Un intento de robo o un ataque basado en rivalidades futbolísticas. Esas podrían
ser algunas de las motivaciones de la agresión a Cristian Gabriel De Giorgi, estudiante secundario
de 17 años que fue baleado la madrugada del domingo en una esquina de Arroyito.
Las dos teorías que le contaron los amigos del adolescente herido a su madre
tienen cierto sustento: uno de los compañeros de Cristian fue golpeado y asaltado y otro fue blanco
de una intimidación vinculada con la tradicional rivalidad entre los dos equipos de la ciudad.
"Central se planta, Newell’s corre", le gritó uno de los agresores antes de gatillarle varias
veces un arma de fuego. El pibe no corrió riesgo porque no salió ningún proyectil.
Cristian no tuvo la misma suerte. Recibió un balazo que le atravesó la región
lumbar cuando escapaba de los atacantes. El proyectil le perforó el bazo, un riñón y parte del
estómago. Anoche estaba internado, por tercer día, en coma farmacológico asistido con un
respirador. "Tuvieron que hacerle una cirugía reparadora de esos órganos", contó ayer a la tarde la
madre del adolescente, Marisa De Giorgi, en la sala de terapia intensiva del Hospital de
Emergencias.
Un oscuro incidente. Cristian cursa el tercer año en la escuela municipal de
danzas Nigelia Soria y vive en un Fonavi ubicado en Hipócrates al 4600, en zona sur. Es hincha de
Central y asiste habitualmente al Gigante de Arroyito para presenciar los partidos que disputa el
equipo auriazul. Otro de sus hábitos es ir a bailar con sus amigos y compañeros de la escuela a un
boliche de la zona del parque Alem. El sábado acudió a esa discoteca.
Cerca de las 5 del domingo, Cristian y sus amigos ya habían salido de la
discoteca y atravesaban la avenida Alberdi. Eran unos siete jóvenes que esperaban un colectivo de
la línea 107 que los llevaría a sus casas.
Cuando llegaron al cruce de la avenida con José Ingenieros fueron emboscados por
cuatro muchachos veinteañeros que llegaron en dos motos. Los recién llegados parecían muy
agresivos. Los pibes del grupo en el que estaba Cristian sólo atinaron a replegarse.
El móvil incierto. Los motociclistas, según le contaron a Marisa, actuaron con
crueldad. A un chico llamado Leonardo lo golpearon con ferocidad y lo despojaron de su ropa y del
poco dinero que tenía encima. Tuvieron que atenderlo en el Hospital Alberdi, pero ya le dieron el
alta. Por esa razón Cristian y sus amigos presumieron que estaban frente a asaltantes, pero un
gesto posterior de uno de los atacantes los desconcertó.
Fue cuando uno de los que estaban en el grupo agresor exclamó: "Central se
planta", Ñubel corre", mientras gatillaba un arma de fuego sobre la cabeza de uno de los
adolescentes. De milagro, no salió ningún proyectil. Los chicos creyeron entonces que estaban,
según Marisa, frente a hinchas canallas que los confundían con simpatizantes leprosos.
Ante la amenaza, Cristian y sus amigos escaparon corriendo. Los motociclistas
salieron tras ellos y abrieron fuego. Uno de los cuatro balazos que dispararon dio en el cuerpo de
Cristian. Los médicos le extrajeron un proyectil calibre 22. Ayer los médicos evaluaban realizarle
una "cirugía exploradora" en la zona de la herida.
Lo balearon en José Ingenieros y Alberdi el domingo al salir de bailar. Sin
rastro de sus agresores
Eduardo Caniglia
La Capital