Priscila Denoya, acusada de instigar el crimen por encargo de su ex pareja, no obtuvo la detención domiciliaria que pidió su defensa y seguirá presa a la espera del juicio. La mujer de 31 años había reclamado el beneficio para cuidar a la hija de 3 años que tuvo con la víctima, el preparador físico Marcos Guenchul. Pero la jueza Carolina Hernández consideró que ese no es un motivo válido e indicó que el cuadro de evidencias que la incriminan no ha variado desde su arresto en diciembre.
El planteo había impulsado expectativas contrarias en las familias de la víctima y la acusada, que hablaron esta semana con La Capital. “Hace tres meses que mi nieta no ve a su madre, la extraña y retrocedió en su evolución”, dijo el papá de Priscila, Omar Denoya. “No hay motivos para que Priscila salga de la cárcel, la causa no ha variado”, respondió la mamá de Guenchul, Marcela Ontiveros, que a través de un juzgado de Familia logró retomar el contacto con su nieta Tiziana poco antes de la cuarentena.
Marcos Guenchul tenía 32 años y fue asesinado el 23 de julio de 2019 al salir del gimnasio donde trabajaba en la zona oeste. Un Peugeot 208 que lo esperó 40 minutos en la esquina de Mendoza y Sucre lo interceptó cuando iba a tomar un coche de la línea K para ir a la casa de su nueva novia. Entonces bajó el acompañante, lo encañonó, le quitó la mochila y tras obligarlo a caminar apuntándolo con un arma unos 30 metros le disparó. Por las cámaras que registraron el recorrido se llegó a detectar que ese auto era de la actual pareja de Denoya.
Priscila mantenía con Marcos un conflicto por las visitas a la hija que habían tenido y que, por orden judicial, iba a reencontrarse con su padre días después del crimen luego de ocho meses sin verse.
Acusaciones
Denoya fue imputada como instigadora de un crimen triplemente calificado por el vínculo, por promesa remuneratoria y por el concurso premeditado de dos o más personas. Su actual pareja, Santiago Caio Soso, también está preso como quien condujo su auto para llevar a la escena al sicario que contrataron. El tercer detenido es el supuesto tirador, Maximiliano Panero.
Denoya fue detenida en diciembre y en abril pidió la prisión domiciliaria pero la jueza Valeria Pedrana lo rechazó. Entonces el defensor Fausto Yrure apeló a la segunda instancia. Y en una audiencia por videoconferencia invocó el interés superior del niño porque la detenida está alejada de su hija Tiziana y además cuida en la cárcel de mujeres a una beba de siete meses que tuvo con Soso. Sostuvo que una última declaración de Soso, del 9 de marzo, benefició a la mujer y eso impacta en la apariencia de responsabilidad.
Nada nuevo
Luego de un intervalo para estudiar el caso, la jueza Hernández rechazó esos argumentos. Evaluó que esa nueva declaración de Soso, que por ser imputado no lo hace bajo promesa de decir la verdad, no conmueve los “elementos de convicción” que mantienen en prisión preventiva a Denoya. “La nueva narrativa formulada por Soso no puede ser evaluada de manera aislada, sino que cabe ponerla en el contexto integral de la investigación”, consideró.
En esa línea, señaló que no es indiferente el momento del proceso en el que Soso brindó esa segunda declaración: “No es lo mismo declarar en una audiencia imputativa inicial, de formulación de cargos, que después de conocida la evidencia con la que cuenta el acusador”. Para la camarista, no puede descartarse la posibilidad de una maniobra especulativa para mejorar su situación o la de Denoya, que es su pareja, madre de su hija “y eventualmente determinadora de la maniobra ilícita que se les endilga”.
La jueza indicó que recién al conocerse evidencia de que la pareja estuvo en la casa del presunto sicario en Villa Gobernador Gálvez es que Soso intentó explicar por qué fueron allí. “Pero lo cierto es que nada de todo esto fue dicho antes”, observó. Incluso subrayó una declaración reservada de la novia del sicario. La adolescente contó que Panero le dijo que tenía que ir a realizar “un maneje”. Y que en una oportunidad vio que la chica que estaba junto a Soso “le dio algo en la mano que pudo ser dinero, porque su novio luego volvió con droga que compró”.
A eso se suma la geolocalización de los celulares que situaron a Denoya, Soso y Panero en la casa de la pareja inmediatamente después del crimen “con una permanencia de 45 minutos”. Con esa evidencia ya conocida, según la jueza, la situación trata de ser explicada por Soso “con argumentos que no convencen y aparecen como ilógicos”.
Con este cuadro, aún en una etapa inicial, la jueza entendió que subsiste la peligrosidad procesal de la mujer sumado a que Soso se negó a la apertura de su celular, el que debió ser remitido a Brasil para abrirlo con un software específico para peritar su contenido. Una medida aún pendiente de respuesta que la Fiscalía de Homicidios espera para presentar su acusación.
La camarista tampoco convalidó que la detención domiciliaria de Denoya beneficie a su hija Tiziana, que vive con los abuelos maternos: “La detención domiciliaria está prevista en favor de los niños, niñas y adolescentes concebidos éstos como verdaderos sujetos de derechos y no como objeto de tutela por parte los adultos”. Advirtió que el interés del niño puede ser independiente de sus padres, y dijo que no puede soslayarse que Priscila está acusada de instigar el homicidio planificado del padre de Tiziana.
En cuanto a la otra hija de Priscila, una beba de 3 meses, consideró que “su situación no escapa a la de otras internas cuyos niños se encuentran alojados junto a ellas”. Sí entendió oportuno darle intervención a la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia para que supervisen la situación de las niñas y resolvió que, ante cada nueva petición, sea consultada la Asesoría de Menores en resguardo del interés de las nenas.