Policiales

Le dan 14 años de cárcel por matar al hombre con quien compartía la casilla

Un hombre de 57 años en situación de calle acusado de matar a un compañero con quien compartía una precaria casilla en El Mangrullo, y luego arrojarlo al río, fue condenado a 14 años de prisión.

Jueves 29 de Noviembre de 2018

Un hombre de 57 años en situación de calle acusado de matar a un compañero con quien compartía una precaria casilla en El Mangrullo, y luego arrojarlo al río, fue condenado a 14 años de prisión. Sobre el contexto del caso, los jueces remarcaron "el impacto en las conductas y reacciones que pueden asumir quienes están sometidos a estas extremas condiciones".

Con la condena a Guillermo Muñoz ayer terminó un juicio oral que ventiló un caso que nada tiene que ver con la criminalidad en términos de delincuencia sino más bien con las "impiadosas leyes de la calle", según describió el Tribunal.

Se trata de un hecho ocurrido el 9 de noviembre de 2016 por el cual Muñoz fue acusado de matar a golpes a Juan Riutort, de 65 años, en la casilla que compartían en Mangrullo al 4800, cerca del Club de Pescadores de Saladillo Sur, sobre el río Paraná.

Ante el Tribunal conformado por los jueces Carlos Leiva, Mariano Alliau y Gustavo Pérez Urrechu, el fiscal de Homicidios Luis Schiappa Pietra expuso pruebas para sostener que el imputado mató a golpes a la víctima y lo tiró al río. Por eso en el alegato de apertura pidió 20 años de prisión por homicidio simple, argumentando la mecánica del hecho y el padecimiento que llevó a Riutort a la muerte. Hizo foco en el desamparo de la víctima y del acusado porque, a su entender, eso explica un crimen que desde los primeros minutos la policía adjudicó a una pelea de borrachos: "La indigencia fue el móvil", justificó.

En la calle

Riutort y Muñoz vivían en situación de calle. El primero solía dormir frente a Tribunales o en hospitales. "Cuidaba autos y era parte de un grupo de personas al que Muñoz fue el último en sumarse. Juan cobraba una jubilación y Muñoz se aprovechaba de eso: muchos lo veían como una persona violenta", recalcó el fiscal.

El defensor público Juan Pablo Nardín pidió la absolución tras poner en duda la presencia del acusado en la escena del crimen.

Luego de tres jornadas, ayer culminó el juicio con la lectura de la sentencia ante un nutrido grupo de familiares de la víctima y sillas vacías en el sector asignado para los allegados del acusado. El juez Alliau leyó la parte resolutiva del fallo y desgranó un anticipo de los fundamentos. Tras evaluar las pruebas volcadas en el debate, el Tribunal concluyó que la víctima "muerta o agonizante fue arrastrada hasta la orilla del río, que no murió por sumersión sino por los golpes recibidos y fue arrojada por un tercero". Además describió que "los rastros de sangre hallados en la casilla son compatibles con la de la víctima".

Sobre la autoría del hecho, Alliau expuso: "Sería lógico pensar que esa misma persona en forma solitaria o acompañada le dio muerte de forma violenta e intentó cubrir los rastros de sangre. Y la última persona que lo vio con vida es una testigo, que justamente lo vio con el imputado en ese lugar". El juez recordó que la policía halló a Muñoz en la casilla al día siguiente del hallazgo del cuerpo.

Al respecto abundó que, al ser detenido, "lejos de mostrar preocupación o curiosidad por la suerte de su compañero ausente, como haría cualquier inocente, adoptó una posición desafiante. Haberse quedado en la misma finca se relaciona más con la maniobra para ocultar los rastros que un indicativo de inocencia".

Al detallar el móvil, Alliau citó el testimonio de la hermana de Riutort. La mujer señaló que tres días antes Juan le dijo: "Con Guillermo está todo mal".

Condiciones

Según el Tribunal, no puede perderse de vista el contexto social. "Se demostró que se trata de personas con alta vulnerabilidad, por la precariedad de los medios materiales como también los peligros que casi a diario debían sortear para lograr la subsistencia que toda situación de calle supone. Esto impacta en las conductas y en particular en las reacciones que pueden asumir quienes están sometidos a estas extremas condiciones, por el aditamento implacable del alcoholismo", refirió Alliau.

"Éstas eran las condiciones en el día a día de Riutort y Muñoz. Quienes compartían ese estilo de vida con ellos relataron las impiadosas leyes de la calle", resumió el juez. Para el Tribunal, se mostraron "datos objetivos de lo que pudo haber ocurrido considerando la personalidad de Muñoz" que, según las pruebas, "estuvo con la víctima la última noche que se lo vio vivo".


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