Buenos Aires.— Uno de los cinco detenidos por la denominada masacre de Campana, fue liberado ayer. La jueza de Garantías 1 de Zárate-Campana, Graciela Cione, consideró que no hay en la causa elementos como para mantener a Osvaldo Cáceres detenido.

Buenos Aires.— Uno de los cinco detenidos por la denominada masacre de Campana, fue liberado ayer. La jueza de Garantías 1 de Zárate-Campana, Graciela Cione, consideró que no hay en la causa elementos como para mantener a Osvaldo Cáceres detenido.
Cáceres regresará a su casa, en Los Polvorines, la misma donde fue detenido. Está en el mismo terreno donde está la casa en la que vivía su medio hermano y principal acusado de la masacre, Angel Fernández; su hijo, Cristian y su esposa, Stella Maris, también apresados por el hecho.
La libertad de Cáceres se produce a dos días de ampliar su indagatoria ante el fiscal de la causa, Marcelo Pernici, ante quien incriminó a su hermanastro y su sobrino en el crimen de los cuatro integrantes de la familia Mansilla, cometido a fines del mes pasado.
El detenido le contó al fiscal que el mismo jueves 24 de julio cuando desaparecieron los Mansilla, vio a los Fernández y también al otro hombre detenido, Darío Vera, alias el sordo "bajar del auto de las víctimas los electrodomésticos robados en la casa de la familia".
El hombre aportó como detalle que los tres tenían colocados guantes de lana, quizás con la intención de no dejar huellas en la casa de las víctimas.
Siempre según el relato del defensor de Cáceres, su cliente también le dijo al fiscal Pernici que Angel Fernández "no cumplía con su prisión domiciliaria y lo veía salir de la casa, aunque no supo decir si para ello se quitaba o no la tobillera magnética".
Angel y Cristian Fernández, Darío Vera, Osvaldo Cáceres y Stella Maris Cáceres están acusados en la causa caratulada homicidio triplemente agravado por alevosía, ensañamiento y "criminis causa" de Marcelo Mansilla (41), su esposa Sandra Rabago (37) y sus hijos Agustín (12) y Milagros (8), quienes desaparecieron de su casa del Barrio Frino de José C. Paz. (Télam)




Por Gustavo Conti