"¡Corré! ¡Hijo corré a la comisaría!", fue lo último que alcanzó a decirle Alicia Beatriz Bravo a su hijo de 19 años, un chico con un retraso madurativo que obedeció sin dudar, mientas un asaltante apuñalaba a la mujer en una parada de colectivos del barrio 7 de Septiembre. Alicia murió pocos minutos después en un hospital y por el ataque fue detenido, cuando dormía en su casa, un joven conocido como "Marianito", que ya había cometido varios robos en la misma esquina. El acusado, de 21 años, fue condenado a 13 años de prisión por el crimen y otros tres delitos en un juicio abreviado donde aceptó la pena.
El acuerdo se cerró ayer entre el fiscal Florentino Malaponte y el defensor particular José Ferrara ante la jueza Hebe Marcogliese. Mariano Yucanovich, un joven con estudios secundarios incompletos y de ocupación albañil, fue considerado responsable del homicidio en ocasión de robo de Bravo, de un intento de robo previo en la misma esquina, de un delito de daño y un robo simple en grado de tentativa. La Fiscalía modificó la calificación legal original, que era homicidio críminis causa, un delito que supone matar para consumar un robo o dejarlo impune y que se pena con prisión perpetua.
La razón de ese cambio quedó explicada en el texto del acuerdo. Allí se expresa que el único testigo de lo ocurrido es Daniel, el hijo de la víctima, un joven que tiene una capacidad intelectual levemente inferior a la normal y se expresa en forma precaria por un retraso fonativo. No se aceptó que le tomaran una declaración en Cámara Gesell y por lo tanto, de llegar la causa a juicio, el muchacho debería haber declarado ante el tribunal y el público.
El fiscal evaluó que de ese testimonio podría no surgir con claridad la imputación más grave que se había formulado en la primera audiencia imputativa. Para eso se debería haber probado que la muerte se concretó para garantizar impunidad. En cambio, el acuerdo considera que la muerte de Bravo pudo darse "como consecuencia de la propia violencia del robo". Lo que encuadra en la figura más leve que finalmente fue aplicada al caso.
Mañana de invierno
El 6 de junio de 2015 Alicia Beatriz Bravo, de 53 años, y su hijo Daniel, caminaron desde su casa en el barrio Hostal del Sol, en la zona noroeste, hasta la esquina de Colombres y Ayala Gauna. A la mujer le decían Kitty, tenía seis hijos y justo ese día no tuvo que ir a trabajar. Estaba muy preocupada por la seguridad del más chico, que trabajaba en una panadería y a quien lo habían asaltado días antes. Esa madrugada se levantó a las 4 para acompañarlo 600 metros hasta la parada del 115. Cuando llegaron, pasadas las 5 y a sólo 100 metros de la subcomisaría 21ª, un joven se acercó a Daniel para robarle, pero su madre lo disuadió.
El ladrón entonces caminó unos metros hasta Ayala Gauna y Sánchez de Loria donde le robó 55 pesos con un arma blanca a un repartidor de diarios que no se resistió y se fue del lugar en su chata. El agresor regresó a la parada de colectivos y golpeó a Daniel. "No me dio tiempo a nada porque empezó a pegarme. Me pegaba patadas en el piso. Mi mamá se metió para defenderme", contó el muchacho. Cuando la mujer se interpuso el atacante le provocó cinco heridas: una en el hombro derecho, otra debajo de la anterior, una de dos centímetros en el costado izquierdo del tórax, otra puntiforme en el mismo lugar y una más en la mama izquierda. Dos le afectaron el pulmón izquierdo y el corazón.
"Ella me gritó que fuera a la comisaría y el pibe se fue para el barrio Emaús", dijo el hijo de la víctima, quien corrió hasta las puertas de la sub 21ª y contó lo que pasaba. La mujer murió tras ser trasladada al Hospital Alberdi.
Marianito
Por la mañana, cuando el jefe de la comisaría escuchó delante del fiscal la descripción del agresor como un joven "morocho, delgado, de pelo corto y un metro sesenta", pensó en un sospechoso: "Marianito". Lo detuvieron en la casa donde alquilaba una habitación, en José Ingenieros al 7600. El dueño contó que su inquilino había llegado "corriendo" esa madrugada, a las 5.30, es decir diez minutos después del hecho. Llevaba una remera como la que vestía el homicida, manchada con sangre. También había sangre en el piso y en un camisa. Le secuestraron además 66 pesos que sería dinero robado al repartidor y se determinó que esa noche no lo habían dejado entrar a una fiesta porque estaba "violento y tenía una faca". A eso se sumó una prueba decisiva que fue el reconocimento en rueda de personas por parte del hijo de la mujer asesinada.
Los otros asaltos por los que fue condenado son un incidente del 12 de marzo de 2015 a la 1.45 frente al local de Martínez Estrada y Tarragona, donde causó el estallido de un vidrio. Y el 11 de abril al mediodía intentó apoderarse del portafolios de Hugo A. en la misma esquina donde murió Bravo pero no pudo lograrlo por la resistencia de la víctima.
en la garita. La esquina donde fueron atacados Alicia Bravo y su hijo está a 100 metros de la subcomisaría 21ª.
El violento ataque fue a las 5 de la mañana del 6 de junio de 2015. El homicida antes había asaltado a un diariero