“Mataron a mi hijo de 15 años. Un chico bueno que jugaba a la play, a la pelota y era un pibe normal”. En marzo de 2021, Emanuel Verón se plantó llorando frente al Centro de Justicia Penal a reclamar por el crimen de su hijo Facundo, perseguido y asesinado un día antes por un gendarme con un tiro que le entró por la espalda y le salió por el pecho en barrio Saladillo. El mismo día que el hombre se acercó a la puerta de la Fiscalía a decir que la muerte del adolescente no había sido en un ataque de sicarios, un gendarme era detenido por el crimen y se secuestraban sus armas. Tres años después, Héctor Daniel Rivas llegó a un juicio oral bajo un pedido de 23 años de prisión como el autor del disparo.
El fiscal Adrián Spelta pidió 23 años de condena para Rivas como autor de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Fue en la primera jornada de un debate que arrancó este jueves ante los jueces Gonzalo López Quintana, Carlos Leiva y Lorena Aronne en el edificio de Sarmiento y Virasoro. El crimen fue el 7 de marzo de 2021 en Sánchez de Bustamante y Leiva, cerca de las 6 de la mañana, “cuando iba de la casa de su novia a la casa de la mamá”, contó poco después el padre de Facundo en una nota con este diario.
Según planteó el fiscal en su alegato de apertura del juicio, aquel día Facundo Verón y Alexis O. llegaron en una bicicleta hasta Buenos Aires al 5500, donde estaba estacionado el auto de Rivas, un Peugeot 208. “Cuando le rompieron el vidrio al auto se disparó la alarma y el gendarme salió a perseguirlos”, planteó el fiscal. Desde el vehículo en movimiento, indicó ante los jueces, les disparó sin puntería en Sánchez de Bustamante y Salvá.
En ese lugar los jóvenes dejaron la bicicleta para escapar corriendo en distintas direcciones. De acuerdo con el planteo de la acusación, Rivas salió tras Verón y lo alcanzó en Sánchez de Bustamante y Leiva, donde el chico se resguardaba entre los autos estacionados. El gendarme se bajó del auto, apuntó y le disparó por detrás. Finalmente recogió la vaina servida y se fue del lugar.
Facundo quedó tirado en la ochava. “Le dispararon por la espalda y la bala le perforó el corazón”, contó su papá. El crimen fue registrado por una cámara de vigilancia particular que, al día siguiente, permitió la detención del gendarme. En el allanamiento a su casa y en instalaciones de la fuerza federal la policía secuestró dos armas, una Beretta 9 milímetros y una Glock del mismo calibre, además de su Peugeot 208.
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“Vi el video, el gendarme dijo que Facundo le quiso robar el auto, pero mi hijo no sabía manejar. Nunca tuvo problemas con nadie. Los medios titularon que fue un ajuste de cuentas con perfil sicario, pero mi hijo no tenía amigos en ese palo”, dijo Emanuel al recibir a este diario en su casa con la mirada perdida en el piso, cubierto con una manta y arrastrando las palabras. “Cuando te matan a un hijo de esta manera tu vida queda vacía”, expresó.
Facundo vivía en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez con su mamá, Carolina, y sus hermanos pequeños. Se habían mudado a ese barrio luego de que Facundo cursara la primaria en una escuela de Echesortu. Para aportar a la economía familiar, el chico solía vender pañuelitos en la avenida Pellegrini.
En los primeros minutos de la investigación del crimen, la filmación de la cámara privada arrojó la patente del auto del gendarme. Así llegaron los policías a una casa de Buenos Aires al 5500, a metros de donde mataron al chico, donde vivía el uniformado que afronta el juicio por el caso. Su abogado, Julio Lovey, alegó que los jóvenes habían intentado robarle el auto a Rivas y dijo que la acusación no cuenta con la prueba necesaria para condenarlo, por lo que solicitó al tribunal la absolución por el beneficio de la duda.