La zona de Valle Hermoso y Cruz Chica en villa La Cerámica arrastra historias violentas por
rencores que no se apagan. Los crímenes de Maximiliano Romero, de 23 años, y de Pablo Sánchez, de
16, ocurridos allí a fines del año pasado, fueron lo mismo que sacarle la espoleta a una granada.
Desde entonces las pulsaciones, como los tiros, van en aumento. Y casi un centenar de vecinos que
se sienten desoídos piden a las autoridades del Ministerio de Seguridad poner freno a esta
escalada: aducen que ni la policía ni la Justicia intervienen y que eso presagia seguras tragedias.
El 2 de noviembre pasado Maximiliano Alfredo Romero, de 23 años, estaba
en su casa de Pasaje 1 y Anchoris junto a un amigo cuando alguien golpeó a la puerta. El compañero
de Romero salió y fue retenido por uno de los dos muchachos que habían llegado al lugar. El otro
ingresó a la casa y, tras una breve discusión, baleó a Maximiliano, quien murió horas más tarde en
el hospital Centenario.
La venganza llegó el 19 de diciembre cuando Pablito Sánchez cayó bajo
las balas que le disparó uno de los ocupantes de una moto en la esquina de Cruz Chica y Valle
Hermoso. En la guardia del hospital Alberdi, donde intentaron revivir al menor, familiares de
Pablito acusaron a los hermanos Leonel y Darío Beron por el crimen y dijeron que eran allegados a
Maximiliano Romero.
Esos dos hechos alimentan hasta hoy la tensión en ese barrio del
noroeste rosarino. Por el crimen de Pablito Sánchez se produjo después la detención de los hermanos
Leonel y Darío Berón. Ambos quedaron sobreseídos por no tener, para el juez, relación con el hecho.
Pero aunque la Justicia los desvinculó del crimen de Pablito, los
Sánchez, según denuncian los Berón, buscan desde entonces vengar su muerte con acciones que generan
terror en el barrio, que impiden hacer su trabajo a muchos vecinos y pone sus vidas en peligro.
































