Un grupo de empleados de la cocina de una pizzería de Eva Perón al 5500 quedaron
ayer en estado de sobresalto al ser testigos de la tragedia ocurrida a una compañera de 22 años: la
chica tomó un par de guantes de una estantería y rozó un revólver que, en apariencia, se precipitó
al piso y se disparó accidentalmente al caer. La bala percutada le dio en el tórax a la joven que
se desplomó ensangrentada. Cuando llegó una ambulancia de un servicio privado de emergencias se
constató que la empleada ya no vivía.
Todo ocurrió a las 20.30 del viernes en la cocina de la pizzería El Alero. Nadia
Picone se encontraba a esa hora junto a un compañero junto al mesón donde se amasan las pizzas
haciendo su trabajo. En un momento determinado, de acuerdo a relato de testigos y al acta policial,
Nadia procuró alcanzar una caja de madera en la que se guardan un par de guantes de goma. Al
hacerlo movió involuntariamente un revólver calibre 32 largo sin marca que el dueño del comercio
había dejado allí un momento antes.
La constancia policial señala que el arma cayó y se disparó. Alejandro Di
Lorenzo, un joven de 18 años que estaba trabajando junto a la joven, advirtió un estallido y al
darse vuelta notó que Nadia se tomaba el pecho. Frente a la evidencia de lo que ocurría llamaron a
la ambulancia del servicio 435111. Una médica de apellido Franchi constató al revisarla que la
muchacha había fallecido.
En el local había por lo menos seis personas que allí trabajan. Entre ellos
estaba el dueño, Juan Antonio Papurello, de 39 años, que intentó sin éxito reanimar a su empleada.
Al conocer el diagnóstico de la médica de la ambulancia Papurello sufrió una crisis nerviosa con
efecto cardíaco que obligó a su internación en el sanatorio Julio Corzo.
En libertad. El propietario estuvo inicialmente demorado con una imputación
penal. La jueza de Instrucción Mónica Lamperti dispuso ayer a la tarde su estado de libertad.
Los cinco empleados del sector de cocina y la esposa del propietario, que se
encontraban en el lugar, temblaron de estremecimiento frente a lo ocurrido. Cuando efectivos de la
comisaría 14ª llegaron al lugar empezaron a tomar testimonios. Alejandro Di Lorenzo, que estaba
junto a Nadia, comentó que un rato antes del trágico incidente el dueño del local dejó el arma en
la estantería sobre la mesa de trabajo.
Todo sugiere que se trató de un infortunio mayúsculo. El arma tenía en su tambor
cinco cartuchos intactos y una vaina servida. ¿Es posible que un revólver como ese se dispare sin
que se accione el gatillo en forma voluntaria?
La respuesta es afirmativa. Cuando se acciona el gatillo el percutor de un
revólver de este tipo va hacia atrás, vuelve hacia adelante, golpea el fulminante del culote y sale
el proyectil. Pero ese mecanismo puede igualmente activarse ante un golpe en determinados casos sin
pulsar el gatillo. Para ello es necesario que el arma esté montada, es decir, que el martillo esté
tirado hacia atrás.
El comisario inspector Hernán Brest, con jurisdicción en la zona del hecho,
señaló que aunque todo es motivo de investigación se presume que el arma estaba montada y que por
ello fue posible la salida del disparo sin gatillar.
La madre de la chica que fue víctima del dramático episodio trabaja en la misma
pizzería en horario matutino.