Damián Ferrón, uno de los jóvenes ejecutados en General Rodríguez, fue el nexo entre las otras dos
víctimas, Sebastián Forza y Leopoldo Bina, quien a su vez hacía las veces de custodio del
empresario al que se dirigen las miradas por sus presuntos vínculos con el narcotráfico.
Según revelaron hoy allegados a una de las familias de las víctimas, Ferrón y Bina se
conocieron en la adolescencia en el barrio Piedrabuena, de Villa Lugano.
Luego de algunos años sin verse, durante los cuales cada uno tomó un camino distinto, ambos
volvieron a encontrarse en un gimnasio y comenzaron a frecuentarse otra vez.
"A Damián le gustaba mucho la plata, vio que este chico (por Forza) tenía y se le nubló la
cabeza", dijo la fuente consultada.
Ferrón, representante comercial de una droguería, tenía contactos diarios con Forza, quien
-ahora se sabe- fue en algún momento investigado en una causa por tráfico ilegal de medicamentos
oncológicos y habría estado involucrado en la venta de efedrina, psicotrópicos y otros químicos
farmacéuticos.
Estos antecedentes podrían abonar la teoría de los investigadores sobre supuestos vínculos de
Forza con los narcos mexicanos detenidos hace un par de semanas en Escobar, donde se encontraron
innumerables elementos para fraccionar y "cocinar" drogas sintéticas.
Otro elemento que tienen en cuenta los investigadores es que a raíz de la deuda de más de un
millón de pesos que la sociedad de Forza tenía por la emisión de más de 600 cheques sin fondo, éste
comenzó a recibir amenazas, que fueron denunciadas.
El miedo de su esposa llevó a que comentara su problema delante de Ferrón, quien decidió
presentarle a Bina, un publicista que tenía portación legal de armas y su contextura física lo
beneficiaba para ser un custodio.
Así llegó el contacto entre los tres, alrededor de 15 días atrás, donde Forza puso al tanto
de la situación a las otras dos víctimas.






























