La jueza Paula Álvarez dictaminó este viernes prisión preventiva efectiva por el plazo de seis meses al financista rosarino Luis Herrera y sus dos hijos, Ignacio y Diego por asociación ilícita, administración fraudulenta y estafa

El financista y sus dos hijos quedaron en prisión preventiva efectiva por el plazo de seis meses por asociación ilícita, administración fraudulenta y estafa
Por Claudio Berón
El financista fue uno de los presidentes del Rofex. Sostuvo que encontró un cisne negro económico.
La jueza Paula Álvarez dictaminó este viernes prisión preventiva efectiva por el plazo de seis meses al financista rosarino Luis Herrera y sus dos hijos, Ignacio y Diego por asociación ilícita, administración fraudulenta y estafa
El Fiscal Miguel Moreno les atribuyó haber formado parte de una asociación con permanencia en el tiempo, que comenzó a operar promediando el año 2017, destinada a planificar y cometer una pluralidad de delitos de manera organizada, junto a otras personas no individualizada.
En la segunda jornada de la audiencia imputativa que afrontó el financista rosarino Luis Herrera junto a sus hijos Diego e Ignacio, tocó el turno de la defensa llevada adelante por el penalista Gustavo Franceschetti. En ese marco, el abogado intentó dejar en claro la operatoria de los mercados en que se movía e invertía la agencia de Herrera y, entre otras cosas, los riesgos que se corrían como inversor con la operatoria y las complicaciones que se presentaron en la firma desde 2020, como corridas bancarias y la sorpresa de la pandemia por medio.
La jueza Paula Álvarez escuchó a la defensa atentamente pero mostró durante el transcurso del acto cierto fastidio por lo abundante de las explicaciones. "Atengámonos a los estricto de esta audiencia", dijo a los defensores en un momento.
El jueves, primer día de audiencia, se pasó a un cuarto intermedio para el viernes luego de siete horas de argumentos, el fiscal Miguel Moreno ventiló algunos datos de interés para los denunciantes, cerca de 400 que aportaron dinero a la firma que Herrera mantenía en paralelo a la agencia de bolsa "Fernández Soljan". Uno de los datos fue que desde la firma de Herrera se giraron al exterior cinco millones de dólares a sociedades radicadas en Florida, Houston, Texas y otros paraísos fiscales. Según Fiscalía, la idea era ocultar ese dinero del patrimonio familiar al momento de presentarse en convocatoria en 2021.
"Estas cuentas que tenía en el exterior no fueron informadas en el concurso de acreedores y tampoco se explicó la salida de esos fondos de su patrimonio", resaltó Moreno durante la audiencia, y aseguró que Luis Herrera “le mintió al juez del concurso y a la sindicatura”. La familia Herrera ya estaba imputada por estafa, administración fraudulenta y asociación ilícita. Tras fracasar dos veces en su intento por convocarse (sin nunca haber declarado esas cuentas y asegurando estar sin liquidez), la Justicia civil le declaró la quiebra.
Luis Herrera y sus hijos llegaron a las 8.30 del viernes a la sala del Centro de Justicia Pena.l Todos esposados y con una imagen alejada de los empresarios que hasta el 2020 captaban altas sumas de dinero con la promesa de altos intereses . A las 8.40, el policía a cargo les sacó las esposas y su defensor, Franceschetti, le informó a la jueza que "iban a demostrar que no hubo administración fraudulenta ni engaños al juez de la quiebra para ocultar esos presuntos fondos de 5 millones de dólares,”.
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Por otro lado, sostuvo: “Vamos a probar que no se ocultaron bienes ni se compraron propiedades con plata de los inversores. Todos hicieron las denuncias y todos pueden reclamar durante el proceso de quiebra. No hubo administración fraudulenta. El perjuicio que sufrieron quienes entregaron el dinero a Luis Herrera para que se los administrar es menor que el dinero que quedó en la quiebra. Acá no hay valijas llenas de dinero ni cuentas off shore, es más; los bienes cautelados superan el perjuicio”, dijo el penalista.
