona sur. Cuando los recapturados
fueron trasladados a la comisaría 15ª, una docena de sus familiares llegaron al lugar. Pero a media
mañana, cuando los muchachos eran llevados a la Jefatura la gente insultó a los policías y se
originó una batahola no exenta de puñetazos que terminó con magullados en ambos bandos.