La Administración Nacional de Aduanas salió ayer a decir oficialmente que los
625 kilos de cocaína secuestrados en Portugal, disimulados dentro de un cargamento de ajo que había
sido embarcado desde el puerto de Rosario, pudieron haber sido plantados en alguna estación
marítima de otro país. Para sostener dicha afirmación, el organismo encargado de controlar el
ingreso y egreso de personas y mercaderías pone el acento en los precintos que cerraban el
contenedor marcando las diferencias entre los utilizados oficialmente en Argentina y los usados en
otros países. La droga "podría haber sido contaminada fuera de Argentina y previo a su arribo al
país europeo", dice la Aduana.
En un comunicado de cuatro párrafos, el organismo de control sentó posición
sobre el operativo antinarcóticos realizado el domingo pasado en un puerto de Leixes, cercano a la
ciudad de Oporto, en Portugal. Allí, en el buque MSC Chelsea, que había zarpado el 4 de junio desde
el puerto de Rosario, los investigadores hallaron dentro de un contenedor con 22 toneladas de ajo
625 kilos de cocaína, valuados en 18 millones de euros.
La carga salió de Mendoza y llegó a Rosario a bordo de un camión el 23 de mayo
para ser embarcado 12 días después. La carga, según confirmó la misma Aduana, fue sometida a los
controles de rigor en la delegación rosarina del organismo.
Bajo control. En el primer párrafo de la nota difundida ayer, la repartición
nacional aseguró que la empresa exportadora de los ajos (Puente Blanco-Gispe SA) "está considerada
como una organización de reconocida trayectoria comercial y frecuente exportadora de los productos
involucrados a diversos destinos del Mercosur y Europa".
"Esa carga fue controlada por la Aduana y el Senasa, y al día de la fecha se
está investigando junto con la Justicia Federal de Rosario, en qué lugar pudo haber sido
introducido el estupefaciente, ya que el contenedor que trasladaba los ajos fue transportado fuera
del territorio argentino y permaneció más de 15 días en puertos extranjeros hasta su llegada a
Portugal", afirmó la Aduana desde su departamento de Prensa.
En ese orden, el organismo remarcó que al momento de producirse el hallazgo de
la droga entre los ajos, el contenedor "tenía un precinto que no era originario de la Aduana
Argentina, sino que era de origen desconocido, lo cual avala la hipótesis de que la carga lícita
podría haber sido contaminada fuera del país y previo a su arribo a Portugal".
Luego de destacar que entre los años 2006 y 2007, los operativos contra el
narcotráfico realizado por esa repartición "se incrementaron un 200 por ciento con relación a años
anteriores", la Aduana dijo con relación al caso de los ajos: "Fue la primera vez en los últimos
años que se tiene novedad de que existe posibilidad de que la droga haya llegado a Europa desde la
Argentina".
Sorpresa."Nos enteramos por los diarios. Fue una sorpresa. Llevamos 42 años
exportando ajos y nunca hemos tenido problemas. Esto nos cayó como un balde de agua fría". La
afirmación pertenece a José Spitalieri, titular de Gispe SA (la empresa mendocina productora del
ajo en cuestión) y vicepresidente de la Asociación de Productores, Empacadores y Exportadores de
Ajos, Cebollas y Afines de Mendoza (Asocam).
En declaraciones a medios mendocinos, el empresario contó que la carga fue
vendida en forma directa a uno de los hombres detenidos en España tras el hallazgo de la droga,
Francisco Javier Pérez Barja, quien se contactó con la empresa argentina por teléfono.
"Fue la primera y única vez que nos contactamos. Hizo el pago por adelantado
porque no es un cliente habitual. Después mandó un camión, se hicieron los controles
fitosanitarios, se precintó el contenedor y se mandó todo a Rosario", recordó Spitalieri.
Asimismo, el empresario agregó: "Es muy difícil abrir los precintos". Pero echó
un manto de duda sobre lo ocurrido en Rosario. Es que, según su conocimiento, "cuando un cargamento
precintado llega a puerto, esos dispositivos de seguridad de abren para realizar el control
aduanero de la mercadería y luego se vuelven a cerrar antes del embarque".
"En algún momento alguien hizo un trabajo que no es fácil. Abrir los precintos,
después las cajas, sacar tantos kilos de ajo como droga se ponía adentro. Es un trabajo que lleva
mucho tiempo ", sostuvo el empresario al canal 7 de Mendoza.
Spitalieri opinó que los narcos tal vez hayan elegido a su empresa "porque es
una marca reconocida. Habrán pensado que por eso no la controlarían. Para nosotros esto es una
amargura muy grande. Trabajamos todo el año, producimos y empaquetamos. Ahora nos ha tocado vivir
esto y vamos a ver cómo lo superamos".
No saben nada. En otro orden, el inspector Guillermo Duupin de la delegación de
la Policía Federal en Mendoza, dijo que hasta ayer esa fuerza no ha tomado intervención en el
asunto. "Eso no quita que venga alguna tarea para efectuar en los próximos días", advirtió el
uniformado.
Algo parecido ocurrió con Gendarmería de aquella provincia, donde el comandante
principal Paul Rivero explicó que "no se tiene información sobre el tema".