En cuanto a la prisión preventiva solicitada por el fiscal Moreno, el defensor señaló que “no hay riesgo procesal, hay domicilios fijos, arraigo y garantías. Lo que pasa es que Fiscalía trajo a este recinto hechos pasados para justificar la cautelar. El fiscal cree que hay un cofre lleno de dólares y cree que con la presión decir preso Herrera la va a entregar, pero ese cofre no existe, hay en curso una quiebra y ya está".
El penalista anunció que el propio Herrera tomaría la palabra, y así lo hizo. "Voy a contar quien fui, por que ya no soy. Fui cancelado social y comercialmente. Soy contador con máster hechos, fui funcionario de la Universidad Nacional de Rosario hasta 1983, cuando renuncié. Mi suegro, Paulino Fernández Soljan, tenía una acción de la Bolsa y yo inicié mi propia agencia. Fui presidente del Mercado a Futuro, lo que luego fue el Rofex. Ocupé distintos cargos en la Bolsa de Comercio de Rosario. Fui un profesional reconocido y respetado y siempre cumplí con mis compromisos y mis contratos con mi patrimonio, hasta en momento muy difíciles como en años 2002 y 2012”.
En el recinto presenciaban la audiencia cuatro perjudicados, una de ellas de 83 años contó: “Hace 50 años que opero con 'Fernández Soljan', la agencia del suegro de este sinvergüenza. Me quedaron adentro 70 mil dólares y a la familia de mi hermano 100 mil. Es más, a un sobrino que le dije que invirtiera ahí le tomó 20 mil dólares una semana antes de presentar quiebra. La oferta era una devolución mensual de entre el 1.2 y 1.4 por ciento en dólares”. Por lo bajo, comentaron que entre los inversores había también jueces y estudios de abogados muy conocidos que se fondeaban con Herrera.
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El defensor pidió la palabra y sostuvo que “quienes acudían a las oficinas de Herrera -en el cuarto piso del Palacio Minetti, en Córdoba al 1400- podían invertir en dos empresas: "Paulino Fernández Soljan Agencia de Bolsa" o una sociedad de servicios financieros que se ocupaba de invertir en mercados a futuro y opciones, en las que las operaciones era distintas. En la primera se actúa como en un banco, hay que abrir cuentas, tener dinero a nombre propio y justificarlo fiscalmente. En la segunda, el dinero se entrega a Herrera para que lo administre y la empresa informa regularmente las inversiones y entrega los dividendos (como si se asociaran a las inversiones). Por eso no entra acá el concepto de estafa. Pudo haber habido un problema y eso forma parte de la quiebra”.
Como en un escenario, Franceschetti le daba la entrada a Herrera, quien con una birome negra que usaba como una varita mágica, explicaba a la ya hastiada jueza los riesgos y las formas en que se trabaja en los mercados de futuros internacionalmente. "Hice derivados y planes de administración de riesgos para empresas muy importantes y por eso los inversores confiaron en mi. Operé en futuros y opciones y siempre cumplí", dijo, a lo que su abogado acotó: "Cada uno sabía cómo y en que invertía, o en la agencia 'Fernández Soljan' o en la otra, eso se aclaraba desde un principio".
Mientras Herrera y su abogado defendían la posición, los damnificados se miraban entre sí, se mordían los labios y movían la cabeza indignados. Dos se movilizan con bastones y otro de ellos es un hombre enfermo que usaba ese dinero para paliar su mal crónico.
Luego de largas parrafadas y tras dos reconvenciones de la jueza para lograr sintetizar los argumentos, Herrera insistió y justificó: “Dos hechos atentaron contra mi patrimonio: las dificultades por todos conocidas que significó la pandemia, un cisne negro, y una corrida en la que los inversores quisieron retirar su dinero. Honré con mi patrimonio lo que pude, pero soy un ser humano.” y acotó que el dinero fue usada para pagar las deudas. Tras esto, la defensa leyó una serie de denuncias realizadas por los perjudicados: "Sabíamos que daba cerca de un 2 por ciento mensual y que invertía en futuros y opciones. Así lo pactamos", consta en la denuncia de Felisa B. Esta denuncia dio paso a que otro de los defensores tomara jurisprudencia internacional y sostuviera que "los aportantes sabían las condiciones y el riesgo del contrato firmado", lo que nuevamente generó una sonrisa irónica entre los cuatro o cinco perjudicados, quienes esperan recuperar el dinero.


Por Facundo Borrego
